Ética feminista para el periodismo

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*Palabra de Malinche.

/ Escrito por Cirenia Celestino Ortega /

El sábado pasado conmemoramos el 73 aniversario del voto de las mujeres. Siete décadas después, el voto es una realidad, la paridad es un principio normativo de la participación política de las mujeres y los desafíos de las mujeres en el poder se han transformado. Sin embargo, participar en el espacio público con reconocimiento y poder real, sigue siendo un pendiente para el ejercicio de los derechos de las mujeres.

Antes de adquirir el voto, el periodismo acompañó el movimiento sufragista e incluso abrió sus páginas para colocar en la agenda pública la demanda por los derechos políticos y electorales de las mujeres.

El periodismo sufragista fue un componente central para posicionar la igualdad de las mujeres. Desde Laureana Whrigth, Leona Vicario, Hermila Galindo que prepararon el terreno para posicionar el derecho al voto en el Primer Congreso Feminista de 1917, aunque la Constituyente rechazó incluir a las mujeres en su redacción.

Más tarde Elvira Vargas y Adelina Zendejas extenderian el reclamo a los presidentes que rechazaron la demanda de ciudadanía para el 50 por ciento de la población. Fue Ruiz Cortines quién entendió que el voto podría ser beneficioso incluso para el partido oficial.

Una vez ganado el voto, las periodistas sufragistas se sumaron a documentar la siguiente meta: derecho a ser votadas. Gracias a la construcción de alianzas entre mujeres políticas y periodistas, se conquistaron las cuotas de género y la paridad.

Mujeres en lugares estratégicos como el Tribunal Electoral, el Instituto Nacional Electoral, en el Congreso y el Senado, las activistas y las periodistas, lograron la obligatoriedad de la paridad en todo.

Hoy, periodistas feministas siguen documentando los desafíos derivados de la Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género, el uso de las redes sociales, plataformas digitales y, particularmente, la inteligencia artificial para inhibir la participación de las mujeres.

Los argumentos sexistas de hace un siglo se han hecho presentes rumbo al proceso electoral 2027. Con una primera mujeres presidenta, 13 gobernadoras, y con mayor brecha en los ámbitos municipales, las amenazas al avance de las mujeres permanecen en los partidos políticos, instituciones electorales y medios de comunicación.

Los pendientes siguen siendo el presupuesto para el liderazgo de las mujeres que no han incrementado y el acceso al poder real, parecen lejanos. Las políticas que impulsan la agenda de género son las más selñaladas, pero también las más reconocidas.

Y es que las voces críticas intentarán ser silenciadas.  Se construyen estrategias de silenciamiento y retroceso de las mujeres. Que el mundo sepa que habrá consecuencias si haces eco de su palabra. Desde sanciones políticas, económicas, sociales hasta exclusión y violencia directa.

Frente a las voces bélicas globales, las mujeres son la resistencia. Frente al cierre del espacio cívico que debilita a las organizaciones, el impulso de una narrativa hegemónica y la búsqueda de censura para las mujeres, el periodismo feminista se presenta como la principal resistencia.

Una agenda de género bajo amenaza en medio de una avanzada de grupos y políticas antiderechos con impactos concretos en la vida de las mujeres y que se expresan cada día en la normalización de la violencia contra las mujeres.

Por ello, más allá del ataque contra las periodistas y las voces líderes que se niegan al silencio, se intenta acallar la agenda de las mujeres a través de excluirnos del espacio público, retirar financiamientos para nuestra organización y cansarnos, dejarnos a la espera. No solo se amenaza la voz crítica, es la agenda que esa voz defiende, la de nuestros derechos.

Michael Frost, ex relator especial de Naciones Unidas señaló que en el clima político de retroceso en los derechos humanos “las mujeres que defienden y promueven derechos son a menudo las primeras en estar bajo ataque” porque no solo se enfrentan al contexto de riesgo sino a afianzados patrones culturales sexistas que no las reconocen.

Además, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas ha llamado la atención sobre la trascendencia de las amenazas contra quienes defienden derechos, “las agresiones que sufren tienen un impacto tanto para las personas que las sufren como para sus comunidades”.

En el caso de las periodistas, la mirada feminista nos permite romper la lectura homologada, estándar, masculinizada y comprender el contexto específico en el que suceden las agresiones contra ellas, el riesgo especifico que viven por ser mujeres y tener voz pública.

No habrá justicia sin justicia social, justicia climática, justicia de género y sin justicia mediática.

¿Qué implica la justicia mediática? El reconocimiento del liderazgo de las mujeres para su representación digna e igualitaria, pero también justicia y protección integral para seguir realizando esa labor.

Parafraseando la Declaración de Bangkok: “El periodismo feminista es fuente de poder para las mujeres”.

Hoy más que nunca necesitamos periodismo sufragista por nuestros derechos políticos, periodismo abortero por nuestra salud. Hoy es el mejor momento para hacer periodismo feminista: periodismo que defiende nuestros derechos, posiciona las voces que los defienden y que coloca en el centro la vida de las mujeres.

En los medios, la ética no es una decisión editorial que surge de la responsabilidad de las empresas, sino por la convicción de las periodistas que transforman sus coberturas. La ética feminista, también es exigible para todos los medios.

Esta semana IX encuentro RIPVG y 4-5 de nov el PEIMFEM.

*Periodista feminista y defensora de los derechos humanos de las mujeres.

Cimac Noticias