*IMPRONTA.
/ Carlos Miguel Acosta Bravo /
En México, la seguridad pública vive una paradoja evidente, los ciudadanos confían más en quienes portan uniforme militar que en los policías que, teóricamente, deberían estar más cerca de la gente. Las cifras son contundentes y dolorosas para el modelo de seguridad local. Las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional dominan los índices de confianza y efectividad, mientras que las policías estatales y, sobre todo, las municipales, arrastran los peores índices de aprobación del país.
Los datos de las encuestas nacionales más recientes —ENSU del INEGI, ENVIPE y estudios de percepción de 2025–2026— dibujan un panorama claro y estable. La Marina Armada de México encabeza la confianza ciudadana con cifras entre 87% y 88%, seguida muy de cerca por la Fuerza Aérea (87%) y el Ejército (85.6%). La Guardia Nacional, aunque con cierta erosión reciente, se mantiene en un sólido 78%, muy por encima de las policías civiles.
En contraste, las policías estatales rondan apenas el 52–53% de aprobación, y las municipales caen a un preocupante 47–48%. En la Encuesta Nacional sobre Percepción en Materia de Seguridad de marzo de 2026, el orden de aprobación fue: Marina (63.54%), Ejército (60.29%), Guardia Nacional (56.17%), fiscalías estatales (51.18%), policías estatales (50.57%) y policías municipales (48.23%). La ENVIPE 2025 confirma que la desconfianza recae principalmente sobre las policías locales, especialmente las de tránsito municipales, donde más de la mitad de la población reporta “algo” o “mucha” desconfianza.
El tamaño de los cuerpos de seguridad refleja una tendencia inequívoca hacia la federalización y militarización de la seguridad pública. Al cierre de 2024, el país sumaba 283,204 elementos en seguridad pública federal y estatal, de los cuales 46.6% pertenecían a la Guardia Nacional y 53.4% a corporaciones estatales. En otro desglose del INEGI (2023–2024), se estimaron 290,664 policías en total: 127,783 estatales y 162,427 municipales.
Aunque las policías municipales siguen siendo muy numerosas, la tendencia operativa reciente muestra que la Guardia Nacional tiene una presencia dominante en muchas entidades, superando a las policías estatales en al menos 21 estados. Esta concentración de recursos y capacidades en el nivel federal contrasta con la debilidad estructural de los mandos locales.
No existe un ranking público único que diga “qué corporación detiene más en todo el país”, pero los reportes de operativos del Gabinete de Seguridad (2025–2026) revelan un patrón claro. Los operativos de mayor impacto —detenciones masivas, decomisos de drogas y armas— suelen ser coordinados y encabezados por la FGR, el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional, con apoyo de policías estatales y municipales.
En delitos de alto impacto (narcotráfico, crimen organizado, corrupción policial), las corporaciones federales concentran la mayor parte de las detenciones relevantes. En cambio, en la delincuencia cotidiana (robos, faltas administrativas, violencia intrafamiliar), las policías municipales y estatales realizan más detenciones por volumen, aunque con menor visibilidad mediática y menor percepción de efectividad.
Un ejemplo ilustrativo ocurrió en Villaflores, Cintalapa, Jiquipilas y Ocozocoautla en Chiapas, donde elementos del Ejército, Guardia Nacional, Fiscalía y Policía Estatal detuvieron a 150 policías municipales por delitos contra la salud y uso indebido de uniformes. Este caso refleja tanto la capacidad operativa federal como los graves problemas de corrupción en niveles locales.
El estudio de la OCDE sobre confianza en instituciones públicas (2025) ubicó a las Fuerzas Armadas y a la policía entre las instituciones con mayor confianza, por encima del Gobierno Federal, el Poder Judicial y los partidos políticos, que están en los últimos lugares. Sin embargo, esta confianza no es homogénea. Los mexicanos confían más en la Marina, el Ejército y la Fuerza Aérea que en las policías civiles.
Esta jerarquía de confianza no es casual. Refleja una percepción ciudadana de que los cuerpos federales y militares están menos contaminados por la corrupción local, tienen mejores recursos y operan con mayor profesionalismo. También evidencia el fracaso de décadas de intentos fallidos por construir policías municipales y estatales confiables, profesionales y cercanas a la comunidad.
La pregunta que debe hacerse cualquier ciudadano preocupado por la seguridad es. ¿Es sostenible un modelo donde la confianza y la efectividad dependen casi exclusivamente de los uniformados federales y militares? La respuesta, a la luz de los datos, es no.
Mientras las policías locales sigan siendo vistas como ineficaces, corruptas o ausentes, la seguridad en México seguirá siendo reactiva, centralizada y dependiente de la presencia militar. La verdadera solución pasa por una reforma profunda de las policías estatales y municipales. Más recursos, mejor formación, supervisión ciudadana efectiva y, sobre todo, voluntad política para limpiar las corporaciones desde dentro.
Hasta entonces, la paradoja seguirá vigente. En México donde la seguridad debería ser tarea de todos, los mexicanos confían más en quienes visten de verde y azul marino que en los policías que, supuestamente, están para servirles. Y eso, más que un dato estadístico, es un síntoma de una crisis de legitimidad que no podemos ignorar.
Comente u opine a:
[email protected]
Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte del cuerpo académico de la Licenciatura en Comunicación en esa institución, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte.


