*Alí Siles, Lucía Núñez y Lidia Guerra. Foto: cortesía CIEG*.
/ *Centro de Investigaciones y Estudios de Género /
El cuerpo masculino, históricamente, no necesitaba herramientas a nivel estético para satisfacer una imagen ante la sociedad, siempre y cuando mostrara fortaleza, resiliencia, agilidad, lealtad a la patria y al pueblo. Sin embargo, este cuerpo ha transitado durante el primer cuarto del siglo XXI hacia una omnipresencia mediática y hegemónica representada por el llamado “cuerpo mesomorfo”, expresó Alí Siles en la conferencia “Masculinidades, cuerpos y prácticas corporales en el primer cuarto del siglo XXI”, que impartió en la inauguración del Coloquio del 22 Diplomado Relaciones de Género.
Este Coloquio cerró las actividades de dicho Diplomado, un programa de educación continua especializado en feminismo y estudios de género de más larga data en la UNAM y México, coordinado por el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM, cuyo objetivo es la formación de especialistas en relaciones de género y feminismos.
Durante dos días, el alumnado de la emisión 22 del Diplomado expuso en 13 mesas de diálogo sus trabajos finales de investigación en temáticas como aborto, representaciones visuales, salud, teoría queer, violencia obstétrica, educación, entre otras. La inauguración de este evento estuvo a cargo de Lucía Núñez Rebolledo, secretaria académica del CIEG, quien durante su intervención señaló que la serie de encuentros durante el Coloquio tiene por objetivo “dialogar sobre las urgencias que atraviesan nuestros cuerpos y nuestras sociedades”.
Para abrir este diálogo, la conferencia impartida por Alí Siles analizó la representación de las corporalidades masculinas en aspectos cotidianos como las series de televisión o los discursos en redes sociales. Reflexionó en torno a la forma en que los sujetos masculinizados –al igual que los feminizados– son atravesados, producidos y construidos por el género.
Los ideales en torno a las corporalidades masculinas, explicó, se han diversificado y moldeado en contextos cotidianos como el deporte, creando patrones que les han ordenado a los varones pensarse siempre a través de un grupo al cual mostrar atributos socialmente valorados y perpetuados, como la fortaleza.
Antes del siglo XXI, además de esas características, los arquetipos masculinos se rigieron bajo la normativa de una imagen poco llamativa, a partir de elementos como el uso de trajes y peinados cortos. Se trataba de cuerpos dispuestos a observar, no a ser observados; las corporalidades masculinas se promovieron distantes, casi invisibles, afirmó Siles.
Cambios en las corporalidades
A partir del siglo XXI existió un cambio que enfatizó la apariencia y comenzó a percibirse el cuerpo masculino como un “proyecto identitario”. En contraste con la centuria anterior, en este se despliega la corporalidad de los hombres para ser observada. Aún con este cambio, hay un predominio de cuerpos que perpetúan el racismo, el clasismo y el capacitismo, aseguró Alí Siles, pues se trata de corporalidades blancas y con características hegemónicas. Predomina el “cuerpo mesomorfo”, cuya estructura prioriza la definición muscular y responde al entrenamiento físico disciplinado.
A partir de este cambio en la percepción de los cuerpos se comenzó a observar la insatisfacción de los hombres con relación a su físico, lo que aceleró procesos de individualización y consumo de productos de higiene y belleza para lograr los objetivos del ideal corporal. De esta manera, el cambio en la visión de los cuerpos masculinos potenció la expansión del mercado y la transformación de la economía del consumo.
A raíz de las nuevas expresiones que surgen con el proyecto del individualismo masculino, explicó Siles, nace la “manósfera”, un espacio digital, mayoritariamente, en el que circulan discursos que reivindican lo “tradicional”: hombres proveedores, heterosexuales, líderes de núcleos familiares y del mercado, que se posicionan en contra del autocuidado masculino por considerarlo de menor importancia o contrario a los ideales históricamente atribuidos al sujeto masculinizado.
A su vez, Lidia Guerra, jefa del Departamento de Formación del CIEG y moderadora de la conferencia, hizo énfasis en la manera en la que no todos los cuerpos de los hombres son bien recibidos en el proyecto de individualismo masculino, pues características físicas como el color de piel, estatura o facciones no hegemónicas no son compatibles con este proyecto. En ese sentido, señaló, estas corporalidades quedan fuera y se ciñen a los órdenes históricos relacionados con la masculinidad.












