*No solo se exhibió armado en redes sino difundió mensajes misóginos antes del ataque.
25.03.2026 Michoaacan.- La mañana del martes 24 de marzo de 2026 se registró un ataque armado al interior de una preparatoria privada en el municipio de Lázaro Cárdenas, que dejó como saldo a dos docentes sin vida. Con el paso de las horas, además de confirmarse la detención del presunto responsable, un estudiante del plantel, comenzaron a surgir elementos que apuntan a una posible motivación atravesada por discursos de odio de género difundidos previamente en redes sociales.
Los hechos ocurrieron en la Preparatoria Anton Makárenko, donde el alumno ingresó armado y disparó contra dos maestras que se encontraban en funciones. Ambas perdieron la vida en el lugar, lo que provocó pánico entre estudiantes y personal, quienes se resguardaron mientras arribaban las autoridades.
Posteriormente, trascendió que el agresor habría anticipado el ataque a través de sus redes sociales, donde no solo se exhibió portando un arma de fuego de uso exclusivo del Ejército, sino que también publicó mensajes con referencias a comunidades “incel”, un término asociado a grupos en línea que promueven ideologías misóginas y resentimiento hacia las mujeres.
En uno de los materiales difundidos, el joven aparece frente a un espejo sosteniendo el arma larga que presuntamente utilizó en el ataque. De acuerdo con los reportes, vestía la misma ropa con la que más tarde fue detenido por las autoridades, lo que refuerza la línea de que las imágenes fueron captadas poco antes de los hechos.
Además del contenido visual, se han señalado publicaciones con mensajes en los que el estudiante expresaba rechazo hacia las mujeres y particularmente hacia el feminismo, al que culpaba de problemas personales. Estas expresiones han sido interpretadas por especialistas y colectivos como indicios de una posible radicalización en discursos de odio de género.
La cultura Incel y su vínculo con la violencia escolar en México
La llamada cultura Incel, abreviatura del término en inglés “involuntary celibate” (célibe involuntario), es una subcultura digital que ha evolucionado en los últimos años hacia formas cada vez más radicales de misoginia y odio hacia las mujeres. De acuerdo con organizaciones como Amnistía Internacional, estos espacios en internet combinan frustración personal, aislamiento social y discursos que responsabilizan a las mujeres de los problemas afectivos y sexuales de los hombres que participan en ellos.
Originalmente, el concepto surgió en los años noventa como un foro de apoyo para personas con dificultades en sus relaciones afectivas, pero con el tiempo fue apropiado principalmente por comunidades masculinas que comenzaron a desarrollar narrativas extremas. Estas incluyen la deshumanización de las mujeres, el uso de términos ofensivos para referirse a ellas y la construcción de una visión del mundo donde el rechazo femenino se interpreta como una injusticia estructural.
Especialistas en salud mental y estudios sociales en México, como los de la Universidad Autónoma Metropolitana, advierten que este fenómeno genera entornos digitales donde se refuerza el resentimiento, la victimización y, en algunos casos, la justificación de la violencia.
Estas comunidades forman parte de lo que se conoce como la “manosfera”, un conjunto de espacios en línea donde circulan discursos antifeministas y de odio de género, muchas veces sin regulación ni filtros, lo que facilita su acceso a jóvenes.
Uno de los aspectos más preocupantes es que la ideología de la manosfera puede derivar en procesos de radicalización y odio hacia las mujeres. Investigaciones y reportajes en otros casos en México que han documentado cómo jóvenes, en contextos de vulnerabilidad emocional, pueden ser cooptados por estos foros para generar escenarios de violencia o venganza.
En México, este fenómeno dejó de ser una preocupación abstracta para convertirse en una realidad tangible con el caso ocurrido en el Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Sur de la Universidad Nacional Autónoma de México en septiembre de 2025. En ese hecho, un joven identificado como Lex Ashton ingresó al plantel armado y asesinó a un estudiante, además de herir a otras personas.
Las investigaciones y reportes posteriores señalaron que el agresor participaba en foros Incel y había difundido previamente mensajes en redes sociales cargados de resentimiento, misoginia y deseos de notoriedad. Este caso encendió alertas a nivel nacional, ya que evidenció cómo la violencia digital puede trasladarse al ámbito físico, particularmente en entornos escolares.
Expertos han advertido que este tipo de ataques comparten patrones comunes: aislamiento social, consumo de contenidos violentos en línea, construcción de una narrativa de agravio personal y, en algunos casos, la búsqueda de visibilidad mediática a través de actos extremos.
El caso del CCH Sur también puso sobre la mesa la dimensión de género en este fenómeno. En el mismo contexto, se registraron amenazas dirigidas específicamente contra profesoras “por ser mujeres”, lo que refuerza el carácter misógino de estas ideologías.
En este contexto, especialistas y organizaciones civiles han insistido en que la cultura incel no puede entenderse únicamente como un fenómeno digital aislado, sino como parte de un entramado más amplio de violencia de género, desigualdad y falta de atención a la salud mental de los jóvenes. También subrayan la necesidad de que escuelas, familias y autoridades desarrollen mecanismos de detección temprana y prevención.
La reciente difusión de mensajes incel en casos como el ocurrido en Michoacán vuelve a colocar el tema en el centro del debate público, al evidenciar cómo estos discursos pueden escalar desde el entorno virtual hasta convertirse en expresiones extremas de violencia, particularmente contra mujeres.
Organizaciones como ONU Mujeres han advertido que la violencia feminicida no solo se manifiesta en agresiones físicas, sino que también puede estar precedida por narrativas digitales que deshumanizan a las mujeres y legitiman la violencia en su contra.
En este sentido, el caso en Michoacán ha encendido de nuevo las alertas sobre la influencia de comunidades digitales que normalizan el odio y la violencia contra las mujeres.
Asimismo, colectivos feministas en México han subrayado que este tipo de hechos no pueden analizarse únicamente como actos individuales, sino como parte de un contexto más amplio de violencia de género. Han insistido en la necesidad de investigar a fondo los mensajes difundidos por el agresor para determinar si existe una motivación feminicida.
El término incel, abreviatura de “involuntary celibate” (célibe involuntario), ha sido vinculado en distintos países con ataques violentos perpetrados por hombres que comparten ideologías de odio hacia las mujeres. Especialistas en seguridad digital y género advierten que estos espacios pueden fomentar procesos de radicalización, especialmente entre jóvenes.
Hasta el momento, las autoridades de Michoacán no han emitido un posicionamiento oficial sobre el contenido de las redes sociales del agresor ni sobre si estos elementos formarán parte de la investigación formal. Sin embargo, la difusión de estos mensajes ha generado preocupación sobre los factores que pudieron influir en el ataque.
El caso también reabre la discusión sobre el acceso a armas de alto calibre, particularmente aquellas de uso exclusivo de las fuerzas armadas, así como sobre los mecanismos de prevención en entornos escolares y la necesidad de atender señales de alerta en espacios digitales.
Mientras continúan las investigaciones, el asesinato de las dos maestras en Lázaro Cárdenas no solo ha dejado una profunda conmoción en la comunidad educativa, sino que también ha puesto en el centro del debate la relación entre violencia digital, misoginia y feminicidio, en un país donde la violencia contra las mujeres sigue siendo una problemática estructural.













