El derrame petrolero en la refinería Olmeca, otro tesoro perdido en la 4-T.

NEMESIS

/ Fernando Meraz Mejorado /

Pemex anunció ayer que ha rescatado tres mil 453 barriles de crudo, ese líquido negro que se escapó como una herida abierta del cuerpo de la Refinería Olmeca, hacia el río Seco en Paraíso, Tabasco – un cauce que alguna vez corrió como la sangre misma de la tierra.

Son 549 mil litros de petróleo – 2 mil 745 tambos de 200 litros cada uno – vertidos como una maldición directa entre las riberas verdes, donde antes el agua cantaba con los juncos y los peces trazaban sus caminos invisibles. Pero estas cifras son apenas la corteza visible de un árbol de daño que tiene sus raíces en lo profundo del suelo ecológico, en la humedad de los pantanos y la salinidad del mar.
***
El verdadero rostro de esta desgracia no se leerá en columnas de números ni en informes oficiales: se leerá en el silencio del manglar que ya no aloja a las aves migratorias, en la huella vacía de los caimanes que huyeron de sus esteros, en el susurro roto de esos paisajes – entre los más ricos y variados de Tabasco, Veracruz, Tamaulipas y Campeche – que ahora llevan el peso oscuro de lo derramado sobre su piel verde y azul. Quizás nunca lo conoceremos del todo, porque la naturaleza guarda sus heridas con una ternura silenciosa que no entrega sus secretos fácilmente.
***
Mientras tanto, los obreros de la paraestatal trabajan bajo el sol y la bruma salada como hombres que intentan tapar el sol con un dedo: en la planta, en la dársena y canales de navegación de Dos Bocas han erigido más de 50 barreras marinas y mil cordones oleofílicos, como redes frágiles tejidas con esperanza contra un mar de desastre que ya se ha extendido más allá de sus manos.
***
El daño ya pulula en la tierra y el agua, se cuela en los sedimentos del fondo y sube por los tallos de las plantas para dejar su sabor amargo en todo lo que toca. Los expertos recuerdan con voz grave que en estos casos, sólo entre cinco y veinte por ciento del crudo es recuperable – lo que habla de un volumen real que se ha extendido como una sombra mayor a la que nos cuentan, como un secreto que el río y el mar guardan en sus entrañas.
***
Organizaciones ambientales confirman que la mancha ha recorrido 637 kilómetros de la costa del Golfo de México, dibujando una línea negra sobre el mapa de nuestro patrimonio natural. Es un espectáculo fúnebre e increíble: el chapopote que avanza, paso a paso como monstruo del averno, devorando las aguas azules y frágiles que alguna vez fueron el suspiro del mar, que bebían las tierras y daban vida a millones de seres que nunca pidieron estar en el camino de este río negro, que ha cubierto de luto por la irresponsabilidad de quienes por hacer fortuna rompen el frágil muro que natura tiene en en esos cofres naturales llamados
–oOo–

Enviado desde mi Huawei de Telcel.