*Alguien como tú
/ Gladys Pérez Maldonado /
Cada 12 de junio se conmemora el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, una fecha instaurada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 2002 para visibilizar una de las violaciones más persistentes a los derechos humanos de niñas, niños y adolescentes. Aunque el mundo ha logrado avances importantes, la realidad demuestra que millones de menores siguen viendo sustituida su infancia por jornadas laborales, riesgos físicos y oportunidades truncadas.
Las cifras son tan contundentes como preocupantes. De acuerdo con las estimaciones más recientes de la OIT y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en 2024 alrededor de 138 millones de niñas y niños se encontraban en situación de trabajo infantil en el mundo, de los cuales 54 millones realizaban actividades peligrosas que ponen en riesgo su salud, seguridad e incluso su vida. Aunque esta cifra representa una reducción significativa respecto a los 246 millones registrados en el año 2000, el progreso sigue siendo insuficiente para alcanzar el objetivo global de erradicar esta práctica.
Detrás de cada número existe una historia. Son niños que deberían estar en las aulas, jugando, aprendiendo y construyendo proyectos de vida, pero que en cambio trabajan en campos agrícolas, mercados, talleres, minas o realizando labores domésticas extenuantes. La agricultura continúa siendo el sector donde se concentra el mayor porcentaje del trabajo infantil, con aproximadamente el 61 % de los casos a nivel mundial de acuerdo a datos de Naciones Unidas.
La pobreza sigue siendo una de las principales causas de este fenómeno. Cuando los ingresos familiares son insuficientes, los menores suelen convertirse en una fuente adicional de sustento. Sin embargo, esta aparente solución perpetúa el círculo de la desigualdad, esto es, quienes trabajan desde temprana edad tienen mayores probabilidades de abandonar la escuela, acceder a empleos precarios en la adultez y reproducir las mismas condiciones de vulnerabilidad que enfrentaron sus padres.
México no es ajeno a esta problemática. Información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestran que en 2022 aproximadamente 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años se encontraban en condición de trabajo infantil, lo que representa el 13.1 % de la población en ese rango de edad. La mayoría son varones, aunque las niñas enfrentan formas menos visibles de explotación relacionadas con el trabajo doméstico y de cuidados.
Particularmente alarmante es que una proporción importante de estos menores desarrolla actividades consideradas peligrosas o prohibidas por la legislación. Muchos laboran en el sector agropecuario, donde están expuestos a maquinaria, productos químicos y largas jornadas bajo condiciones adversas. Además, cerca de tres de cada diez niñas, niños y adolescentes en situación de trabajo infantil no asisten a la escuela, lo que compromete seriamente sus posibilidades de desarrollo futuro.
Erradicar el trabajo infantil no depende únicamente de prohibiciones legales. Requiere políticas públicas integrales que garanticen educación de calidad, protección social efectiva, empleos dignos para los adultos y sistemas de vigilancia que detecten y sancionen la explotación infantil. También demanda la participación activa de empresas, comunidades y consumidores para asegurar que las cadenas de producción estén libres de trabajo infantil.
El Día Mundial contra el Trabajo Infantil debe ser mucho más que una efeméride. Debe ser un recordatorio de que ninguna sociedad puede considerarse verdaderamente justa mientras millones de niños cambien los cuadernos por herramientas de trabajo. Cada infancia perdida representa un fracaso colectivo y una oportunidad desperdiciada para construir un futuro más equitativo.
La verdadera medida del desarrollo de una nación no se encuentra únicamente en sus indicadores económicos, sino en su capacidad para proteger a quienes más dependen de ella. Garantizar que cada niña y cada niño puedan estudiar, jugar y crecer en condiciones de dignidad no es un acto de caridad; es una obligación ética, jurídica y social que no admite demora…


