Irán cierra el estrecho de Ormuz en plena guerra con Estados Unidos e Israel.

*La clausura del estrecho coloca a Medio Oriente en el centro de la crisis mundial

*Podría transformar un conflicto regional en una crisis global.

28.02.2926 Teherán. – El gobierno iraní confirmó el cierre del estrecho de Ormuz, paso marítimo estratégico por donde circula cerca del veinte por ciento del petróleo mundial.

La medida fue anunciada por la Guardia Revolucionaria como respuesta directa a los bombardeos coordinados de Estados Unidos e Israel sobre instalaciones militares y nucleares en Teherán y otras provincias.

“El estrecho es nuestro territorio y ningún buque podrá cruzar mientras dure la agresión”, declaró el portavoz militar, subrayando que el cierre es parte de la defensa nacional frente a lo que calificó como “acto de guerra imperialista”.

El Ministerio de Defensa iraní agregó que el cierre busca impedir el tránsito de buques estadounidenses y aliados, y que cualquier intento de atravesar el corredor marítimo será considerado hostil.

El canciller iraní, en conferencia de prensa, afirmó que “Irán tiene derecho a utilizar todos los medios a su alcance para proteger su soberanía” y responsabilizó a Washington y Tel Aviv de haber llevado la situación a un punto de no retorno.

El impacto del cierre del estrecho de Ormuz es inmediato y global. Los precios del crudo se dispararon en cuestión de horas, superando los 120 dólares por barril, y varias navieras internacionales suspendieron sus rutas habituales.

Japón y Corea del Sur activaron planes de emergencia para garantizar el suministro energético, mientras Europa reportó un alza abrupta en los costos de importación.

En América Latina, México expresó preocupación por la volatilidad de los mercados y Cuba respaldó la decisión iraní como un acto de soberanía frente a la agresión militar.

Estados Unidos mantiene desplegada su Quinta Flota en el Golfo Pérsico y ha advertido que garantizará la libertad de navegación.

Analistas internacionales señalan que un cierre prolongado podría paralizar el comercio energético global y desencadenar una recesión.

Irán, sin embargo, insiste en que el estrecho permanecerá bloqueado mientras continúen los ataques en su territorio.

Históricamente, Irán ha utilizado el estrecho de Ormuz como herramienta de presión en momentos de conflicto con Estados Unidos y sus aliados. Desde la década de 1980, durante la llamada “guerra de los petroleros” en el marco de la guerra Irán-Irak

Teherán amenazó con bloquear el paso de buques para golpear directamente la economía mundial. En 2011 y 2012, cuando Washington intensificó las sanciones contra el programa nuclear iraní, altos mandos de la Guardia Revolucionaria declararon que “si Irán no puede exportar petróleo, nadie lo hará”, insinuando un cierre del estrecho como represalia.

Cada vez que Irán ha planteado esta posibilidad, el impacto ha sido inmediato en los mercados energéticos. El estrecho de Ormuz concentra cerca del veinte por ciento del tránsito mundial de crudo y gas natural licuado, lo que convierte cualquier interrupción en un factor de riesgo global.

En 2019, tras el ataque a buques petroleros en el Golfo de Omán atribuido a fuerzas iraníes, los precios del petróleo se dispararon y Estados Unidos reforzó la presencia de su Quinta Flota en la zona.

El cierre actual se inscribe en esa tradición de utilizar el estrecho como palanca estratégica. A diferencia de amenazas anteriores, esta vez ocurre en el marco de una guerra abierta, lo que multiplica el riesgo de enfrentamiento directo con Estados Unidos e Israel.

El bloqueo no solo afecta a los países consumidores de energía en Asia y Europa, sino que también golpea a aliados de Washington en el Golfo, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, que dependen de esa ruta para exportar su producción.

Analistas señalan que Irán busca demostrar que tiene capacidad de alterar el equilibrio energético mundial y que cualquier ataque contra su territorio tendrá consecuencias más allá de Medio Oriente.

El estrecho de Ormuz se convierte así en un instrumento de presión política y militar, capaz de transformar un conflicto regional en una crisis global.