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15.08.2026 Mexico.- La columna “A los 3 hijos de AMLO les cancelaron su visa”, publicada este 15 de agosto por Salvador García Soto en Serpientes y Escaleras, plantea que la decisión del gobierno de Estados Unidos de cancelar las visas de Andrés Manuel López Beltrán, José Ramón López Beltrán y Gonzalo López Beltrán marca una nueva etapa en las presiones de Washington sobre el entorno político del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
De acuerdo con la columna, la medida no habría quedado limitada a Andy López Beltrán, cuya cancelación de visa se hizo pública y provocó una respuesta directa del hijo del expresidente al mandatario estadounidense Donald Trump. García Soto sostiene que los otros dos hijos de López Obrador también habrían recibido la notificación de la cancelación de sus visas, aunque sin que, según el texto, las autoridades estadounidenses les explicaran las razones.
El columnista afirma que el aviso habría sido enviado personalmente por Christopher Landau, subsecretario de Estado de Estados Unidos, a los tres hijos del exmandatario. Según la publicación, la cancelación habría ocurrido desde mayo, aunque las notificaciones se habrían conocido recientemente.
El episodio adquiere mayor dimensión política porque la columna interpreta que Washington habría cruzado una frontera que hasta ahora no había tocado directamente: la familia de López Obrador. García Soto plantea que las medidas anteriores habían alcanzado principalmente a políticos, funcionarios y personas vinculadas con el movimiento de Morena, pero que ahora la presión habría llegado al círculo familiar del expresidente.
La publicación menciona como antecedentes las cancelaciones o restricciones de visas que han afectado a diversos políticos mexicanos y señala que, entre los nombres que han aparecido en este contexto, están gobernadores y exfuncionarios vinculados con Morena. Sin embargo, la columna presenta como una escalada particularmente significativa el hecho de que las medidas alcancen a los hijos de López Obrador.
Uno de los elementos centrales del texto es la reacción de Andrés Manuel López Beltrán, quien dirigió una carta a Donald Trump después de conocer la cancelación de su visa. En ella cuestionó directamente al secretario de Estado, Marco Rubio, y a Christopher Landau, a quienes responsabilizó de la decisión.
La columna también destaca que el ex embajador de Ruben México Christopher Landau , hoy conocido como el quita visas, respondió en redes sociales con un mensaje sarcástico acompañado de la frase “¿Están disfrutando el show? Rellena tus palomitas. Amarás la siguiente parte”.
La reacción de Claudia Sheinbaum ocupa otro de los puntos importantes de la columna. La presidenta calificó la cancelación de visas como una decisión de carácter político y consideró que representa una forma de injerencia en la política mexicana. “Esta cancelación de visas que han hecho, ellos le llaman a personas políticamente expuestas, tiene un sentido político, fundamentalmente”, declaró, de acuerdo con la transcripción incluida por García Soto.
Sheinbaum agregó que, desde su perspectiva, la medida no se aplica de manera uniforme entre países y cuestionó que las cancelaciones tengan necesariamente relación con delitos o con impedimentos migratorios. “Esto es un sentido de injerencia en la política mexicana”, sostuvo la mandataria.
A partir de esos hechos, García Soto sostiene como interpretación que la política de presión de la administración Trump estaría escalando y que el alcance de las decisiones estadounidenses ya no se limitaría a funcionarios o figuras políticas cercanas al oficialismo mexicano, sino que habría llegado directamente al entorno familiar del expresidente.
La columna también establece una conexión entre esta nueva presión y la relación históricamente complicada entre López Obrador y las agencias estadounidenses, particularmente la Administración para el Control de Drogas, la DEA. El texto recupera además la decisión de Sheinbaum de autorizar al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, para asistir a una conferencia de la DEA en Argentina.
Ese episodio es presentado por García Soto como particularmente significativo porque la presidenta explicó públicamente que inicialmente había considerado no enviar a Harfuch debido a los antecedentes de la relación entre la DEA y México. Después, dijo, consultó a integrantes de su gabinete y decidió que el secretario acudiera para exponer los resultados de la estrategia mexicana de seguridad y la relación con Estados Unidos basada, según su definición, en “coordinación sin subordinación”.
En ese sentido, el texto contrapone dos movimientos que ocurrieron prácticamente al mismo tiempo: por un lado, la cancelación de visas que, según la columna, alcanzó a los tres hijos de López Obrador; por otro, el acercamiento institucional del gobierno de Sheinbaum con la DEA mediante la participación de Harfuch en un encuentro internacional.
El eje de la columna es, por tanto, que la política de presión de Washington habría llegado hasta el núcleo familiar de López Obrador. García Soto interpreta las cancelaciones como un mensaje político dirigido al expresidente y considera que el episodio abre una etapa distinta en la relación entre el gobierno de Donald Trump y el entorno del exmandatario mexicano.
Es importante distinguir, sin embargo, entre los hechos que la columna reporta y las interpretaciones del autor. La publicación sostiene que los tres hijos recibieron la notificación de cancelación de sus visas y que la decisión representa una escalada de presión estadounidense, pero no aporta en el texto una explicación oficial del Departamento de Estado sobre las razones concretas de cada cancelación. De hecho, recuerda que en estos casos las autoridades estadounidenses suelen mantener en reserva los expedientes individuales de visas.
El punto de mayor impacto político de la columna queda resumido en una idea: la presión estadounidense que anteriormente había alcanzado a funcionarios y políticos mexicanos habría dado un paso más al tocar directamente a los hijos del expresidente López Obrador. Para García Soto, ese movimiento modifica el escenario y coloca al propio exmandatario en el centro de una disputa que hasta ahora se había desarrollado principalmente alrededor de funcionarios y aliados de su movimiento.

