Estreno latinoamericano de la ópera Adriana mater en el Festival CulturaUNAM

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*Sala Miguel Covarrubias, 26 y 27 de septiembre.

*¿Caín o Abel? La pregunta atraviesa esta obra sobre un hijo nacido de la violencia y reflexiona sobre el origen, la identidad y el libre albedrío.

Roberto Frías / CulturaUNAM /foto La mezzosoprano Mariana Sofía y José Areán, director de la OJUEM. 

Qué clase de hijo puede nacer de la violencia, y qué puede hacer con ese origen? Esa pregunta sostiene Adriana mater, ópera en dos actos y segundo título operístico de la compositora finlandesa Kaija Saariaho (1952-2023), que el 26 y 27 de septiembre, a las 19 y 18 horas respectivamente, vivirá su estreno en Latinoamérica en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario.

La producción, enmarcada en el Festival CulturaUNAM y en el Programa Universitario de Música Actual, reúne a la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata (OJUEM), al Estudio de Ópera de Bellas Artes y al Coro Staccato, con el director concertador José Areán.

“Si eso es una ópera, yo puedo hacer una ópera”, habría dicho Saariaho –según relató Areán– al presenciar a finales de los 90 San Francisco de Asís (Saint-François d’Assise), de Olivier Messiaen, en el Festival de Salzburgo. Hasta entonces, la compositora sostenía desde los 80 una sólida carrera instrumental y había rechazado varias invitaciones para escribir ópera.

Aquella noche la convenció de que su lenguaje sí podía sostener un drama, y la llevó a asociarse con el escritor francolibanés Amin Maalouf para crear El amor distante (L’amour de loin), su primera ópera. El propio Areán la trajo a México en 2019, en la primera puesta de la obra en toda Latinoamérica, con la Ópera de Bellas Artes.

De esa colaboración nació también Adriana mater, estrenada en 2005. Maalouf, quien antes de la literatura fue reportero de guerra, aportó al libreto su interés por la violencia armada; Saariaho llegó al proyecto desde una inquietud íntima: la de sentir, durante un embarazo, que cargaba con otro corazón junto al suyo, y preguntarse quién era ese ser que llevaba dentro.

“Quizá es la misma interrogante que se han hecho todas las mujeres desde Eva: ¿quién va a ser mi hijo, va a ser Caín o va a ser Abel?” Con esa pregunta cierra Saariaho el primer acto, contó Areán.

Adriana, la protagonista, vive en un pueblo sin ubicación precisa (podría ser Bosnia, el Congo o Chiapas) y rechaza a Tsargo, un joven al que considera un bueno para nada. Al estallar la guerra civil, Tsargo se convierte en soldado y la viola; ella decide, aun así, tener al hijo concebido esa noche. Diecisiete años después, Yonas descubre la verdad sobre su padre y jura matarlo: la ópera se vuelve una reflexión sobre el libre albedrío y las decisiones que cada quien toma pese al origen que le tocó.

“En última instancia, se trata de la justicia restaurativa: no la justicia concebida como venganza, sino como empatía. Tampoco se trata del perdón, sino de asumir las responsabilidades y de ver quién eres”, resumió Areán. La gran pregunta, dijo, es si Yonas será como su padre o logrará trascender esa condición.

El director señaló que es un tema muy actual y recordó la reciente visita a la UNAM de Angela Davis, referente del feminismo y la justicia restaurativa, y advirtió que hablar hoy de violencia contra las mujeres, de guerras y de abusos a los derechos humanos (incluso, apuntó, de posibles genocidios) da a Adriana mater una vigencia que no tenía al estrenarse, hace dos décadas.

Musicalmente, Saariaho es identificada con el posespectralismo, escritura que parte del análisis del timbre instrumental y lo traslada a la composición, a menudo mediante electrónica. En Adriana mater, la orquesta se funde con texturas electrónicas y con un coro que no encarna ningún personaje, sino que se integra a la masa orquestal como una nube sonora, interrumpida por golpes intensos que subrayan la escena. Sólo cuatro cantantes sostienen el drama: Adriana; su hermana Refka, especie de coro griego en clave íntima que le reprocha y le confía sus sueños; el atormentado Tsargo, y Yonas.

La puesta en escena es del director argentino Marcelo Lombardero; el Coro Staccato se presenta, como de costumbre, bajo la dirección de Marco Antonio Ugalde. El elenco, integrado por beneficiarios del Programa de Residencias Artísticas en Grupos Estables del INBAL, lo encabezan la mezzosoprano Mariana Sofía como Adriana (con Natalia Mora como cover), la soprano Belén Marín como Refka, el tenor Osvaldo Martínez como Yonas y el bajo-barítono Guillermo Montecino como Tsargo.

“Que vengan a ver las fuerzas jóvenes de la OJUEM combinadas con las del Estudio de Ópera de Bellas Artes”, invitó Areán, quien recomienda la ópera tanto a públicos conocedores como a quienes simplemente disfrutan de una historia bien contada.