*De una marioneta de carrizo a una alfombra roja en Morelia, la trayectoria del actor veracruzano José Valentín muestra cómo la formación artística, la lengua materna y los recuerdos de infancia pueden abrir oportunidades en el cine.
*José Valentín, el viajero que salió de un pueblo de Veracruz para brillar en las plataformas Internacionales.
Por Jorge Herrera Bullness / Radio Fórmula .
Un día inesperado, aunque buscado, una canción en náhuatl aprendida durante la infancia en San Juan Volador, Pajapan, una pequeña comunidad al sur de Veracruz, terminó por abrirle las puertas al papel protagónico de una película.
Esta excepcional situación surgió durante una prueba de actuación para la producción de Tonantzin Guadalupe, cuando el director del largometraje documental escuchó que uno de los aspirantes cantaba La Guadalupana en náhuatl…
Esta ocurrencia casi casual le ganó a un joven histrión veracruzano no solo un papel relevante en la producción, sino también una plataforma que contribuyó a impulsar su reconocimiento profesional.
José Valentín es el actor mexicano que acudió a aquella prueba, y recuerda que sí tuvo vergüenza, pero ganó su determinación y, finalmente, ese recuerdo de infancia improvisado durante el casting no solo permaneció, sino que terminó por formar parte de la película.
La historia comenzó lejos de los rodajes, entre libros escolares y juguetes improvisados. Fue un camino de formación que, junto a puertas cerradas, también encontró personas dispuestas a compartir sus experiencias y conocimientos para convertir una inquietud infantil en una luminosa oportunidad de trabajo, resiliencia y reconocimiento popular.
Una biblioteca escolar y una marioneta de carrizo
El primer acercamiento a la creación ocurrió en un pequeño rincón de lectura de una escuela primaria rural en Veracruz donde, cada semana, un niño llevaba un libro a casa. Pero había uno que le llamaba especialmente la atención… Un libro sobre marionetas, que explicaba su funcionamiento e, incluso, tenía instrucciones para construirlas.
Los materiales disponibles eran carrizo e hilo de pescar de su padre. Con estos elementos caseros y rústicos se abocó a fabricar uno de esos fantásticos seres capaces de contar las más extraordinarias historias en manos de un todavía inexperto manejador.
Después, al llegar al sexto año de primaria, último grado que podía cursar en su comunidad, pues era el único nivel educativo disponible, un entusiasta nuevo profesor propuso crear y montar una obra de teatro…
Ni tardo ni perezoso, José Valentín convirtió una sábana de su madre en el vestuario de un rey, a la vez que su afición por la lectura lo incitaba a transformar las historias en personajes y escenas.
En el bachillerato, el teatro adquirió otra dimensión para el tan joven como entusiasta creativo. Un maestro organizó un grupo formal de teatro y, junto a ello, llegaron los ejercicios físicos, los ensayos estrictos y las demandantes presentaciones.
Para alguien que tenía las telenovelas como único referente actoral, aquello fue un eureka: descubrir que actuar también exigía correr, entrenar y prepararse con fuerza y determinación.
Y su vocación histriónica no cejó, aun cuando, por consejo familiar, cursó estudios de Administración Turística, pues, como le habían advertido, “algo serio te debe dar de comer”.
Sin embargo, la ruleta rusa de la vida lo llevó de urgencia al hospital y, posteriormente, a permanecer un largo tiempo convaleciente. Esa experiencia lo condujo a tomar una determinante decisión: ser artista.
Se formó en el Centro Morelense de las Artes, y luego llegó a la Ciudad de México. Era 2016, y encontrar trabajo implicó tocar puertas con muchas ganas y pocos contactos.
Así caminó durante un tiempo, hasta que llegó la pandemia de COVID-19, y con ella como sombra, un taller virtual de actuación frente a cámara y su insistencia en enviar materiales a responsables de casting terminaron por abrirle un nuevo cuaderno de vida, esta vez de la mano de la Virgen de Guadalupe.
Hablar náhuatl también implicó volver a aprender
Entre los envíos de materiales y los frecuentes “gracias, nosotros te llamamos”, llegó la prueba para la película documental Tonantzin Guadalupe, dirigida por el cineasta mexicano Jesús Muñoz, cuya preparación le exigió varios días de intenso trabajo.
Ser hablante de náhuatl no era suficiente para (re)conocer todas las formas antiguas de los diálogos en el guion e, incluso, había palabras que el joven actor desconocía, por lo que, en la duda y determinado a dar su mejor esfuerzo, José Valentín preparó sus intervenciones en náhuatl y en español.
Durante el proceso de casting del filme, casi de manera casual —si tal circunstancia existe—, sonó La Guadalupana, canción que aprendió de su abuela, quien nunca habló castellano, sólo náhuatl.
Y así, con un humilde homenaje a la nonantzin morenita del Tepeyac que conoció en la intimidad del hogar, captó la atención de Muñoz y de la producción.
El director le pidió interpretar las líneas de su personaje como si estuviera traduciendo para Hernán Cortés, lo que le significó reencontrarse con esa memoria y enfrentarse a la realidad de la historia que se contaba, además de consolidar su participación en la cinta.
“Para mí esto representó mucha reivindicación y conexión con lo que soy”, explica el actor.
Temporada de Huracanes
Posteriormente, tras su participación en Tonantzin Guadalupe, llegó la invitación a formar parte de la película Temporada de Huracanes.
En esta ocasión, los referentes que propiciaron su convocatoria fueron, además de sus habilidades actorales, el característico humor veracruzano, el doble sentido y las formas costumbristas de convivencia, elementos esenciales para construir su personaje.
José Valentín recuerda que la observación y la preparación acompañaron ambos procesos cinematográficos, en los que se comprometió a profundidad.
Asegura que, para evitar el encasillamiento como actor mexicano de origen humilde hablante de náhuatl, debe prepararse y actualizarse de forma tan constante como regular, pero especialmente, “observar la vida” y sus muchos aconteceres.
De mirar una alfombra roja a participar en el festival de Morelia
Al terminar las filmaciones de ambos trabajos, decidió conocer personalmente el Festival Internacional de Cine de Morelia. Y lo hizo como un espectador más, que pagó el viaje y las entradas con sus ahorros.
Durante su visita a la capital michoacana, realizó los recorridos tradicionales por las calles de la ciudad y procuró mirar, lo más cerca posible, tantas alfombras rojas como pudiera, mientras pensaba en lo hermoso que sería participar algún día.
“Ojalá que algún día la vida me permita estar ahí”, recuerda entusiasmado.
Y como la suerte es de quien la trabaja, al siguiente año regresó. Pero esta vez lo hizo como “Gatarrata”, personaje que interpretó en Temporada de Huracanes, película de Elisa Miller basada en la novela homónima de Fernanda Melchor, que se estrenó en el festival.
Para él, aquella visita lo condujo a un espacio donde no solo pudo dar a conocer su trabajo, sino también incorporarse a una agenda de contactos profesionales que le permitió conectar con la industria cinematográfica, sus integrantes y sus tomadores de decisiones.
Este encuentro, junto con el reconocimiento y el impacto de las obras en que ya había participado, lo llevaron a integrarse en otros niveles de representación y promoción, hasta desembocar en una aparentemente inevitable Colisión.
Colisión no es solo una forma de describir el punto al que ha llegado su trayectoria, sino también el nombre de una telenovela producida por Telemundo Studios para HBO Max, en la que interpreta a un minero.
Se trata de una vuelta casi casual a sus primeros referentes histriónicos, aquellas telenovelas que miraba por televisión abierta durante su infancia y que, sin saberlo, acompañaron el nacimiento de su vocación artística.
Trayectoria y consecuencia social: abrir oportunidades desde las comunidades indígenas
La ruta de vida y trayectoria que han formado a José Valentín, desde las charlas caseras en náhuatl, las telenovelas transmitidas por televisión abierta, el acceso —aunque limitado— al mundo mágico de la literatura y los titiriteros, hasta las alfombras rojas de festivales de cine y las plataformas internacionales de streaming, ofrecen a figuras como él la posibilidad de impulsar el entusiasmo y las ganas de crecer de las niñas y los niños, incluso en los lugares más remotos.
En la actualidad, José Valentín coordina un área de talento emergente en la agencia de la que forma parte, y trabaja en la escritura de una ficción que espera producir próximamente. Con ella, busca convertirse en una mayor inspiración para quienes, como él, quieren “volar del pueblo”.
“Acercar la formación artística a las infancias de las comunidades indígenas sigue como una tarea pendiente, la cual requiere atender las condiciones de cada población”, señaló.
José Valentín asegura que el juego es la mejor de las vías para despertar la creatividad y ampliar las oportunidades de las y los niños y jóvenes mexicanos.
Recuerda que, aunque ya hay iniciativas comunitarias que vinculan la enseñanza musical con los grupos tradicionales y sus lenguajes, resulta indispensable fortalecer y extender esos espacios.
Concluyó enfático que una biblioteca, un taller o una canción permiten a espíritus creativos todavía latentes descubrir sus propias capacidades y comprender que existe una gran cantidad de opciones creativas, artísticas y culturales.
Opciones que no solo les brindan la posibilidad de continuar, aprender y crecer, sino también de llevarles, como ocurrió con aquel niño que construía marionetas de carrizo, a brillar junto a las estrellas.
Crédito: Jorge Herrera Bullness / Radio Fórmula
https://www.radioformula.com.mx/espectaculos/como-una-cancion-en-nahuatl-llevo-una-historia-de-infancia-al-cine-internacional-20261021-0014.html

