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/ Victoria Cardel*/
16.04.2026 ACI Prensa.- En su segundo día de visita al país, el Papa León XIV se desplazó, bajo fuertes medidas de seguridad, al corazón del Noroeste de Camerún, una región castigada desde hace casi una década por el conflicto con las milicias separatistas anglófonas.
Desde allí, en un encuentro interreligioso por la paz, lanzó una dura advertencia contra los señores de la guerra: “El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos, y, sin embargo, se mantiene unido gracias a una multitud de hermanos y hermanas solidarios”.
El Pontífice advirtió también contra la instrumentalización de la religión, denunciando con firmeza a quienes la manipulan para justificar intereses ajenos al bien común. “¡Ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sórdido y tenebroso!”, lamentó.
“Los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, mientras que a menudo ni toda una vida es suficiente para reconstruir. Cierran los ojos ante el hecho de que se gastan miles de millones de dólares en matar y destruir, mientras que no se encuentran los recursos necesarios para la sanación, la educación y la reconstrucción”, incidió.
“Quienes despojan a su tierra de sus recursos suelen invertir gran parte de los beneficios en armas, perpetuando así un ciclo interminable de desestabilización y muerte”, denunció tras asegurar que no se trata de inventar la paz, sino de “acogerla” asumiendo al prójimo como hermano y como hermana.
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Un bálsamo para la población exhausta por la violencia
Las palabras del Papa durante el encuentro por la paz que presidió en la Catedral de San José de Bamenda, epicentro de un conflicto separatista que se prolonga desde hace casi una década, resonaron como un bálsamo entre una población exhausta por la violencia.
En una región marcada por la muerte, la destrucción y el desplazamiento forzado, el Pontífice quiso devolver esperanza a la comunidad más herida del país africano.
“Queridos hermanos y hermanas, ustedes que tienen hambre y sed de justicia, ustedes los pobres, los misericordiosos, los mansos y los de corazón puro, ustedes que han llorado, ¡ustedes son la luz del mundo!”, proclamó desde la capital de la región Noroeste de Camerún, sacudida desde 2017 por una espiral de violencia alimentada por grupos rebeldes armados que reclaman la independencia de la zona anglófona frente al resto del país, de mayoría francófona.
El Papa en el encuentro en la catedral de Bamenda. Crédito: Vatican Media
El Papa en el encuentro en la catedral de Bamenda. Crédito: Vatican Media
Antes de tomar la palabra, el Pontífice escuchó con visible emoción el testimonio de Denis Salo, padre de familia que, junto a su esposa y sus tres hijos, tuvo que huir de la localidad de Mbiame, en la Diócesis de Kumbo, para salvar la vida.
“La muerte se volvió parte de nuestra cotidianidad”, relató. Cinco de sus vecinos y uno de sus amigos más cercanos fueron asesinados. Mientras los combatientes separatistas abrían fuego, los soldados del ejército incendiaban viviendas, sembrando el terror entre la población civil. “No había escapatoria”, recordó.
Pese al sufrimiento acumulado, Denis Salo no perdió la fe. El Papa le agradeció su valentía y le respondió con palabras de cercanía: “Estoy aquí para anunciar la paz, pero descubro rápidamente que son ustedes los que me la anuncian a mí y al mundo entero”.
“Todo el dolor que ha azotado a su comunidad hace que hoy sea aún más evidente esta certeza: ¡Dios nunca nos ha abandonado! ¡En Él, en su paz, siempre podemos volver a empezar!”, aseguró el Papa.
Durante el encuentro, el Papa escuchó también el testimonio de la hermana Carine Tangiri Mangu, religiosa de las Hermanas de Santa Ana, quien relató el secuestro que sufrió junto a otra religiosa a manos de hombres armados y cómo la fe fue su único sostén durante los días de cautiverio. Su intervención puso rostro al sufrimiento silencioso de tantas consagradas que siguen sirviendo en medio de la guerra.
La labor “inmensa” e “invisible” de las consagradas
El Pontífice quiso expresar públicamente su gratitud a todas aquellas personas que, en condiciones extremas, siguen cuidando de las víctimas del conflicto, “en particular a las mujeres, laicas y religiosas que atienden a las personas traumatizadas por la violencia”. “Es una labor inmensa, invisible, cotidiana y, como ha recordado la Hna. Carine, expuesta al peligro”, subrayó.
La voz de la religiosa se sumó a la de los jefes tradicionales y guardianes de las costumbres del Noroeste y el Suroeste de Camerún, que dieron la bienvenida al Papa en nombre de las comunidades locales y denunciaron el sufrimiento de sus pueblos, atrapados en una espiral de violencia sin salida.
El encuentro tuvo también un marcado carácter ecuménico e interreligioso. Fonki Samuel Forba, moderador emérito de la Iglesia Presbiteriana de Camerún, tomó la palabra en nombre de los cristianos protestantes, anglicanos y de las comunidades evangélicas, y apeló a la reconciliación y al diálogo como única vía para salir de la crisis. Por su parte, el imán Mohamad Abubakar, de la Mezquita Central de Buea, expresó la alegría de la comunidad musulmana por la presencia del Papa como representante de un Dios “portador de paz”.
En este contexto, el Papa constató que “la crisis que ha sacudido estas regiones de Camerún ha acercado más que nunca a las comunidades cristianas y musulmanas, a tal punto que sus líderes religiosos se han unido y han fundado un Movimiento por la Paz, a través del cual tratan de mediar entre las partes en conflicto”. Y añadió con énfasis: “¡En cuántos lugares de la tierra desearía que sucediera lo mismo! ¡Bienaventurados los que trabajan por la paz!”.
“¡Ustedes son la luz del mundo!”
Retomando las Bienaventuranzas, reiteró: “Ustedes que tienen hambre y sed de justicia, ustedes los pobres, los misericordiosos, los mansos y los de corazón puro, ustedes que han llorado, ¡ustedes son la luz del mundo!”.
A todos los presentes les pidió que sigan atesorando “lo que los ha unido y lo que han compartido en la hora del llanto”. “Nadie elige a sus hermanos y hermanas: ¡sólo tenemos que aceptarnos unos a otros! Somos una sola familia y habitamos la misma casa, este maravilloso planeta que las culturas antiguas han cuidado durante milenios”, exclamó.
En su discurso, León XIV recordó la primera exhortación apostólica del Papa Francisco, Evangelii gaudium, considerada la hoja de ruta del pontificado de su predecesor, y subrayó su vigencia como referencia para la Iglesia. “Sean aceite que se derrama sobre las heridas humanas”, exhortó.
La guerra que desde 2017 golpea las regiones del Noroeste y Suroeste de Camerún sigue dejando profundas cicatrices en la población civil. A pesar del anuncio de una tregua por parte de los grupos rebeldes con motivo de la visita del Papa, continúan produciéndose ataques esporádicos, como el registrado el pasado 10 de abril tras unas ordenaciones sacerdotales. Otra forma de control del territorio son los llamados lunes fantasma, jornadas en las que se presiona a la población para cerrar comercios y no acudir al trabajo.
Según el centro de análisis International Crisis Group, el conflicto ha causado más de 6.000 muertos y ha obligado a más de 600.000 personas a abandonar sus hogares, en una crisis que sigue clamando por una paz justa y duradera.
*Victoria Cardiel es periodista especializada en temas de información social y religiosa. Desde el 2013, ha cubierto toda la actualidad del Vaticano para diversos medios, como la agencia de noticias española Europa Press, o el semanario de la Archidiócesis de Madrid, Alfa y Omega.












