*Astrolabio Político.
/ Por: Luis Ramírez Baqueiro /
“Las acciones correctas para el futuro son la mejor disculpa de las equivocaciones del pasado”. – Tryon Edwards.
Durante décadas, el rescate del Centro Histórico del puerto de Veracruz fue una de esas promesas recurrentes que aparecían en discursos oficiales, proyectos arquitectónicos, fideicomisos, planes turísticos y anuncios espectaculares, pero que rara vez lograban modificar de fondo el rostro deteriorado del primer cuadro de la ciudad.
Gobernadores y alcaldes hablaron de recuperación urbana, modernización, embellecimiento, movilidad, inversión y desarrollo turístico. Sin embargo, mientras los anuncios se acumulaban, numerosos edificios históricos continuaron deteriorándose, muchos negocios cerraron sus puertas y calles que deberían representar el corazón económico, cultural y turístico del puerto fueron perdiendo vitalidad.
Por eso tiene relevancia política y administrativa la gira de trabajo difundida este miércoles por la gobernadora Rocío Nahle García, quien recorrió el Centro Histórico junto con la alcaldesa Rosa María Hernández Espejo para supervisar las acciones de rehabilitación emprendidas de manera coordinada entre el Gobierno del Estado, el Ayuntamiento de Veracruz y el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
La mandataria recordó que recuperar esta zona fue uno de los compromisos asumidos durante su campaña y sostuvo que el objetivo es devolverle su valor patrimonial y fortalecer su vocación turística. No se trata de una promesa incorporada recientemente a la agenda gubernamental: el rescate del Centro Histórico figuró expresamente entre sus propuestas de gobierno, con una intervención planteada inicialmente sobre alrededor de 300 hectáreas y con participación municipal, ciudadana y de especialistas.
La diferencia fundamental es que el compromiso comienza a traducirse en trabajos concretos.
Desde abril, el Gobierno estatal anunció el inicio de una rehabilitación integral; posteriormente, la administración municipal presentó una primera etapa ante representantes empresariales y comenzó labores de limpieza, iluminación, pintura, recuperación de fuentes y mejoramiento de callejones como J.J. Herrera, Lagunilla y la plazuela de La Campana.
La gira encabezada por Nahle confirma que el proyecto no quedará exclusivamente bajo responsabilidad municipal. Hay una intervención directa del Gobierno estatal, coordinación con el INAH y una visión que pretende convertir el primer cuadro en un punto de atracción turística y económica para toda la región del Sotavento.
Y eso es precisamente lo que durante muchos años hizo falta: voluntad política acompañada de presupuesto, coordinación institucional, continuidad y supervisión.
Porque intentos anteriores hubo muchos.
Uno de ellos fue el sistema de parquímetros instalado bajo administraciones municipales panistas. Su justificación pública fue ordenar el estacionamiento y obtener recursos que debían reinvertirse en el mantenimiento y mejoramiento del Centro Histórico. De hecho, el propio contrato de concesión estableció que los recursos serían destinados a los perímetros del primer cuadro de la ciudad.
Sin embargo, durante años prevalecieron las dudas ciudadanas sobre el destino real de esos ingresos, su transparencia y el beneficio efectivo generado para la zona donde se efectuaba el cobro. Los automovilistas pagaron, las multas se acumularon y el sistema permaneció como una fuente constante de recaudación, pero el deterioro urbano continuó siendo evidente.
Los parquímetros terminaron siendo percibidos por amplios sectores sociales más como una caja recaudatoria y un negocio operado alrededor del espacio público que como una herramienta efectiva de recuperación urbana.
La pregunta siempre fue sencilla: si durante tantos años se cobraron millones de pesos por estacionarse en el Centro Histórico, ¿por qué el Centro Histórico siguió abandonado?
Todavía en 2026 fue necesario instalar un comité para establecer que los recursos obtenidos mediante los parquímetros fueran aplicados en mantenimiento urbano. El solo hecho de tener que transparentar y reorganizar ese mecanismo demuestra que el modelo anterior nunca logró generar suficiente confianza entre comerciantes, vecinos y usuarios.
También durante los gobiernos de Fidel Herrera Beltrán surgieron anuncios de proyectos y gestiones internacionales que supuestamente permitirían recuperar espacios emblemáticos, entre ellos el parque Zamora y diversas áreas del primer cuadro. Aquellos años estuvieron marcados por discursos sobre fondos, organismos internacionales, consultorías y grandes intervenciones urbanísticas.
Pero la ciudadanía nunca recibió una explicación completa y verificable sobre los recursos presuntamente gestionados, los montos ejercidos, las metas alcanzadas y las razones por las cuales el deterioro continuó.
Las administraciones municipales encabezadas por Jon Rementería Sempé y Carolina Gudiño Corro tampoco consiguieron consumar una transformación integral. Hubo anuncios, remodelaciones parciales y proyectos que aparecieron en presentaciones oficiales, pero no existió una intervención sostenida capaz de devolver actividad económica, vivienda, seguridad, comercio y atractivo turístico a toda la zona.
Las referencias a supuestos fondos internacionales de la ONU o la UNESCO, repetidas durante años en el debate público local, tendrían que ser aclaradas mediante una revisión documental y financiera. Hasta ahora, lo incontrovertible es que las grandes expectativas generadas en aquellos gobiernos no se reflejaron en una recuperación proporcional y duradera del Centro Histórico ni del parque Zamora.
Posteriormente, durante el gobierno de Javier Duarte de Ochoa, se presentó el proyecto denominado “Puerta de Mar”, acompañado nuevamente por conceptos de gran escala, diseño arquitectónico, rescate patrimonial y transformación turística.
El proyecto fue formalmente presentado en noviembre de 2013 y contemplaba intervenciones en la Plaza de la República, el Malecón, la antigua Aduana Marítima, el Baluarte de Santiago, el parque Ciriaco Vázquez, la Plaza Morelos y otros espacios emblemáticos.
Algunas obras sí fueron realizadas y deben reconocerse: la reorganización del entorno cercano al puente Morelos, la generación de nuevas plazas, ajustes viales, intervenciones junto a las instalaciones ferroviarias y trabajos en el área de la antigua Aduana.
Pero nuevamente el resultado quedó lejos del rescate integral prometido.
El proyecto terminó concentrándose en algunas áreas cercanas al recinto portuario, mientras amplios sectores del Centro Histórico continuaron padeciendo abandono, edificios ruinosos, cortinas cerradas, banquetas deterioradas, escasa vivienda y pérdida de actividad comercial.
La entrega y utilización de instalaciones históricas por parte de la Secretaría de Marina dio orden y presencia institucional a una parte del entorno portuario, pero no sustituyó la ausencia de una política urbana integral.
Mucho menos consiguió vincular la rehabilitación física con una estrategia de repoblamiento, seguridad, comercio, gastronomía, movilidad peatonal, cultura y turismo.
Ese ha sido el problema de los anteriores intentos: se diseñaron plazas, se modificaron vialidades, se pintaron fachadas o se presentaron maquetas, pero no se reconstruyó la vida del Centro Histórico.
Un verdadero rescate no consiste únicamente en colocar luminarias o rehabilitar banquetas. Requiere atender los inmuebles abandonados, establecer incentivos para sus propietarios, garantizar seguridad, ordenar el comercio, recuperar vivienda, atraer inversiones, mejorar los servicios públicos y crear corredores turísticos que conecten el Malecón, el zócalo, La Huaca, el Baluarte de Santiago, la antigua estación del ferrocarril, el parque Zamora y la zona portuaria.
También exige vigilancia sobre el ejercicio del presupuesto.
Después de tantas experiencias fallidas, el Gobierno de Rocío Nahle está obligado a mostrar contratos, calendarios, etapas, montos y avances. La transparencia será indispensable para impedir que el nuevo proyecto termine convertido en otra colección de renders, estudios y fotografías oficiales.
Pero existe una diferencia política que no puede ignorarse.
Rocío Nahle no está heredando un Centro Histórico funcional para presumirlo; está asumiendo el costo de intervenir una zona que otros gobiernos dejaron deteriorarse durante décadas. Además, encontró en Rosa María Hernández Espejo una alcaldesa dispuesta a trabajar bajo una misma estrategia, en lugar de convertir la relación entre el municipio y el estado en una disputa partidista.
La coordinación ya permitió rehabilitar fuentes, limpiar callejones, recuperar espacios públicos e involucrar a comerciantes y empresarios. Son acciones iniciales, todavía insuficientes frente al tamaño del problema, pero representan una señal distinta: existe presencia institucional en el territorio y no únicamente anuncios desde una oficina.
Afirmar que Rocío Nahle es la única gobernadora en más de 70 años que ha mostrado interés por el Centro Histórico podría parecer una expresión absoluta, pues otros gobiernos anunciaron proyectos e incluso ejecutaron algunas obras.
Lo que sí puede sostenerse es que su administración tiene la oportunidad de convertirse en la primera en muchas décadas en consumar un rescate integral, coordinado y con visión regional.
Ahí radica el verdadero reto.
No se trata solamente de embellecer el centro de Veracruz para una temporada vacacional. Se trata de recuperar el principal patrimonio urbano de la ciudad que fue durante siglos la puerta de entrada de México, el espacio donde confluyen la historia nacional, la actividad portuaria, la cultura jarocha y la identidad del estado.
El Centro Histórico puede convertirse en el área ancla del turismo en el Sotavento. Desde ahí es posible articular recorridos hacia Boca del Río, Mandinga, Alvarado, La Antigua, Tlacotalpan y otros destinos regionales. Puede ser un corredor gastronómico, cultural, comercial y de entretenimiento capaz de prolongar la estancia de los visitantes y generar empleos permanentes.
Veracruz no necesita otro rescate de papel.
Necesita un proyecto que sobreviva a los periodos gubernamentales, que tenga recursos suficientes, que sea vigilado por la sociedad y que devuelva al primer cuadro su condición de corazón vivo de la ciudad.
Rocío Nahle ha decidido asumir ese compromiso y comenzar a cristalizarlo junto con Rosa María Hernández Espejo. Ahora corresponde ejecutar las obras con orden, transparencia y continuidad.
Si lo consigue, no solamente habrá cumplido una promesa de campaña.
Habrá logrado aquello que administraciones estatales y municipales prometieron durante décadas sin poder consumarlo: rescatar de verdad el corazón histórico del puerto de Veracruz.
Al tiempo.
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

