*Hay conmoción, fragmentación, recomposición.
*El derecho internacional ha sufrido múltiples golpes y, al parecer, nos encontramos ante el resurgimiento del imperialismo; existe un proceso de oligarquización global: Thomas Legler..
/ Laura Lucía Romero Mireles /
En la UNAM, especialistas señalaron que en el mundo se vive una crisis civilizatoria. Nos encontramos ante una conmoción normativa, en la que el derecho internacional ha sufrido múltiples golpes y, al parecer, ante el resurgimiento del imperialismo, aseveraron.
En el Foro “El orden erosionado: revisitar el multilateralismo en 2026”, organizado en el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ), Thomas Legler, de la Universidad Iberoamericana, dijo que “estamos ante tendencias contradictorias: conmoción, desintegración, fragmentación, transformación, redefinición y recomposición”.
Hay una reconfiguración del poder a nivel global, un proceso de multipolaridad emergente y la división del orden actual en cuatro esferas de influencia: estadunidense, china, rusa y europea. Geopolíticamente, enfrentamos un proceso de definición de zonas de influencia exclusiva.
En la mesa “Entre fracasos o crisis recurrentes: el rol del multilateralismo en 2026”, detalló que también existe un proceso de oligarquización global. La polaridad que emerge no sólo es interestatal; hay que tomar en cuenta los polos de actores no estatales, con mucho poder económico.
Asimismo, una serie de tendencias políticas. Junto al que podría ser el resurgimiento del imperialismo y de una inclinación muy personificada de utilizar la política exterior como instrumento para tratar al mundo como patrimonio “de uno”, también está presente una oleada de autoritarismo y de nacionalismos populistas de derecha e izquierda. “En ese entorno se trazan las tendencias multilaterales”.
El derecho internacional ha sufrido reveses en el último año: es preocupante que luego de 80 años tratando de construir una gobernanza basada en reglas o estructuras normativas, la confianza social a escala mundial haya recibido golpes tan fuertes, opinó el académico.
“Estamos –añadió– ante una crisis existencial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y veremos a las instituciones mundiales más como instrumentos que como actores”.
Leticia Bonifaz Alfonzo, del IIJ, recalcó que una forma de terminar con las organizaciones es ir restándoles recursos o dejándolas incompletas para que no puedan funcionar. Como pasó en México con instancias como el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, “éste es el mayor problema que tienen varias de las instancias de Naciones Unidas”, como la Agencia para los Refugiados (ACNUR).
Un personaje, con nombre y apellido, se quiere adueñar del orbe. La pregunta es si puede y qué tanto tardarán las otras potencias en hacer un contrapeso, cuestionó la especialista.
“No imagino al mundo sin las instituciones que hoy lo sostienen, sobre todo, a países del sur global. Habrá una transición importante, pero no veo la desaparición de grandes instancias, como las que protegen la educación y la cultura (UNESCO) o el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo”.
Hoy, estamos frente a un río desbocado y tenemos que ver cómo se acomodan las aguas, cual es el límite que toman, y en ese momento, volver a construir puentes, consideró la académica.
María de Jesús Torres, de la Estación Noroeste de Investigación y Docencia del IIJ, recordó a distancia que el multilateralismo surgió como respuesta a la interdependencia de los Estados, a la necesidad de administrar intereses comunes y someterse todos a reglas, negociación y cooperación.
Instancias como la ONU permitían creer que estábamos en un estadio más civilizado. Pero ahora hemos pasado del multilateralismo a un minilateralismo, en el que las relaciones son uno a uno, o dos a dos, pasando sobre las alianzas. También tenemos multipolaridad, con una rivalidad entre Estados Unidos y China, el resurgimiento de Rusia y una Europa que ha sido incapaz de detener la guerra en Ucrania, sostuvo.
De igual modo tenemos nacionalismos y populismos de derecha e izquierda que desconfían de las instituciones, y esos déficits estructurales nos llevan en lo interno y externo a hablar de una crisis, refirió en la sesión moderada por Guillermo Enrique Estrada Adán, del IIJ.
El multilateralismo permitía gestionar problemas globales que ningún Estado resuelve solo, como la migración, la pobreza, la ciberseguridad o el medio ambiente; “reducía la arbitrariedad, facilitaba la cooperación y se pensaba en coordinación de largo plazo”, advirtió.
Preservar la paz y seguridad
Finalmente, Jacobo Dayán, director general del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, consideró que vivimos una crisis del proyecto civilizatorio que tiene por objeto tratar de preservar la paz y la seguridad, reconocer la dignidad humana y promover el desarrollo. Hace 80 años había que acotar la tiranía del Estado que llevó al mundo a la Segunda Guerra Mundial. Había que preservar valores, como la relación entre Estados grandes y pequeños a partir de normas internacionales, para lo que se debían crear instituciones como la ONU.
Sin embargo, hoy persisten enormes violencias que el mundo ha sido incapaz de prevenir y sancionar en el siglo XXI, como genocidios. Tenemos un andamiaje institucional que ha dejado de tener sentido. Hay que repensar al Estado, las democracias, los órganos multilaterales y el sistema internacional.
“El problema no es sólo Donald Trump; es más profundo. Seguramente viviremos años de mucha violencia para hacer un alto y repensar el nuevo arreglo institucional y nuevos valores a preservar para tratar de dar viabilidad a la humanidad de formas civilizadas”, finalizó.
Gaceta UNAM












