*En un mundo donde figuras como Putin o Trump buscan dominar las relaciones de poder, las mujeres líderes representan alternativas que dignifican la política y abren caminos hacia modelos más inclusivos y democráticos.
*Editorial
12.01.2025.- BPNoticias /La gobernanza feminista es un modelo político que busca transformar las estructuras tradicionales de poder desde una perspectiva de género. No se limita a que las mujeres ocupen cargos de representación, sino que implica diseñar políticas públicas que reconozcan las desigualdades históricas, que dignifiquen la vida de las mujeres y que promuevan la justicia social.
Su objetivo es desmontar los mecanismos de exclusión y violencia que han marcado la política durante siglos, colocando la igualdad sustantiva como eje rector de las decisiones de gobierno. No es una tarea fácil para ninguna Presidenta, en medio de la lucha de poderes que ha desatado el vecino de al lado.
En el caso de México, la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia representa un hito histórico. Sin embargo, el reto no se reduce a ocupar el cargo más alto del país, sino a gobernar en un entorno internacional marcado por liderazgos machistas y por la presión de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump.
La vecindad con un país que busca imponer sus condiciones en la región coloca a la gobernanza feminista en una posición de resistencia y negociación constante. Sheinbaum debe demostrar que es posible defender la soberanía nacional y, al mismo tiempo, impulsar políticas que transformen la vida de las mujeres mexicanas.
El machismo político se expresa en múltiples niveles. En el plano interno, las mujeres en el poder enfrentan descalificaciones, estigmatización y violencia política de género. En el plano externo, deben lidiar con líderes que minimizan o ridiculizan la presencia femenina en la política.
Trump ha construido un discurso de supremacía que busca dominar las relaciones de poder en América Latina, lo que convierte a México en un escenario clave para demostrar que la gobernanza feminista puede resistir y proponer alternativas.
La gobernanza feminista se diferencia de los modelos tradicionales porque no se limita a administrar recursos, sino que busca transformar las estructuras de desigualdad. En México, esto significa enfrentar problemas estructurales como la violencia de género, la falta de acceso a la justicia y la exclusión económica de millones de mujeres. La presencia de una presidenta mujer es un avance simbólico, pero el verdadero desafío es convertir ese símbolo en políticas efectivas que cambien la vida cotidiana.
Los retos se amplifican cuando se considera la vecindad con Estados Unidos. La presión política y económica que ejerce Washington obliga a México a negociar constantemente. Para una gobernanza feminista, esto significa resistir la tentación de ceder en políticas que podrían debilitar la igualdad sustantiva.
Sheinbaum debe demostrar que la defensa de la soberanía nacional puede ir de la mano con la defensa de los derechos de las mujeres, y que la política exterior también puede tener un enfoque de género.
Un elemento central de la gobernanza feminista es la construcción de alianzas. No basta con la voluntad de una presidenta, se requiere el fortalecimiento de instituciones que garanticen la igualdad, la articulación de movimientos sociales y la creación de narrativas que dignifiquen el papel de las mujeres en la política.
La gobernanza feminista debe ser capaz de inspirar confianza y mostrar que las mujeres pueden liderar con eficacia, sensibilidad y firmeza.
En este sentido, la gobernanza feminista no solo responde a las agresiones externas, sino que propone un modelo alternativo de liderazgo.
Frente a un mundo machista y a líderes tan fuerte como Donald Trump, la gobernanza feminista plantea que la política puede ser transformada desde la empatía, la justicia y la inclusión. Es un modelo que busca demostrar que las mujeres no solo pueden ocupar el poder, sino que pueden redefinirlo.
Los retos de la gobernanza femenina en un mundo dominado por el machismo y bajo la presión de líderes que buscan imponer su visión son enormes. Sin embargo, también representan una oportunidad histórica para demostrar que la política puede transformarse desde una perspectiva feminista.
Claudia Sheinbaum, al frente de México, tiene la posibilidad de construir un modelo de gobernanza que enfrente las relaciones de poder internacionales y que transforme las estructuras internas de desigualdad. La gobernanza feminista, en este sentido, se convierte en una herramienta para dignificar la política y para demostrar que las mujeres pueden liderar con visión, justicia y fortaleza en un mundo que aún resiste su presencia en el poder.
Ejemplos de mujeres líderes frente a figuras de poder como Vladimir Putin muestran cómo la gobernanza femenina ha enfrentado entornos hostiles, machistas y dominados por discursos de fuerza.
Angela Merkel (Alemania)
La excanciller alemana Angela Merkel fue una de las pocas líderes capaces de sostener un diálogo firme con Vladimir Putin durante más de una década. En sus memorias relata cómo el presidente ruso utilizaba gestos intimidatorios, como presentarse con su perro sabiendo que ella tenía miedo, para marcar jerarquía. Merkel respondió con serenidad y pragmatismo, manteniendo la defensa de los intereses europeos y advirtiendo a sus aliados que Putin “vivía en otro mundo” tras la anexión de Crimea en 2014.
Sanna Marin (Finlandia)
La joven primera ministra finlandesa se convirtió en símbolo de resistencia frente a Rusia. Ante la invasión de Ucrania, Marin impulsó la histórica decisión de Finlandia de solicitar su ingreso a la OTAN, rompiendo con décadas de neutralidad. Su liderazgo mostró cómo una mujer en el poder puede tomar decisiones estratégicas de gran impacto geopolítico, incluso frente a la presión directa de Putin. Marin llegó a declarar públicamente que “deberíamos deshacernos de Putin”, reflejando la firmeza de su postura.
Jacinda Ardern (Nueva Zelanda)
Aunque no enfrentó directamente a Putin, Ardern se convirtió en referente mundial de gobernanza feminista por su estilo de liderazgo basado en la empatía y la firmeza. Durante la crisis del atentado en Christchurch en 2019, mostró cómo una mujer en el poder puede responder con sensibilidad y acción inmediata, prohibiendo armas semiautomáticas y reforzando la cohesión social. Su ejemplo contrasta con líderes que privilegian la fuerza militar o el discurso de dominación.
Mujeres rusas opositoras
Además de líderes institucionales, figuras como Yulia Navalnaya, Olga y Anastasia han desafiado directamente al régimen de Putin desde el exilio o dentro de Rusia. Estas mujeres han denunciado la guerra en Ucrania y la represión interna, convirtiéndose en voces incómodas para el Kremlin. Su valentía, pese a la persecución y el riesgo de cárcel, muestra cómo la resistencia femenina se expresa incluso en contextos autoritarios.
Claudia Sheinbaum
En el caso de México, Claudia Sheinbaum enfrenta un reto distinto pero igualmente complejo: gobernar en vecindad con Estados Unidos bajo Donald Trump, un líder que busca imponer condiciones y proyectar poder sobre la región. Al igual que Merkel frente a Putin o Marin frente a Rusia, Sheinbaum debe demostrar que la gobernanza feminista puede resistir presiones externas, defender la soberanía y al mismo tiempo transformar las estructuras internas de desigualdad.
Los ejemplos de Merkel, Marin, Ardern y las opositoras rusas muestran que la gobernanza femenina no se limita a ocupar cargos, sino que implica enfrentar liderazgos machistas y autoritarios con estrategias que combinan firmeza, empatía y visión de largo plazo.
En un mundo donde figuras como Putin o Trump buscan dominar las relaciones de poder, las mujeres líderes representan alternativas que dignifican la política y abren caminos hacia modelos más inclusivos y democráticos.












