Frena Tribunal intento por control de la UV

  • Astrolabio Político .

/ Por: Luis Ramírez Baqueiro /

“No es difícil tener éxito. Lo difícil es merecerlo”. – Albert Camus.

La reciente determinación del Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Séptimo Circuito, con sede en Boca del Río, que confirmó la validez de la prórroga otorgada al rector de la Universidad Veracruzana (UV), Martín Aguilar Sánchez, no solo cierra un capítulo jurídico: exhibe una pugna política que llevaba años gestándose al interior de la máxima casa de estudios.

Detrás de los nueve juicios de amparo promovidos contra el procedimiento de la Junta de Gobierno no hubo únicamente una diferencia de criterios legales. Lo que se ventiló fue una disputa por el control institucional de la Universidad. Grupos enquistados durante décadas —ligados a la vieja guardia priista y a un panismo recalcitrante— intentaron frenar la continuidad de un proyecto que, guste o no, rompió inercias.

La resolución judicial fue clara: prevalece la autonomía universitaria y la facultad de autogobierno. Es decir, la Universidad puede decidir sobre su conducción interna sin tutelajes políticos externos ni presiones de camarillas internas que confunden pluralidad con control.

El presupuesto como botín

No es ingenuo afirmar que buena parte de la confrontación tuvo como telón de fondo el presupuesto universitario. La UV no es solo un espacio académico; es también una institución con un presupuesto multimillonario, infraestructura estratégica y capacidad de influencia regional. Para quienes durante años hicieron de la rectoría un espacio de negociación política y de operación presupuestal, perder el control significaba perder privilegios.

La narrativa contra la prórroga buscó instalar la idea de una supuesta ilegalidad o imposición. Sin embargo, los tribunales desmontaron ese argumento. Lo que quedó expuesto fue el interés político de grupos que pretendían recuperar una rectoría que históricamente funcionó como plataforma de poder.

Y en ese intento, no escatimaron recursos: operadores mediáticos, opinadores a sueldo, académicos convertidos en activistas coyunturales. Se intentó inclinar la opinión pública con señalamientos constantes, algunos legítimos en la forma, pero claramente orientados en el fondo. Ni así lograron imponerse sobre la razón jurídica.

 

Heridas abiertas

La confrontación fue intensa. Dejó heridas profundas en la comunidad universitaria. Polarizó facultades, tensó relaciones académicas y sembró sospechas entre docentes y estudiantes. La UV no puede permitirse seguir atrapada en esa dinámica.

Si algo debe aprenderse de este episodio es que la Universidad no puede ser rehén de corrientes partidistas ni de rectores-políticos o pseudoacadémicos investidos de operadores políticos. Cada vez que la rectoría se convierte en una extensión de intereses externos, la academia pierde.

Hoy más que nunca urge una depuración institucional. Drenar las heridas no significa silenciar la crítica, sino separar la legítima discusión académica de la ambición política. La UV debe consolidar un proyecto estrictamente universitario, no partidista.

 

Comparar con memoria, no con nostalgia

Vale la pena, en frío, hacer un ejercicio de memoria: ¿qué tan brillantes fueron realmente los rectorados anteriores? ¿Cuánto aportaron en términos de crecimiento académico, investigación, infraestructura, vinculación internacional? Y, sobre todo, ¿qué ocurrió con los recursos durante esos periodos?

Existen antecedentes de presuntos enjuagues y negocios multimillonarios que aún siguen bajo análisis por posible daño patrimonial e irregularidades administrativas. La historia reciente de la Universidad no es intocable ni está exenta de sombras. Por eso resulta paradójico que quienes formaron parte de esos esquemas pretendan erigirse hoy en guardianes de la legalidad.

Comparar no es atacar; es poner en perspectiva.

 

Un nuevo ciclo con mayor apertura

La confirmación de la prórroga abre un nuevo ciclo para la rectoría de Martín Aguilar Sánchez. Si algo quedó claro durante la crisis es que los logros institucionales no siempre se comunican con eficacia. Hay avances en múltiples áreas —académicas, científicas, de gestión— que no lograron posicionarse ante la opinión pública, en parte porque los propios grupos internos bloquearon su difusión.

La UV necesita fortalecer su narrativa institucional hacia el exterior. Lo que se está haciendo bien debe conocerse. La transparencia no solo es rendición de cuentas; también es comunicación estratégica.

El fallo del Tribunal no es una victoria personal. Es una reafirmación de la autonomía universitaria. Pero la legitimidad no se gana únicamente en tribunales; se consolida todos los días en aulas, laboratorios y espacios culturales.

La lección es clara: la Universidad Veracruzana debe estar por encima de las corrientes políticas. No más rectorías convertidas en plataformas de poder. No más disputas por el presupuesto como si se tratara de un botín.

Que este nuevo periodo sea el de la consolidación académica y la reconciliación interna. Porque si algo merece la comunidad universitaria es una institución fuerte, autónoma y alejada de las ambiciones que tanto daño le han hecho.

 

Al tiempo.

 

 

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