*El voto latino ya no es solamente una cifra dentro de las estadísticas electorales estadounidenses.
*Con casi 39 millones de ciudadanos elegibles, representa una fuerza política en expansión cuya participación puede modificar el equilibrio legislativo y marcar el rumbo de las decisiones nacionales.
Estados Unidos llega a las elecciones intermedias de este martes 3 de noviembre con un electorado latino más numeroso y con un peso político que puede resultar determinante en la disputa por el control del Congreso. La economía, el costo de la vida, las políticas migratorias y el endurecimiento de las deportaciones colocan a millones de ciudadanos de origen latinoamericano ante una elección que también representa un examen a la gestión del presidente Donald Trump.
El voto hispano dejó de ser un segmento al que los partidos pueden acercarse únicamente durante las campañas presidenciales. Su crecimiento demográfico, su presencia en estados electoralmente competidos y su diversidad de posiciones políticas lo han convertido en uno de los grupos más observados por demócratas y republicanos, particularmente en estados como Texas, Arizona, Nevada, California y Florida.
De acuerdo con las proyecciones del Pew Research Center, alrededor de 39 millones de hispanos tienen derecho a votar en los comicios de 2026. Representan aproximadamente 16 por ciento del electorado elegible del país y constituyen el segundo grupo racial o étnico más numeroso, después de los estadounidenses blancos.
La cifra representa un crecimiento de 5.2 millones de votantes elegibles respecto de las elecciones intermedias de 2022, un aumento de 16 por ciento. Este avance no responde únicamente a la llegada de nuevos ciudadanos naturalizados: una parte importante corresponde a jóvenes nacidos en Estados Unidos que han alcanzado la mayoría de edad y ahora pueden participar en las decisiones políticas de su país.
El peso de esta generación también se refleja en la edad del electorado. Tres de cada diez hispanos con derecho al voto tienen entre 18 y 29 años, una proporción considerablemente superior a la registrada entre los votantes blancos. Esto convierte a los jóvenes latinos en un sector estratégico para las campañas, aunque su participación efectiva en las urnas será una de las variables que determinarán su influencia.
Los datos demográficos, sin embargo, no garantizan por sí solos una mayor participación. Tener derecho a votar no significa necesariamente acudir a las urnas, y la movilización de este sector continúa siendo uno de los principales desafíos para las organizaciones políticas.
Una tendencia que comienza a cambiar
El comportamiento electoral latino ha experimentado modificaciones importantes en los últimos años. Aunque históricamente ha favorecido a los candidatos demócratas, la distancia entre ambos partidos se redujo durante los últimos ciclos electorales.
En las elecciones intermedias de 2018, los demócratas obtuvieron una ventaja de 47 puntos porcentuales sobre los republicanos entre los votantes hispanos. Para 2022, esa diferencia se redujo a 21 puntos, de acuerdo con las mediciones históricas del Pew Research Center.
La tendencia también quedó de manifiesto en las elecciones presidenciales de 2024, cuando Donald Trump consiguió avances entre los votantes latinos y obtuvo casi la mitad de sus preferencias, un resultado que evidenció que este electorado no constituye un bloque político uniforme.
Sin embargo, el respaldo que consiguió el republicano enfrenta ahora un escenario distinto.
Una encuesta del Pew Research Center, realizada entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre de 2026, encontró que los candidatos demócratas tienen una ventaja de 51 por ciento frente a 24 por ciento de los republicanos entre los votantes hispanos registrados consultados sobre la elección para la Cámara de Representantes.
El estudio también identificó un retroceso en la aprobación presidencial entre este sector. Apenas 24 por ciento de los votantes latinos consultados aprueba la gestión de Trump, frente a 38 por ciento en febrero de 2025.
Incluso entre quienes votaron por el republicano en 2024 se observa un cambio: su aprobación pasó de 93 por ciento al comienzo de su segundo mandato a 57 por ciento en la medición de octubre.
Estos datos no significan que los latinos que respaldaron a Trump hayan cambiado automáticamente de partido. De hecho, entre quienes lo apoyaron en 2024, 65 por ciento manifestó que respaldaría al candidato republicano a la Cámara de Representantes en su distrito.
La fotografía electoral muestra, por tanto, un electorado dividido, con preferencias distintas según su experiencia económica, sus posiciones políticas y la manera en que evalúa las decisiones del gobierno federal.
Economía y migración, en el centro de las preocupaciones
Uno de los elementos que podría influir en las urnas es la situación económica. Para los votantes latinos, el costo de vivir en Estados Unidos se ha convertido en una preocupación central, incluso por encima de otros asuntos que tradicionalmente han dominado el debate electoral.
El estudio del Pew Research Center encontró que 86 por ciento considera que la economía es un asunto muy importante para decidir su voto al Congreso. La atención también se concentra en el precio de la gasolina y la energía, la vivienda y los alimentos.
Ocho de cada diez votantes latinos consultados expresaron una preocupación importante por el costo de la gasolina y la energía, mientras que la misma proporción manifestó inquietud por los precios de la vivienda. El costo de los alimentos y otros productos de consumo también preocupa a 78 por ciento.
La evaluación económica es desfavorable: solamente 19 por ciento considera que las condiciones económicas del país son excelentes o buenas. Además, 74 por ciento considera que las políticas económicas de Trump han empeorado la situación.
La migración constituye otro factor de enorme relevancia, particularmente por el endurecimiento de los operativos de detención y deportación durante la actual administración.
El Pew encontró que 62 por ciento de los votantes latinos considera que el gobierno está deportando a demasiadas personas que viven en Estados Unidos sin autorización migratoria. En contraste, 22 por ciento considera que las medidas tienen una dimensión adecuada y 14 por ciento opina que deberían intensificarse.
La preocupación no se limita a quienes carecen de documentos. Las políticas migratorias también tienen repercusiones en familias de estatus migratorio mixto, comunidades de trabajadores, pequeños negocios y personas que viven con el temor de que algún familiar sea detenido o separado de su entorno.
La encuesta señala que 70 por ciento de los votantes hispanos considera que las políticas de la administración Trump han perjudicado a la población latina, mientras que 61 por ciento afirma que la situación de los hispanos en el país es peor que hace un año.
No obstante, la migración tampoco define por sí sola las preferencias electorales. La atención a la salud, la educación y el futuro de la democracia también figura entre las prioridades de este sector: 80 por ciento considera muy importante la atención médica; 75 por ciento, la educación, y 69 por ciento, el futuro de la democracia.
El voto contra Trump también aparece en las preferencias
Un dato relevante de la medición de octubre es que la figura del presidente se ha convertido en un elemento de referencia para una parte importante del electorado latino.
El 55 por ciento de los votantes hispanos registrados considera que su voto para elegir representantes al Congreso es, en alguna medida, una forma de expresar su oposición a Trump. En contraste, 14 por ciento lo interpreta como un respaldo al mandatario, mientras que 30 por ciento afirma que el presidente no representa un factor importante en su decisión.
Entre quienes apoyan a los candidatos demócratas, la oposición al mandatario es todavía más marcada: 84 por ciento considera que su voto representa una postura contra Trump.
Esto coloca a las elecciones intermedias como una oportunidad para medir el respaldo ciudadano a las decisiones de la Casa Blanca, aunque sus resultados no constituyen un referéndum formal sobre la presidencia.
Texas, Arizona y Florida, territorios de disputa
La importancia del voto latino también se explica por su concentración geográfica. Aunque está presente en todo el territorio estadounidense, su capacidad para inclinar resultados es especialmente relevante en estados donde las contiendas se definen por márgenes reducidos.
Texas es uno de los escenarios más observados. La contienda por el Senado entre el republicano Ken Paxton y el demócrata James Talarico llega a la jornada electoral con ambos candidatos dentro del margen de error de las encuestas, de acuerdo con la cobertura del Texas Tribune de este 2 de noviembre.
En esa entidad, los votantes latinos pueden influir en la disputa por el Senado y en otras contiendas federales y estatales. El comportamiento de las comunidades hispanas en zonas urbanas y rurales será particularmente importante para determinar el resultado.
Arizona y Nevada también concentran la atención por la presencia de importantes comunidades latinas y por el historial de elecciones competidas. En Florida, las diferencias entre comunidades de origen cubano, puertorriqueño, venezolano, mexicano y centroamericano hacen que el comportamiento electoral sea todavía más complejo.
California, por su parte, cuenta con una de las mayores poblaciones latinas del país, aunque su peso electoral se expresa de manera distinta debido a la predominancia demócrata en buena parte de sus distritos.
En este escenario, los partidos no solamente necesitan convencer a quienes ya tienen una preferencia política, sino conseguir que los ciudadanos efectivamente acudan a votar.
Una elección que también mide la participación
La jornada de este martes renovará los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 puestos del Senado, además de definir numerosas gubernaturas, legislaturas estatales y cargos locales.
El resultado determinará qué partido tendrá mayor capacidad para impulsar o bloquear iniciativas legislativas durante los dos últimos años del mandato de Trump.
Para la comunidad latina, las decisiones del próximo Congreso tendrán repercusiones directas en asuntos como el financiamiento de programas sociales, la atención médica, la educación, la política migratoria, los derechos laborales y el presupuesto federal.
El crecimiento del electorado hispano es una realidad demográfica, pero su conversión en poder político depende de la participación. La diferencia entre los ciudadanos que pueden votar y quienes finalmente depositan su sufragio sigue siendo uno de los factores que pueden limitar su influencia.
La elección también pondrá a prueba la capacidad de los demócratas para recuperar parte del respaldo perdido en 2024 y la estrategia republicana para conservar a los votantes latinos que se acercaron al partido de Trump.
Lo que ocurra mañana permitirá conocer si el descontento con la situación económica y las políticas migratorias se traduce en un cambio de preferencias, si los republicanos conservan el apoyo conseguido en la elección presidencial anterior o si los demócratas consiguen movilizar a un electorado que hoy parece más interesado en el resultado de las urnas.

