*NEMESIS
/ Fernando Meraz Mejorado /
Vivir la vida como senda llena de encuentros inesperados con el futuro, más que como un simple recuento de lo vivido. Esta frase resuena hoy con fuerza sorprendente. Y es que, tal y como aseguró el filósofo español José Ortega y Gaset, “vivir no es acumular experiencias, sino proyectarse hacia lo que deseamos llegar a ser.”
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La vida hoy como nunca, es acción, circunstancia y decisión.
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El pasado no determina completamente quiénes somos. Somos, sobre todo, aquello hacia donde nos dirigimos.
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La modernidad traía consigo la expansión de las masas y la crisis de las tradiciones; muchos corrían el riesgo de convertirse en simples observadores de su propia existencia.
Hoy despertar la conciencia de que cada individuo es responsable de su destino y que vivir implica enfrentar lo inesperado, tomar decisiones y asumir sus consecuencias.
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Al hablar de “colisiones con el futuro”, Ortega no se refería a obstáculos inevitables, sino al impulso vital que nos obliga a actuar.
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El futuro no llega pasivamente, sino que nos golpea constantemente con la necesidad de elegir, de decidir qué hacer en cada instante. La vida, no es un cómodo deslizamiento, sino un choque continuo que nos empuja hacia delante.
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Bertrand Russell, filósofo y premio Nobel de literatura considera que “El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”.
La vida “no es la suma de lo que hemos sido” ahora somos únicamente nuestros éxitos, errores o recuerdos. Ese pasado nos sirve como equipaje, pero no nos define de manera absoluta. Si así fuera, seríamos como piedras, objetos que solo existen sin transformarse.
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Los seres humanos, en cambio, construimos nuestra identidad día a día, a la luz de la esperanza, proyectándonos hacia un futuro que aún no se ha materializado.
Esa proyección es la la que nos mantiene vivos. Lo que somos hoy está más determinado por nuestros anhelos y proyectos que por lo que ocurrió ayer.
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Esta perspectiva transforma la manera de entender la existencia. Vivir es decidir qué queremos ser, no repetir lo que ya hemos sido.
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La felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace.
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Todo esto tiene un eco particular en la actualidad, en una sociedad que se mueve y corre a ritmo vertiginoso y enfrenta cambios continuos. Contra la parálisis que puede generar el pasado, lo sensato sería centrarnos en el presente y en nuestras metas futuras.
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En un mundo donde empleos y costumbres desaparecen o se transforman con la tecnología y la inteligencia artificial, no podemos definirnos solo por lo que hemos estudiado o hecho antes.













