*Análisis desde la sociología del deporte y los estudios de género.
*Este certamen es un campo pertinente para pensar los mandatos de masculinidad y despojar al balompié de su esfera competitiva.
/ ALI SILES Y XIMENA GARDE* /
En el marco de la realización de la Copa Mundial de Futbol de 2026 con sede en México, Estados Unidos y Canadá, el balompié varonil está en el centro de la discusión pública. Más allá de la destreza atlética, este deporte ofrece una ventana privilegiada para entender las dinámicas sociales. Ali Siles, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM, explica cómo desde la sociología del deporte y los estudios de género, este es un campo pertinente para pensar los mandatos de masculinidad.
En la sociología del deporte se ha estudiado, comenta Siles, la relación que tiene la competición deportiva con lo que algunos autores llaman una sublimación de la pugna por el poder: el deporte ha servido históricamente para canalizar emociones de lucha de una manera reglamentada. Expresiones que acompañan el discurso deportivo como “la batalla”, “la conquista” o “la lucha”, ejemplifican este nexo.
El deporte ha sido históricamente un campo sumamente masculinizado. En él se despliega lo que el investigador denomina una “masculinidad guerrera”, un modelo que exige a los participantes “dejar la piel en el campo” y priorizar la fuerza y la imposición sobre el contrincante. El objetivo primordial del futbol, el deporte, y la idea de masculinidad, es someter y reducir al rival. Hay otros valores que se destacan en este espíritu como son la lealtad y el respeto, pero son oscurecidos por la idea de ganar.
Además, es pertinente poner en el foco de la conversación la función lúdica y de desarrollo personal que ofrecen los deportes como el futbol, y despojarlo de su esfera competitiva y guerrera, pues es ésta la que replica mandatos de género que provocan violencia.
A pesar de que hoy existe una presencia creciente de mujeres y otras identidades en el ámbito deportivo, se sigue favoreciendo lo varonil. El Mundial de futbol masculino continúa eclipsando al femenino en términos de audiencia y ganancias económicas. Siles señala que, aunque el interés por el futbol femenil aumenta, este suele seguir los mismos códigos de éxito del modelo masculino: si las mujeres no ganan, el público pierde el interés, demostrando que la lógica de victoria, conquista y sometimiento sigue siendo el motor principal de la industria.
Gaceta UNAM


