El rastro del derrame del crudo apunta al buque “Árbol Grande” de una empresa privada.

*Ha sido localizado en medio de indicios técnicos y contradicciones oficiales en el derrame del Golfo de México. No hay confirmación oficial.

*Hoy, el Golfo de México enfrenta no solo una emergencia ambiental, sino también una crisis de credibilidad institucional. Foto: @carlscacho

30.03.2026. México – En medio de una de las crisis ambientales más severas de los últimos años en el Golfo de México, nuevas evidencias técnicas y registros satelitales han comenzado a perfilar un posible origen del derrame: la zona donde operó el buque Árbol Grande, una embarcación especializada en mantenimiento de infraestructura petrolera vinculada a la empresa Constructora Subacuática Diavaz y contratada para trabajos en ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex).

El derrame, detectado desde febrero de 2026 y visible con claridad a partir de marzo, ha contaminado más de 600 kilómetros de litoral entre Veracruz y Tabasco, afectando ecosistemas costeros, manglares y zonas pesqueras clave.

La magnitud del evento ha reactivado viejas preocupaciones sobre el estado de la infraestructura petrolera en la Sonda de Campeche, particularmente en el complejo Cantarell, donde desde 2023 se han documentado fugas recurrentes.

De acuerdo con el diario El País, información basada en imágenes satelitales y registros marítimos, el buque Árbol Grande permaneció anclado durante al menos ocho días —del 9 al 16 de febrero— justo sobre un ducto activo que transporta crudo tipo maya. Esta permanencia coincide con las primeras detecciones de manchas de hidrocarburo en la zona, identificadas por sistemas de monitoreo desde el 8 de febrero y confirmadas mediante más de 70 imágenes que documentan la expansión progresiva del petróleo.

El Árbol Grande no es un buque cualquiera. Se trata de una unidad dedicada a labores críticas como reparación, inspección y mantenimiento de ductos submarinos, actividades que implican intervenciones directas sobre infraestructura sensible. Su presencia prolongada en un punto donde posteriormente se detectó una mancha de más de 50 kilómetros cuadrados ha despertado sospechas entre analistas, organizaciones ambientales y comunidades costeras.

Sin embargo, la narrativa oficial ha sido distinta. Desde los primeros días del desastre, autoridades federales han sostenido que el derrame podría tener múltiples causas, entre ellas un vertimiento ilegal desde un barco privado no identificado y la existencia de emanaciones naturales de hidrocarburos —conocidas como chapopoteras— en el fondo marino.

Esta versión ha sido cuestionada por especialistas que consideran poco probable un origen natural debido a la magnitud, persistencia y características del crudo detectado. Los análisis apuntan a que la composición y el comportamiento de la mancha corresponden más a una fuga estructural que a filtraciones naturales, además de que la dispersión coincide con patrones de corrientes marinas posteriores a una liberación localizada.

El contraste entre los datos técnicos y la postura oficial ha generado una creciente tensión política y social. Mientras el Gobierno asegura que el derrame está bajo control, comunidades pesqueras reportan pérdidas económicas severas y daños visibles en fauna marina, incluyendo tortugas, peces y aves cubiertas de petróleo.

La controversia se intensifica por el contexto previo. El campo Cantarell, cercano a la zona del incidente, ha sido señalado por registrar al menos 14 vertidos significativos desde 2023, lo que evidencia un patrón de fallas o falta de mantenimiento en instalaciones clave.

En este escenario, la presencia del Árbol Grande en labores de intervención sobre ductos adquiere relevancia no solo operativa, sino también investigativa.

A pesar de ello, hasta ahora no existe una atribución oficial de responsabilidad directa. Pemex ha negado que exista una ruptura en sus instalaciones, mientras que la investigación continúa con apoyo de imágenes satelitales, sobrevuelos y análisis oceanográficos.

En paralelo, organizaciones civiles y expertos han exigido mayor transparencia, argumentando que la falta de información clara ha alimentado la desconfianza pública. La hipótesis de un buque privado como origen del derrame —incluido el propio Árbol Grande— permanece en el centro del debate, aunque sin confirmación definitiva.