La “barredora” a Adán Augusto y su pandilla.

*Rúbrica

/ Por Aurelio Contreras Moreno /

La esperada caída de Adán Augusto López Hernández como coordinador de Morena en el Senado –que en automático, lo saca también de la presidencia de la Junta de Coordinación Política y le quita el manejo político y financiero de la Cámara- marca un punto de inflexión para el régimen.

Debilitado por los señalamientos de vínculos con el crimen organizado, concretamente con el grupo conocido como “La Barredora”, y por presiones al interior de Morena, su salida abre un espacio para que la presidenta Claudia Sheinbaum empiece a ejercer un mayor liderazgo en su partido, el cual le había sido disputado de manera inaudita por el exgobernador tabasqueño, envalentonado –y muy probablemente animado- por su cercanía con Andrés Manuel López Obrador.

Las investigaciones judiciales y periodísticas que documentaron el crecimiento atípico de grupos criminales en Tabasco durante su gestión como gobernador, con acusaciones de protección institucional y redes de impunidad, finalmente tomaron forma con la detención de Hernán Bermúdez Requena, su exsecretario de Seguridad y líder de “La Barredora”, explotando un escándalo que minó inevitablemente el liderazgo del también exsecretario de Gobernación del obradorato, no obstante lo cual se aferró a su cargo en el Senado hasta que, por lo visto, fue insostenible por sus costos políticos. Para Morena y para el gobierno.

Ahora, este movimiento abre un espacio no solo para que Claudia Sheinbaum ejerza un liderazgo más directo sobre la bancada morenista y sobre la agenda legislativa, sino para su mismo ejercicio presidencial.

En varias ocasiones, López Hernández operó en sentido contrario de los deseos e intereses de Sheinbaum, llegando al punto de desafiarla abiertamente. Baste recordar la insólita ratificación de la impresentable Rosario Piedra Ibarra en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, cuando la candidata de la presidenta era otra. Fue una humillación política que, por cierto, también hay que atribuirle, principalmente, de hecho, a López Obrador.

No por nada, hasta ahora el actual gobierno es percibido como una mera prolongación del obradorato, con decenas de operadores, más que heredados, impuestos. Este reacomodo le permite a Sheinbaum comenzar a marcar distancia y, por lo menos, intentar gobernar y decidir con mayor holgura, en un momento en el que las presiones desde Estados Unidos no le dejan demasiado espacio para maniobrar. Y con la sombra de su antecesor encima, peor. Ya se verá si lo logra.

En Veracruz, este reacomodo tiene implicaciones directas en la disputa por el control político rumbo a 2027 y 2030. Adán Augusto tiene varias “viudas” que a partir de ahora quedan casi en la orfandad política, como el “chaquetero” senador Miguel Ángel Yunes Márquez, quien brincó al “barco” morenista con el salvavidas de la impunidad que le lanzó López Hernández a cambio de su traición en la votación de la reforma judicial.

A pesar del apoyo irrestricto de López Hernández, el “Chiquiyunes” encontró en el estado la negativa total de la gobernadora Rocío Nahle a aceptarlo como nuevo “camarada”, a grado tal, que Morena terminó rechazando su afiliación… aunque no sus votos comprados en el Senado.

Otro es el diputado “dato protegido”, el inenarrable Sergio Gutiérrez Luna, quien debe cualquier capital político que haya logrado adquirir gracias al apoyo de Adán Augusto, quien incluso lo alentó en su loco delirio de ser candidato a gobernador de Veracruz. Una vez que deje la diputación que le regalaron, se diluirá y regresará a su verdadero nivel: la nada.

Uno más es el empresario Fernando Padilla, contratista preferido del sexenio de la “fidelidad”, quien apoyó la fallida precampaña presidencial de Adán Augusto y hasta financió la de la senadora “augustista” Andrea Chávez a la gubernatura de Chihuahua, con la mira puesta en que el tabasqueño ocupara en el futuro la silla presidencial y continuar haciendo negocios al amparo del poder. Otra vez, se le cebó.

La salida de Adán Augusto López Hernández del liderazgo morenista en el Senado simboliza el fin de una etapa –que en una de ésas, termina con detenciones y expulsiones a Estados Unidos- y es a la vez una oportunidad para sacudirse lastres.

Le aplicaron la “barredora” a Adán Augusto y su pandilla.

 

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