*Astrolabio Político.
/ Por: Luis Ramírez Baqueiro /
“Con las palabras gobernamos a los hombres”. – Benjamin Disraeli.
A casi un año de que arranque formalmente la carrera por la sucesión gubernamental en Veracruz, una realidad comienza a imponerse sobre cualquier especulación: Movimiento Ciudadano sigue siendo un actor con capacidad para alterar la competencia política. Quienes daban por disminuida la influencia de su fundador, Dante Alfonso Delgado Rannauro, a partir de las versiones sobre su estado de salud, parecen haber pasado por alto que el verdadero capital del cordobés nunca ha descansado únicamente en su presencia pública, sino en la estructura política que construyó durante décadas. Su capacidad de operación, directa o indirecta, continúa siendo un factor que nadie en Veracruz puede darse el lujo de ignorar.
Paradójicamente, los nombres que con mayor frecuencia aparecen en la conversación pública como eventuales abanderados naranjas ni siquiera pertenecen a la militancia formal de Movimiento Ciudadano. Esa circunstancia habla tanto de la flexibilidad estratégica del partido como de las limitaciones que enfrenta para consolidar cuadros propios con suficiente competitividad electoral.
En esa lista ha figurado el senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara. Sus críticos dentro de Morena sostienen que durante el pasado proceso electoral mantuvo una conducta que benefició electoralmente a candidatos de Movimiento Ciudadano, particularmente en Poza Rica, alimentando la percepción de una abierta distancia respecto de la dirigencia morenista y del gobierno encabezado por Rocío Nahle García. Esa lectura política, más allá de las explicaciones que el propio legislador pueda ofrecer, continúa persiguiéndolo y ha provocado que muchos lo identifiquen más como un operador funcional a los intereses de MC que como un cuadro plenamente alineado con el proyecto político que lo llevó al Senado.
Otro nombre recurrente ha sido el del exsenador priista José Francisco Yunes Zorrilla. Su cercanía política con Américo Zúñiga Martínez y las versiones sobre la construcción de nuevos frentes opositores alimentaron durante meses las especulaciones respecto de un eventual acercamiento con Movimiento Ciudadano. Sin embargo, el paso del tiempo parece haber enfriado ese escenario. Como ocurre con frecuencia en la política veracruzana, muchos proyectos terminan desinflándose antes de alcanzar velocidad de crucero, mientras sus promotores intentan mantener viva una narrativa que ya no encuentra el mismo eco de otros tiempos.
Quien sí ha sido contundente es José Manuel del Río Virgen, con quién este reportero intercambio puntos de vista al respecto. El experimentado político, exalcalde de Tecolutla, exdiputado federal y actual responsable de la Dirección de Control Interno y Evaluación Técnica en la Auditoría Superior de la Federación, ha descartado públicamente cualquier aspiración a la gubernatura. Después del proceso judicial que enfrentó durante la administración de Cuitláhuac García Jiménez —del que finalmente obtuvo su libertad—, Del Río Virgen parece decidido a cerrar su trayectoria pública concentrado en las tareas de fiscalización y fortalecimiento institucional. A sus 72 años, ha dejado claro que no pretende abordar embarcaciones destinadas a naufragar ni alimentar aspiraciones construidas más desde el deseo ajeno que desde su propia voluntad.
Con ese escenario, Movimiento Ciudadano enfrenta un dilema evidente: encontrar un perfil competitivo sin depender permanentemente de figuras externas. Si las alternativas continúan reduciéndose, no sería extraño que termine apostando por Sergio Gil Rullán, uno de los pocos cuadros propios con presencia estatal y conocimiento de la estructura partidista.
Mientras tanto, la oposición también perfila sus propias cartas. Todo apunta a que, de una u otra forma, al menos dos integrantes del grupo político identificado con el apellido Yunes volverán a figurar en las boletas electorales, manteniendo vigente una disputa que ha marcado buena parte de la política veracruzana durante las últimas dos décadas.
El 2027 será, sin duda, la prueba más exigente para Movimiento Ciudadano en Veracruz. El partido ha enfrentado señalamientos públicos y cuestionamientos por las candidaturas que ha postulado en distintas entidades del país, así como por presuntos vínculos de algunos de sus integrantes con grupos delictivos; acusaciones que han generado debate político y cobertura mediática, aunque deben analizarse caso por caso y conforme a las investigaciones y resoluciones de las autoridades competentes. En política, la percepción pesa, pero no sustituye a la prueba.
La verdadera incógnita no es si Movimiento Ciudadano competirá con fuerza. La pregunta de fondo es si logrará convencer al electorado de que representa una alternativa distinta o si terminará siendo únicamente el vehículo electoral de personajes provenientes de otros partidos que buscan una nueva plataforma para mantenerse vigentes. Ahí, y no en los colores del emblema naranja, estará la verdadera batalla por Veracruz en 2027.
Al tiempo.
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx


