En México hay 7 millones de niñas y niños sin servicios de cuidados.

*Escrito por Arantza Díaz .

26.03.2025/ CimacNoticias.com/ Ciudad de México.- La discusión de un Sistema Nacional de Cuidados se ha mantenido en el panorama de México en los últimos años, alcanzando su punto más alto con el arribo de la presidenta Claudia Sheinbaum que ha sostenido que, durante su sexenio, se consolidará este ambicioso proyecto de nación; sólo meses después, se realizó una modificación añadiendo la palabra «progresivo», pues las dimensiones de ese proyecto sobrepasan toda voluntad política. Y aunque aún no existe claridad sobre el rumbo del Sistema, sí hay una certeza: La primera infancia tiene que recibir, con urgencia, cuidados cariñosos y sensibles.

Ante esta realidad, el Early Institute, Ethos y el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, lanzaron el primer informe Cuidados para la primera infancia Recomendaciones hacia la conformación del Sistema Nacional de Cuidado, que coloca en el mapa las primeras recomendaciones hacia la conformación del Sistema Nacional de Cuidados (SNC), poniendo al centro, a la primera infancia.

Ante la idea latente de esta política, nace una oportunidad única para atender a las niñas y niños de 0 a 5 años de edad que representan casi el 10% de nuestra población y que se enfrentan a un vacío sistémico que les ha cooptado de recibir el derecho al cuidado universal, de calidad, a la nutrición, salud, protección social y desarrollo integral, pues además, el derecho al cuidado no está contemplado en la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos.

La necesidad apremia y la Secretaría de las Mujeres, encargada de impulsar el SNC no debe olvidar que el futuro poblacional de nuestro país requiere de toda estructura que les cuide. Ante esta realidad inherente y a razón de entender las dimensiones de que el Estado garantice el derecho a ser cuidados y cuidadas desde la primera infancia, Cimacnoticias conversó con Mónica Corona, directora de Inclusión y Desarrollo Sostenible de Ethos Innovación en Políticas Públicas.

¿Por qué mirar a la primera infancia?

Lo primero que debemos saber, dice Mónica Corona, es que existe una población muy importante de niñas y niños que tiene de 0 a 5 años, de la cual, sólo el 44% tiene acceso a servicios de cuidado como la educación inicial o preescolar. Mientras que un aproximado de casi 7 millones de infancias no recibe estos cuidados especializados.

Por otra parte, dice la especialista, estamos hablando de una etapa fundamental en términos cognitivos, emocionales: es el fundamento de lo que será una persona adulta. Sin embargo, a este escenario se atañen vivencias diversas que merman el desarrollo como la violencia.

«Hay estudios que muestran que el 48% vive en pobreza, luego, casi el 20% de las infancias menores de 1 año no tienen acta de nacimiento y al menos el 50% de ellas, ha sido expuesta a algún tipo de violencia en su casa como método de corrección. Entonces, estamos hablando de que la primera infancia es el fundamento de nuestra sociedad, poner atención en las niñas y niños de 0 a 5 años es muy importante», sostiene Mónica Corona.

Pero a estas alturas de la conversación, no se puede mover el eje de otro asunto prioritario: La corresponsabilidad.

Sobre esta palabra, la especialista es incisiva; resulta urgente que la categoría de cuidado sea adjudicada únicamente a las mujeres. Es momento de meter freno a esta sobrecarga de trabajo donde el Estado se ha recargado sobre el cuerpo y el tiempo de las mujeres, haciéndolas responsables únicas de la crianza, el cuidado y seguridad de sus hijas e hijos pequeños.

¿En dónde debe poner la mira el Sistema Nacional de Cuidados hablando de corresponsabilidad?: Debemos replantearnos como sociedad, que se sepa que no es responsabilidad de las mujeres, que tiene que haber responsabilidad de hombres y mujeres, familias y sector privado. Se deben tomar acciones y esto es posible, hemos documentado algunos ejemplos, como incentivos que existen en otros países, subsidios o beneficios fiscales que apoyen y faciliten la estabilidad; que les permita a las mujeres la conciliación entre lo familiar y laboral.

Cuando se habla de cuidados a la primera infancia, resulta implícito hablar de las mujeres, pues de acuerdo a la Encuesta Nacional del 2022 el 86% de las madres son las principales cuidadoras de las niñas y niños de 0 a 5 años, pero también, son las abuelas quienes ejercen este cuidado intergeneracional, representando un 6% de este trabajo. En sumatoria, hablamos de que un 92% de las personas encargadas de dar todos los cuidados en la primera infancia son, precisamente, las mujeres.

Las consecuencias de esta asimetría son múltiples, pero podemos colocar en el radar al menos 2; Mónica Corona nombra la dificultad de que las mujeres accedan a mejores empleos, sobre todo formales y con ello, obtener mejores salarios. Asimismo, resulta evidente las complejidades de reinsertarse en el mercado laboral, pues la mayoría de las personas que abandonan el trabajo por cuestiones de cuidados son las mujeres que maternan.

En segunda instancia, la especialista rescata el bienestar emocional; la pobreza de tiempo está ejerciendo una presión insostenible de las madres quienes, en añadidura, no gozan de tiempo de calidad para sí mismas: El poder del autocuidado.

Un contexto general

Para entender el cuidado en primera infancia, se pone el acento en dos dimensiones: El derecho a recibir cuidados y el derecho a gozar de condiciones dignas para ejercer el cuidado. Según recoge el informe, el cuidado de las niñas y niños es una necesidad del desarrollo integral del ser humano, particularmente, en esta etapa, debido a su dependencia y vulnerabilidad. Por lo tanto, debe ser un derecho garantizado por el Estado.

Cuando se nombra el cuidado «cariñoso y sensible», se erige una oda a propiciar todo un contexto saludable para las infancias de 0 a 5 años; es protegerles contra lesiones y los efectos negativos de la adversidad, reconocer y responder a la enfermedad, promover un aprendizaje enriquecido y fomentar la confianza y relaciones sociales. Este cuidado cariñoso es aquel que promueve la alimentación adecuada y pretende reforzar vínculos emocionales; abrazos, sonrisas, vocalizaciones y gestos.

A pesar de existir múltiple evidencia de la educación y estimulación temprana para un correcto desarrollo, la realidad es que las madres y padres desconocen los alcances de lo que representan estas herramientas. En nuestro país, el 81.9% señaló que su hija – hijo, no tenía la necesidad de asistir a ninguna estancia de cuidados, el 7.7% indicó que no hay centros de educación inicial cerca de su casa y el 3.3% de la población, no lleva a sus infancias a estos espacios por falta de recursos.

Asimismo, un problema evidente es que estas estancias infantiles manejan horarios más cortos que una jornada laboral, además, de encontrarse distanciados del lugar de trabajo de la madre quien, usualmente, es quien se encarga de cuidar por su hija – hijo. Esto las coopta de acceder al mercado laboral formal, es decir, les resulta imposible compatibilizar su trabajo con la educación infantil.

En añadidura, para 2022 casi la mitad de las niñas y niños (48%) vivía en situación pobreza. En áreas rurales, el 58.5% de las niñas y niños enfrentan condiciones de pobreza, comparado con el 43.4% en zonas urbanas. La pobreza extrema afectó al 11.6% de esta población, siendo más prevalente en áreas rurales (20.3%) frente a las urbanas (7.6%). Además, niñas y niños de entre 3 y 5 años de familias hablantes de lengua indígena se encuentran en mayor vulnerabilidad (84.3%) en comparación con las infancias no hablantes de una lengua indígena.

Este conjunto de datos permite mapear el contexto actual que atraviesa a las infancias de nuestro país; existe una tendencia a la precarización, falta de acceso a sistemas de cuidado y con ello, un recrudecimiento de la pobreza del tiempo de las madres.

¿Y las guarderías? La urgencia de homologar las estancias de cuidado

¿Qué se piensa al nombrar las guarderías o las escuelas de la primera infancia? Si bien es cierto que sobre esta conversación se puede apostar por una necesidad primaria, la realidad, es que se necesita poner una discusión sobre la mesa: Las personas no confían en estos sistemas de cuidado.

Entre atropellos, negligencias, abusos, siniestros e incluso el deceso de infancias, resulta cuestionable fortalecer estos espacios, sin antes, erradicar las prácticas de violencia y abolir las prácticas negligentes que acontecen al interior de estos espacios. Y para ello, se necesita nombrar una homologación de estos lugares.

Para abordar esto, Mónica Corona refiere que, en efecto, se tiene que empezar porque el DIF lleve una coordinación y registro controlado de cada uno de estos sitios; urge una administración transparente que permita producir diagnósticos certeros sobre en dónde hay que robustecer las políticas.

«La homologación hace falta porque no existe, o sea, existen una serie de sistemas que dependen de distintas instituciones como el DIF e incluso, Petróleos Mexicanos que tiene servicios para sus trabajadores u otros espacios como la Secretaría del Bienestar que tiene algún programa específico. Entonces, no hay un registro de todo esto y, por lo tanto, no hay claridad de cómo funcionan, cuáles son los servicios que da y la calidad de los servicios»

¿Y cómo se pretende aminorar esta desconfianza cultivada en los sistemas de cuidado?: Algo que decimos es que es verdad, la gente no confía, tiene que haber un proceso de profesionalización de todas esas personas que están trabajando en estos centros de atención infantil, o sea, debe de haber una cierta una especialización que va acompañada del monitoreo, en la supervisión, la evaluación y la formación constante de las y de los cuidadores.

De presupuesto y recomendaciones a la Secretaría de las Mujeres

De manera conjunta, Early Institute, Ethos y el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria han analizado la posibilidad presupuestaria de consagrar el Sistema -progresivo- de Cuidados y entre los hallazgos principales, se apunta a un resultado positivo: Sí es posible crear las bases de un primer sistema a favor de las infancias, pero antes, es necesario echar ojo al presupuesto y a las maniobras que ha realizado el Gobierno en los últimos años.

Según advierten las 3 organización, a pesar de que existe un interés creciente en conformar un SNC, el presupuesto que atiende el cuidado y la educación van en discordancia; disminuyen peligrosamente y en términos reales, ha caído 1.1% anualmente desde hace 12 años. Este hecho se ha traducido en una transformación pública que, en lugar de socializar los cuidados, los enfrasca aún más en la esfera privada.

Esto último, en relación a que el Estado ha dejado de brindar, de manera paulatina, menos servicios de cuidados -como las populares guarderías- y en su lugar, opta por un sistema paternalismo de transferencias monetarias que abona a la familiarización del cuidado; los agentes del Estado han dejado de involucrarse en su deber para garantizar el cuidado de la primera infancia y apuesta por resanar estos vacíos con la entrega de apoyos que, si bien necesarios, necesitan articularse de más herramientas si se busca consagrar un verdadero cambio cultural, indispensable para la creación de un Sistema Nacional de Cuidado.

Asimismo, se prevé que para el 2025 se gastarán 24.2 millones de pesos en los programas de cuidados exclusivos para la primera infancia; el 83.2% de este recurso correrá a cargo del Seguro Social y del ISSSTE, lo que infiere que no toda la población podrá gozar de este presupuesto para sus hijas e hijos, pues no gozan de un trabajo formal que les permita ser derechohabientes y encajar en estos servicios. Ahora bien, con todo este panorama y la clara necesidad de acrecentar el presupuesto se encauza a lo siguiente:

¿Se puede proyectar un Sistema Nacional de Cuidados para la primera infancia?: Sí, creo que es viable avanzar en ello, también me parece muy realista que hayan dicho que es este programa es progresivo porque si no sería pues, engañarnos y que nuevamente quede escrito, o sea, que quede en papel y después puro discurso. Pero el tema es que, como sociedad y como organizaciones que trabajamos en este tema, como especialistas y medios de comunicación, pues tenemos que estar ahí todo el tiempo insistiendo.

Me parece que tiene que tienen que haber muchos actores involucrados a nivel federal, a nivel estatal, municipal, ahora, nosotros estamos dando una serie de recomendaciones así muy claritas y de esas pues ver si son seis recomendaciones u ocho que puedan ser factibles empezar a trabajar en ellas, aquí estamos hablando de primera infancia, pero pues implica abordar otros temas como son el tema, por ejemplo, de los permisos parentales y el cambio cultural, o sea, son muchos elementos que tenemos que ir trabajando, pero de que sí puede ser posible en este sexenio avanzar en esto, o sea, que se estén poniendo las bases de un sistema nacional de cuidados, yo creo que sí es factible.

En añadidura, han dejado sobre la mesa una serie de recomendaciones para el Gobierno Federal y la Secretaría de las Mujeres; asuntos medulares que deben comenzar a ser regulados si realmente se proyecta la existencia de un Sistema Nacional de Cuidados (SNC).

  • Reconocer el derecho al cuidado, fortalecer el marco normativo existente: Se debe avanzar hacia una legislación que reconozca de manera autónoma el derecho humano al cuidado (en su doble dimensión: como sujeto de cuidado y como persona cuidadora) desde la Constitución Federal. Además, es fundamental reformar la Ley general de prestación de servicios para la atención, cuidado y desarrollo integral infantil para consolidarla como la norma central de todos los servicios destinados al cuidado de niñas y niños, independientemente de las instituciones públicas o privadas que los provean.
  • Ampliar la cobertura y priorizar la atención de grupos en situación de vulnerabilidad: Es prioritaio atender a las infancias en situación de vulnerabilidad, especialmente, aquellas en localidades rurales, en situación de pobreza / pobreza extrema, con madres trabajadoras, hogares indígenas, sin acceso a seguridad o social o con necesidades de cuidado para personas co discapacidad. El Estado debe desarrollar una herramienta de focalización para identificar las regiones más vulnerables y con ello, extender programas de educación, centros comunitarios y de cuidado.
  • Incrementar la demanda de servicios de educación y cuidado: El Estado debe visibilizar los beneficios de esta educación y su papel como aliado esencial en el desarrollo infantil temprano; debe desmitificar estereotipos, brindar información certera y fomentar la corresponsabilidad del cuidado.
  • Desarrollar un registro integral de los Centros de Atención Infantil (CAI): Para lograr la consolidación del Registro Nacional de Centros de Atención Infantil (Rencai), es fundamental garantizar que todos los CAI estén correctamente integrados bajo una clasificación uniforme, independientemente de su denominación; esto abonará a mejorar y unificar bases de datos existentes.
  • Promover el cuidado cariñoso y sensible en el hogar: Promover políticas que reduzcan la carga desigual del cuidado y fomenten la corresponsabilidad entre madres, padres y personas cuidadoras durante el primer año de vida. Ampliar los alcances de programas de parentalidad basados en derechos de la niñez y del cuidado cariñoso y sensible representa una oportunidad para reducir la violencia, el estrés parental y los factores de riesgo, al tiempo que se fomenta un entorno de cuidado cariñoso y sensible.
  • Mejorar la calidad estructural y de procesos en los CAI a través del monitoreo, supervisión, evaluación y profesionalización: Se deben unificar los estándares de calidad para los servicios públicos, privados y comunitarios. Es necesario incorporar modelos de evaluación para generar evidencia confiable sobre la calidad estructural y de procesos de los servicios en aspectos clave como infraestructura, salud, seguridad, equipamiento, perfil del personal y calidad en las interacciones
  • Asegurar la continuidad de la Enasic y fortalecer la medición de la salud mental en personas cuidadoras: Dar seguimiento a la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados es fundamental para conocer las barreras que limitan el acceso a los servicios de cuidado infantil, pero también es urgente que se robustezca el apartado de salud mental para obtener información puntual sobre las necesidades de las personas cuidadoras y su disponibilidad a servicios de salud mental.
  • Impulsar políticas públicas que fomenten la corresponsabilidad de los cuidados: Se requiere ajustar la Ley Federal del Trabajo, la Ley del Seguro Social y la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado para promover la homologación de licencias de paternidad y maternidad. Asimismo, se deben impulsar políticas alternativas que fomenten la corresponsabilidad del cuidado infantil en los centros de trabajo, por ejemplo, facilitar acuerdos de horarios flexibles para que las personas trabajadoras puedan ejercer su trabajo de cuidado a través de sistemas híbridos o remotos.