Fallece Jürgen Habermas , último gran defensor de la razón ilustrada.

*Se considera al gran filósofo como el sismógrafo moral de la democracia europea

14.03.2926. Berlín, Alemania. El mundo del pensamiento contemporáneo se viste de luto tras confirmarse el fallecimiento de Jürgen Habermas, ocurrido este sábado 14 de marzo de 2026.

El filósofo y sociólogo alemán, considerado el intelectual vivo más influyente de las últimas décadas y último gran representante de la Escuela de Frankfurt, murió a los 96 años en su residencia de Starnberg, en el sur de Alemania. La noticia fue comunicada por su editorial histórica, Suhrkamp Verlag, citando información proporcionada por su familia.

Habermas fue una figura central para entender la reconstrucción intelectual y política de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Su obra, que abarca más de siete décadas, se convirtió en el pilar de la teoría crítica moderna y en una defensa incansable de la racionalidad, el diálogo y el proyecto de integración europea.

El canciller alemán y diversos líderes internacionales han expresado sus condolencias, destacando que con su partida Europa pierde a uno de sus arquitectos morales y a un defensor inquebrantable del Estado de derecho.

Trayectoria y biografía

Jürgen Habermas nació el 18 de junio de 1929 en Düsseldorf. Su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por el ascenso y la caída del nacionalsocialismo, una experiencia que definiría su compromiso vital con la democracia.

Un rasgo personal que influyó en su filosofía fue el paladar hendido con el que nació. Tras varias cirugías correctivas que no eliminaron por completo sus dificultades de habla, Habermas desarrolló una profunda reflexión sobre la vulnerabilidad humana y la importancia crítica de la comunicación para la coexistencia social.

Durante los años finales de la guerra, fue incorporado a las Juventudes Hitlerianas y sirvió en unidades auxiliares de artillería, aunque su juventud evitó que participara en combates directos de gran escala

El colapso del régimen nazi en 1945 y el descubrimiento de los horrores del Holocausto provocaron en él una ruptura total con el pasado alemán, impulsándolo a buscar las bases de una sociedad donde tales atrocidades fueran imposibles.

Estudió filosofía, historia, psicología y literatura alemana en las universidades de Gotinga, Zúrich y Bonn. En 1954 obtuvo su doctorado con una tesis sobre Schelling. Su carrera dio un giro decisivo en 1956, cuando se convirtió en asistente de Theodor Adorno en el Instituto de Investigación Social de Fráncfort

Aunque inicialmente sus mentores, Adorno y Max Horkheimer, veían con escepticismo algunas de sus posturas por considerarlas demasiado radicales o ajenas a la ortodoxia de la primera generación de la Escuela de Fráncfort, Habermas terminó consolidando la segunda generación de esta corriente, inyectándole un nuevo enfoque basado en la acción comunicativa.

Un legado basado en la palabra y el consenso

La producción intelectual de Habermas fue vasta y multidisciplinar. En 1962 publicó Historia y crítica de la opinión pública, una obra fundamental donde analizó el surgimiento y la degradación del espacio público en las sociedades modernas.

Sin embargo, su aporte más célebre llegó en 1981 con la Teoría de la acción comunicativa. En este extenso tratado, propuso que la racionalidad no reside únicamente en el cálculo técnico o instrumental, sino en la capacidad de los seres humanos para llegar a acuerdos mediante el lenguaje libre de coacción.

A lo largo de su vida, intervino en los debates más intensos de su país. En los años ochenta, fue protagonista de la disputa de los historiadores, donde se opuso a cualquier intento de normalizar o relativizar el pasado nazi.

También acuñó y defendió el concepto de patriotismo constitucional, sugiriendo que la identidad de una nación moderna no debe basarse en la etnia o la lengua, sino en la adhesión compartida a los principios democráticos y los derechos humanos.

En sus últimos años, Habermas se centró en los desafíos de la globalización y la religión en la esfera pública. Su diálogo en 2004 con el entonces cardenal Joseph Ratzinger, quien luego sería el Papa Benedicto XVI, sobre las bases pre-políticas del Estado liberal, permanece como un ejemplo de su voluntad de entendimiento entre posiciones divergentes.

A pesar de mostrarse escéptico en años recientes ante el rumbo burocrático de la Unión Europea y el auge de los nacionalismos, nunca abandonó su fe en que el proyecto europeo era la única respuesta racional ante las crisis del siglo veintiuno.

Con el fallecimiento de Habermas en Starnberg, se cierra un capítulo esencial de la filosofía del siglo veinte y veintiuno.

Su cuerpo descansará en la intimidad familiar, pero su propuesta de una sociedad basada en el diálogo transparente y la búsqueda del consenso seguirá siendo el punto de referencia para quienes creen en la posibilidad de una democracia deliberativa y cosmopolita.