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Entre el dolor, la solidaridad y la alegría: jornada de memoria y lucha en el Día de las Víctimas de Desaparición Forzada

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*Mario Meneses Candelaria

/ Fotos: Mario Meneses, Ángela Vázquez, Jaime Quintana /

Familias buscadoras, colectivos, artistas y personas solidarias se reunieron este 30 de agosto en la Glorieta de las y los Desaparecidos, para realizar una jornada de protesta y memoria con motivo del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, que incluyó la pega masiva de fichas de búsqueda, una misa ecuménica, talleres de bordado y escritura, una exposición fotográfica sobre grabado combativo, mesas de diálogo y una marcha del Ángel de la Independencia hacia el Zócalo. Además, se realizó el estreno de un documental, la proyección de una animación en vivo y, de final, un fandango con zapateado y jaranas.

Los colectivos señalaron que la lucha de padres y madres por encontrar a sus hijos, de tías y tíos por encontrar a sus sobrinos o de hijos e hijas por encontrar a sus padres pasa por un momento crítico. Acusaron que mientras las autoridades “siguen indiferentes”, la solidaridad de la gente de a pie hacia las familias buscadoras no deja de crecer. Como señala Jackeline, voluntaria en la pega de fichas de búsqueda, la crisis de desaparecidos que atraviesa México es una problemática que compete a todos. “Al día están desapareciendo 40 personas en el país, entonces creo venir a acuerpar estos eventos es importante”, comentó en entrevista para Desinformémonos.

 

Desde los cuatro puntos cardinales

Las familias se dieron cita desde temprano para celebrar una misa ecuménica. Venían de todos los estados del país. Buscadores de Oaxaca, de Michoacán o de Jalisco, entre otros, rezaron bajo un mismo cielo. Porque, como argumentó en entrevista el Padre jesuita Enrique Carrasco, la religión debe de promover la defensa de los derechos humanos. Al finalizar la ceremonia, Verónica Rosas festejó el cumpleaños de su hijo, Diego Maximiliano Rosas Valenzuela, desaparecido hace más de diez años en el Estado de México. Y, junto con los reunidos, gritó: “¡Hijo, escucha, tu madre está en la lucha!”.

 

Concepción Sarratea y otros miembros del Colectivo Zapoteco se trasladaron desde Tamaulipas para pegar las fichas de búsqueda de sus desaparecidos. En su caso, un 14 de julio de 2010, en Matamoros, Tamaulipas, desaparecieron a diez personas y dejaron a diez familias esperando el regreso de sus seres queridos. En entrevista, Sarratea dijo que llevan “más 16 años de búsqueda y hasta el día de hoy no hemos tenido respuesta del gobierno federal”. Es lo mismo respecto al ingeniero Alejandro Alfonso Moreno Baca, desaparecido el 27 de enero de 2011, en Nuevo León. Su madre, Lucía Baca, en entrevista explicó que su hijo trabajaba en IBN y se dirigía hacia Estados Unidos por cuestiones laborales, su última señal fue entre la avenida de Monterrey y Nuevo Laredo. “Este dolor y está incertidumbre”, expresó Baca, “nos enferma y nos va matando poco a poco. El día internacional de la desaparición forzada no debería existir”. Recordó también cómo muchos padres han fallecido sin hallar a sus hijos.

 

Al mismo tiempo que las familias y los solidarios pegaban las fichas de búsqueda en las vallas de la Glorieta, se desarrollaban otras actividades en la jornada. El colectivo Sangre de mi Sangre realizó un taller de bordado para sostener la memoria, con los integrantes que todos los domingos, de diez de la mañana a dos de la tarde, se reúnen para bordar los nombres de los desaparecidos. Por su parte, María Inés Ochoa, hija de Amparo Ochoa, cantó junto con sus músicos de confianza a las familias buscadoras, que corearon la consigna: “¡Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!”. Y Rubén Albarrán, vocalista de la banda Café Tacuba, se hizo presente para apoyar a quienes buscan.

 

Por su lado, Ana Lucía Lagunes, hermana del defensor Ricardo Arturo Lagunes Gasca, desaparecido en Colima, Michoacán, el 15 de enero de 2023 junto con el profesor Antonio Díaz Valencia, denunció que la crisis de desaparición forzada tiene que ver con violencia estructural, impunidad y corrupción. En entrevista reconoció que las actividades comunitarias son “lo que da fuerza para seguir buscándoles, para afrontar toda esta crueldad y que no se les olvide que aquí están. Este es un acto de memoria y resistencia”.

 

A lo largo del día también se presentó la investigación de las periodistas Marcela Turati y Thelma Gómez Durán, Los esclavos de la Tarahumara, en la que lograron tener acceso a 21 personas bajo trabajo forzado en campos de amapolas y marihuana, de los cuales sólo cuatro estaban reportadas como desaparecidas. En ese sentido, en su participación, el buscador Jorge Várastegui González, tío de Antonio de Jesús Verástegui Escobedo y hermano de Antonio Verástegui González, desaparecidos el 24 de enero de 2009 en Coahuila, dijo que el gobierno se niega a llamarles “campo de exterminio” a lugares como el Rancho Izaguirre, donde en marzo de 2025 el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco halló un crematorio clandestino, restos humanos y objetos personales en el predio. Otra crítica que se hizo fue la falta de coordinación entre fiscalías de un mismo estado, que no comparten datos y que en lo que una está anotado, en la otra se ignora.

 

Para Turati y Gómez Durán, la esclavitud a la que se refieren en su título no es una metáfora ni un recurso literario, sino la descripción exacta del trabajo forzado que sufren las poblaciones más marginadas de México. Lugares donde la desaparición pasa por común, sin siquiera levantar sospechas o ser cuestionada, y productos de las fallas estructurales en el Estado. “Las familias no denuncian por miedo”, señalan las investigadoras, “por temor y porque no hay tampoco un mecanismo que las proteja”. Entonces, las condiciones para la desaparición forzada están sembradas. Según las estimaciones de Turati y Gómez Durán, para 2027 los cárteles necesitarán “reclutar” a al menos 500 jóvenes por semana, por lo que habrá una aceleración en las prácticas de reclutamiento forzado.

 

Nada nuevo bajo el sol

Directo de Chiapas llegó Sebastián Pérez Vázquez, miembro de la organización de la sociedad civil de Las Abejas de Acteal. En entrevista, recordó a su compañero Antonio González Méndez, desaparecido el 18 de enero de 1999 en Sabanilla, Chiapas. Y a su compañera Minerva Guadalupe Pérez Torres, desaparecida el 20 de junio de 1996 en Tila, del mismo estado. En esos años, el Estado mexicano implementó una política contrainsurgente como respuesta al levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que afectó sobre todo a la zona norte de Chiapas. Pérez Vázquez mencionó que “la vida de una persona vale más que el oro”. En el caso de su compañero y su compañera, gracias a la lucha organizada de los pueblos y a una denuncia en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el gobierno federal tuvo que reconocer su participación en las desapariciones forzadas y su negligencia para encontrarles.

 

De su lado, en entrevista, Pedro Faro, representante del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolome de las Casas, cuestionó el discurso negacionista de la 4T respecto a la violencia en México y su menosprecio al grave problema que atraviesan las familias buscadoras. Criticó a las Comisiones de la Verdad por ser “procesos de verdad sin juicio, sin compromiso de no repetición”. Además, dijo que en Chiapas la situación “es muy grave” desde 2021, y que los casos de desaparición forzada están en aumento. Finalmente, señaló la visita del EZLN a la Ciudad de México el próximo diciembre como una oportunidad de conectar la lucha zapatista y la lucha de las familias buscadoras.

 

Por su parte, Jessica, joven solidaria con las familias buscadoras, explicó que asistió a la jornada en la Glorieta porque “los desaparecidos son de todos”. “La solidaridad es lo que genera comunidad y la comunidad brinda la justicia. A pesar de que el Estado es insuficiente y es negligente, las personas siguen buscando a sus familiares con todo el amor y con todo el dolor”, dijo en entrevista.

Dentro de las actividades también se realizó una marcha que partió del Ángel de la Independencia hacia el Zócalo y que convocó a cientos de familias buscadoras y de solidarios con su causa. Durante su trayecto no dejaron de corearse consignas: “¡¿Por qué les buscamos?! ¡Porque les amamos!” o “¡¿Hasta cuándo?! ¡Hasta encontrarles!”.

 

Al oscurecer, las familias empezaron con la actividad “Iluminemos la Glorieta”, que consistió en rodear las vallas de metal con velas puestas en el suelo para iluminar el camino de quienes faltan. Poco después, Gloria Muñoz, directora de Desinformémonos, estrenó el documental Las madres buscadoras en el Mundial, que aborda la lucha desarrollada por las familias con desaparecidos en el marco del último Mundial de fútbol. “Este es un homenaje, un reconocimiento a todas las familias que durante más de dos meses se mantuvieron movilizadas, llenaron las calles de esta ciudad, de Guadalajara, de Monterrey, que no se rindieron, que hicieron unas grandes movilizaciones y unas muestras impresionantes de dignidad”, explicó Muñoz.

 

Para concluir el día, se proyectó la animación en vivo Para no olvidar, a cargo de Arturo López Pío, Carla Castro y Nico Maroto. Y se celebró la vida con un fandango masivo por las más de 137 mil personas desaparecidas, con decenas de jaraneros que sacaron sus instrumentos y tocaron al mismo ritmo, porque en la lucha también hay alegría y dignidad.

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