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17.01.2026.- EUA.- El Comando Central de Estados Unidos confirmó este sábado la muerte de Bilal Hasan al-Jasim, considerado un líder terrorista vinculado al Estado Islámico, durante un ataque aéreo en el noroeste de Siria. La operación, denominada Ojo de Halcón, se llevó a cabo como represalia por la emboscada del 13 de diciembre de 2025 en Palmira, donde murieron dos soldados estadounidenses y un intérprete civil.
El ataque se produjo el viernes 16 de enero de 2026 y fue ejecutado con apoyo de aviones A-10 Thunderbolt II, según informó el Ejército estadounidense. De acuerdo con el comunicado oficial, al-Jasim era un experimentado cabecilla que había planeado múltiples atentados y mantenía vínculos directos con el extremista del Estado Islámico responsable de la emboscada contra las fuerzas estadounidenses y sirias. El comandante del CENTCOM, Brad Cooper, declaró que la muerte del líder terrorista representa un golpe significativo contra las redes insurgentes que intentan reorganizarse en Siria tras la caída del régimen de Bashar al-Assad.
La ofensiva forma parte de una serie de ataques de gran escala dirigidos a desmantelar las células del Estado Islámico que operan en la región. Washington ha intensificado sus operaciones en Siria en los últimos meses, argumentando que los grupos extremistas buscan aprovechar el vacío de poder y la inestabilidad política para reagruparse. El Pentágono aseguró que la acción fue precisa y que no se reportaron bajas civiles, aunque organizaciones humanitarias locales han advertido que la situación en el terreno sigue siendo volátil y difícil de verificar.
La emboscada de diciembre, que cobró la vida del sargento Edgar Brian Torres-Tovar, del sargento William Nathaniel Howard y del intérprete Ayad Mansoor Sakat, marcó un punto de inflexión en la estrategia estadounidense en Siria. Desde entonces, el gobierno de Donald Trump ha ordenado operaciones de represalia con el objetivo de demostrar determinación frente a los ataques contra sus fuerzas. Analistas internacionales señalan que la muerte de al-Jasim podría debilitar temporalmente la capacidad operativa del Estado Islámico en Siria, aunque advierten que el grupo mantiene células activas en distintas provincias y conserva capacidad de movilización.
El ataque también ha generado reacciones en la comunidad internacional. Mientras aliados de Estados Unidos en la OTAN respaldaron la operación como un acto de legítima defensa, Rusia e Irán criticaron la intervención, acusando a Washington de violar la soberanía siria. En paralelo, el gobierno sirio denunció que los bombardeos estadounidenses agravan la crisis humanitaria y obstaculizan los esfuerzos de reconstrucción.
La muerte de Bilal Hasan al-Jasim se suma a una serie de bajas de alto perfil en las filas del Estado Islámico y Al Qaeda en los últimos años, resultado de operaciones conjuntas entre Estados Unidos y sus aliados. Sin embargo, expertos advierten que la persistencia de estos grupos en Siria y en otras zonas del Medio Oriente refleja que la amenaza terrorista sigue vigente y que la región continúa siendo un escenario de confrontación geopolítica.
La ofensiva estadounidense en Siria abre un nuevo capítulo en la lucha contra el extremismo en el Medio Oriente y plantea interrogantes sobre el futuro de la presencia militar internacional en la región, en un contexto marcado por tensiones diplomáticas y la fragilidad de los acuerdos de seguridad.












