Estamos en guerra, ¡por eso defendemos la vida!

’11/01/2026’}

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/Sandra Petrovich*/

La abrumadora realidad mundial produce confusión, embotamiento, además de incertidumbre.

Tal vez debamos hacer un stop, silencio, alejarnos de las redes sociales y buscar posicionarse desde nuestras propias vidas, amigos, barrio, familia, compañeros; resumiendo, centrarnos en los territorios afectivos y de vida.

Observar qué es lo que podemos hacer desde esas pequeñas comunidades de afectos y de cercanías. La política se ha vuelto incomprensible para la gente salvo las que tienen consecuencia directa en su cotidianidad.

Nos está haciendo falta aunar esfuerzos para hacer circular la información desde canales colectivos: radios comunitarias y redes de contrainformación de colectivos que la trabajen de manera crítica y selectiva. Esas deberían ser las noticias que todos debemos contribuir a difundir y no que cada quien publique lo que venga sin selección ni análisis, sin criterio alguno.

La información es fundamental y por tanto la contra información es algo que se debería organizar. Esto redundaría en tener elementos y argumentos para mejor situarnos y saber aproximadamente lo que está pasando.

Es importante tenerlo claro porque estamos en guerra, hemos quedado paralizados y por tanto sin ninguna posibilidad de respuesta como pueblos, como gentes del común a quien “otros” ,en este caso los imperios y élites financieras, están haciendo y en especial decidiendo sobre nuestras vidas.

Los pueblos somos botín de guerra, somos números, somos descartables y nuestros territorios zonas de sacrificio y campo de confrontaciones. Lo dijimos en una nota anterior los estados hacen las guerras, los que mueren son los pueblos.

Todo sucede como si de pronto todas las contradicciones se hubieran precipitado en un punto para hacerlas coincidir en una gran deflagración.

Es una realidad que entre muchas cosas nos impide toda proyección, porque todo se derrumba. Pensar en una construcción resulta difícil y construir desde los escombros o desde tierra arrasada, es algo que una inmensa cantidad de gente se niega a ver. Por ello insistimos en la vida, en cuidarla, protegerla, palmo a palmo.

En ese sentido en Uruguay ya lo estamos haciendo, desde una multiplicidad de pequeños colectivos e individualidades, voces en defensa del agua, en contra de las petroleras. Esto se replica un poco en todas partes, vecinos salen a defender un humedal, un monte nativo, una laguna.

¿Cómo? Con cadenas humanas, cortes de ruta, intervenciones, campañas de firmas, manifestaciones.

La lucha es territorial y no desde el vértice; como dicen los zapatistas, tenemos que invertir la pirámide.

Algo aparece con claridad, la guerra es por los recursos; agua, tierra, petróleo, litio y en ella estamos inmersos.

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*Artista plástica, poeta y activista social. Una de las fundadoras de la revista virtual Alternativas.