IA y elecciones

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* Linotipia.

/ Peniley Ramírez /

Es febrero de 2026. Nemesio Oseguera, “El Mencho”, ha caído. En el aeropuerto de Guadalajara la gente corre en pánico. En todo el país, millones de usuarios se vuelcan a sus celulares. Quieren saber qué está pasando. Lo que sigue es una batalla de reportería contra desinformación.
Peniley Ramírez es periodista de investigación y autora del libro Los millonarios de la guerra.

America’s Voice News, un medio de ultraderecha de EU, viraliza el video de un avión en llamas, hecho con inteligencia artificial, diciendo que es el aeropuerto de Guadalajara. El Observatorio de Medios Digitales del Tec de Monterrey rastrea esta noticia falsa. En las siguientes horas, detecta muchas otras. Dicen que “El Mencho” sigue vivo, reportan incendios masivos que no existen, o publican videos viejos como si fueran de ese día. La desinformación es intencional y aumenta el pánico ante los bloqueos que sí hacen criminales del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Lo que pasó en Guadalajara no es casual ni único. En la última década, quienes estudian inteligencia artificial han dicho que funciona, al mismo tiempo, como solución y amenaza ante la desinformación. En 2019, un estudio del Woodrow Wilson Center analizó cómo la IA mejoraba la detección de bots que replican información manipulada. Cuando se publicó el estudio, faltaban tres años para que OpenAI lanzara ChatGPT. Ahora, el chat tiene 900 millones de usuarios. Y el uso de esta herramienta y otras, como Claude, Deepseek y Gemini, ha cambiado radicalmente las reglas del juego.

En estudios más recientes, los investigadores han analizado cómo la generación de millones de notas, videos y podcasts con inteligencia artificial ha hecho que se publique más información que nunca antes, pero que los usuarios consuman contenido de “menor calidad”.
Google ha reportado una caída del 61% en las consultas dirigidas a sitios web de periodismo. Cuando una persona busca una noticia en Google, le aparece un resumen del caso con varias fuentes citadas. Seis de cada 10 personas ya no hacen clic en ese enlace para acceder a la fuente original. El resumen basta.

El año pasado, otro estudio en Singapur encontró que estos modelos que privilegian el resumen ayudan a difundir más contenido falso. Las herramientas de IA se alimentan de contenido de fácil acceso, sin filtros rigurosos con protección de derechos de autor. Para los agentes de la desinformación, publicar información sin esos filtros es conveniente. Se difunde rápido, alimenta a los motores de búsqueda, y luego se incluye en los resúmenes que vemos en Google o en el ChatGPT.

Todo esto, dicen los investigadores, genera un “efecto de verdad ilusoria” que contribuye a que las audiencias no sepan qué creer, incluso cuando ven información publicada en medios tradicionales.

Para 2030, dicen los investigadores, “distinguir el contenido original del manipulado podría ser casi imposible para los consumidores”, pero también “para las máquinas”. La nueva IA, dice otro estudio, permite realizar propaganda electoral “hiperpersonalizada, escalable y encubierta”.

Mientras los medios en todo el mundo sufren por falta de financiamiento para sustentar sus iniciativas de verificación de datos, otros estudios han concluido que no hay suficientes regulaciones por parte de los gobiernos ni suficiente dinero para combatirlo. El más reciente, publicado hace apenas dos semanas, dice: “ni la regulación unilateral ni los incentivos de mercado, por sí solos, pueden frenar eficazmente la desinformación”. Por eso, se necesita un “régimen estable de producción de información real”.

Esta semana, reflexioné sobre este tema en Guadalajara durante mi ponencia en el Congreso Internacional Derechos Humanos, DIH y Desorden Mundial, organizado por la Universidad de Guadalajara y la Red Internacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. Allí Loretta Ortiz, ministra de la Suprema Corte, dijo que esa institución está implementando la IA sin haberla regulado antes.

México se acerca a un complejo periodo electoral sin una regulación amplia sobre inteligencia artificial, que realmente ponga por delante a las audiencias. Lo hace con herramientas cada vez más avanzadas para producir información falsa y con un gremio periodístico que necesita más dinero, más apoyo y más tecnología, pero no lo tiene. Y nada parece indicar que vaya a tenerlo.