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Como baño de agua helada cayó en Durango la muerte de un niño de ocho años víctima del brote de sarampión que amenaza a todo México, cuando el país aún no se recupera del todo de la siniestra pandemia del Covid 19 que nos golpeó dejando un número infinito de víctimas de todas las edades y llevó a millones de familias a colocar crespones negros de luto por los que se fueron, mientras el gobierno de Amlo y sus funcionarios hicieron fortunas en la feria de corrupción que abrió la pandemia.
Y es que en un país, el que sea, cuyo gobierno convierte la pandemia que flagela a la población en instrumento político, de control y manipulación que puede describirse con términos que evocan el autoritarismo.
Lo Ideal sería dar la vuelta a la página y aprovechar la experiencia para evitar que se repitiera. Pero el capítulo fue tan doloroso como profundo. La herida aún no cicatriza.
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Solo recordar aquellas Mañaneras que mostraban a Obrador con su vesanica risita haciendo vulgares chistoretes para minimizar la pandemia ya declarada como tal por el mundo entero.
Perversa distopía y fragilidad institucional. Esta situación implica la utilización de la crisis sanitaria para limitar libertades civiles, concentrar poder y restringir la información.
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Pero así lo vivimos. El régimen pandémico autoritario se definió por el uso de medidas coercitivas, sin consenso social, para “gestionar” la crisis, ocultando la verdadera magnitud del brote para preservar la imagen de López y de su partido Morena.
Ahí, al lado de López, el tristemente célebre Hugo López Gatell, haciendo la pantomima para declarar que “Nuestro señor presidente no necesita vacunarse contra ningúna enfermedad porque está blindado por su honestidad su grandeza”. El colmo.
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El gobierno federal en esos años aplicó, sin decirlo, un estado de excepción permanente. Un escenario donde las libertades individuales estaban suspendidas indefinidamente. Cualquiera que osara disentir, era llevado al cadalso de La Mañanera desde la cuál el Mesías Tropical criminalizaba la disidencia o el cuestionamiento de cifras oficiales sobre contagios y muertes.
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El gobierno de López quiso desde entonces justificar la corrupción, los sobreprecios de insumos médicos y la falta de transparencia bajo el pretexto de la emergencia, manteniendo a la población bajo un estado de miedo y dependencia.
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Por eso nosotros clamamos al Cielo que nunca, ni por asomo, se repita esa negra página de la Historia Nacional.










