Hacer haciendo la política

* En tierra ocupada.

/ Melissa Cardoza /

Los espacios que parecen separar las luchas de la gente, la que aún lucha, pueden ser enormes, porque todo es prioritario, urgente, a todo se llega tarde y con la angustia por delante, y además de eso se requiere vivir porque sin la vida no hay lucha.

El costo de la materialidad, sin la que no podemos andar, aumenta de una manera tan volátil que empieza a desaparecer de la cotidianidad las cosas más básicas para quedarse con lo mínimo indispensable, y eso toca el estómago, el cobijo y la seguridad más primaria, hoy bajo amenaza brutal. La crisis hace mella en todos lados. Uno de los aciertos para quienes buscamos rutas colectivas de salida debiera ser poder juntar esas luchas y materia y hacer posible que también haya tiempo para las vidas del hoy, propias y necesarias. Nada de lo que digo es algo que no sepamos, sólo que hay lugares y tiempos en lo que eso arrecia, y pensarle y escribir sobre ello es también algo que se requiere como la lluvia y el territorio.

Acá en esta tierra nunca hubo realmente descanso para quien desea la justicia, desde que conocemos el relato de ser país, ha tocado ir empujando el despojo, el latrocinio y la avaricia muy lejos para poder vivir, casi siempre en los apellidos de siempre, pero vuelven recargados.

Hay tiempos más duros, y parece que de nuevo estamos ahí. La fanfarria del cambio y la esperanza que no duró más que los minutos de la publicidad del gobierno progresista enterró aún más los destinos de un pueblo curtido a fuerza de explotación y violencia, porque como casi todas las experiencias progresistas que hemos visto, unas con más derechos logrados que otras, claudican ante la seducción del poder, del bienestar propio, de la jerarquía de los liderazgos y sus ganancias y tienen una tremenda habilidad para alejarse de esos pueblos que tanto dicen querer. Triste final para un inicio tan poderoso como lo fue la resistencia ante el golpe de estado del 2009.

La enorme puerta a la ultraderecha siempre abierta en estas fincas fruteras hoy deja pasar lo peor de lo humano nacido acá y en todas partes. Es un hecho que los Nobeles de economía que hoy deliran por obtener tierra y súbditos han logrado otro enclave en esta Honduras, y lo andan buscando por todas partes, en nombre de los 900 seres humanos que se han apropiado del mundo, y aquí lo van a tratar de imponer a como dé lugar, o sea a balazos y cárcel. Los lacayos locales, gente sin más mandamientos que su bienestar, que piensa en inglés y canta al son de los dueños del norte global, odia profundamente a sus compatriotas a quienes necesita para acarrear votos en una democracia que nunca sirvió, pero que ya da pena y vergüenza. Esos que hoy desgobiernan detestan a esa mayor parte de la cara de esta Honduras, la pobrería como decía Marta la de la Lopez, y como siempre es desde ahí que vienen las respuestas. En los mejores sueños blancos de la grandeza que se encarnan en el mundo del norte con su policía migratoria y su miseria, los negros somos gente que debemos estar aparte, lejos de los amos, pero resulta que resistimos.

Aquí en la tierra donde veo pasar los años y las tormentas, un pueblo inmenso ha decidido hace ya algunas décadas no dejar de defender sus proyectos vitales autónomos, y hace mucho también supo que la democracia por muy bonita que suene, huele a la misma colonia de siempre y no se han tragado ese cuento. Es verdad que otras personas, organizaciones y grupos en el país lo han pensando y dicho desde sus lugares del hacer, pero es que mencionar al pueblo garífuna y la OFRANEH como organización central nos llena de fuerza y ánimo, porque sólo de mirar a todos lados, dejando un rato de ir tras el balón de oro de un futbol envilecido por los mismos, no vemos mucha gente junta que ande logrando sostener propuestas de mundo.

Bueno, aquí se hace. Las comunidades de San Juan, de Tornabé, del Triunfo de la Cruz, de Punta Piedra, Trujillo y un sin fin más lo hacen desde hace mucho, como respuesta les mandan balas, policías, sicarios, medios de comunicación, amenazas y desalojos. La comunidad se crece, se suma la otra gente que sabe que es por ahí por donde va el camino, y levanta campamentos donde hay que hablar de política, campamentos llenos de mujeres luchadoras que también no dejan de hablar del patriarcado del movimiento, del racismo de las prácticas políticas, en este hacer haciendo que es la metodología del buen hacer por estos días.

Todo apunta a que el gobierno actual de Juan Orlando Hernández, de nuevo jefe y sus empleados va a continuar persiguiendo, amenazando y atacando a quienes se sumen a la desobediencia civil del pueblo garífuna: pacífica, determinada, organizada, reflexiva y acompañada por las ancestralidades que siempre lucharon por la vida libre y armoniosa.

Es verdad que nadie habla bien de Honduras y que se nos conoce por base militar, por no llegar al mundial y narcopolíticos entreguistas, pero es que de tanto ver futbol a la gente se le ha quedado redonda la mirada y no enfoca bien que acá se anda sosteniendo la dignidad con todo lo que se tiene.