La burla .

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/Por Marisol Escárcega ./

Nos mintieron. No llegamos todas

Llegaron, sí, pero las de siempre. Las privilegiadas, las hijas de políticos, las militantes de partidos, las aliadas del patriarcado, las gobernadoras del partido oficialista, las legisladoras que no conocen la dignidad, las que garantizan que los hombres se perpetúen en el poder, incluso si son violentadores.

Nos tomaron el pelo, se burlaron de nosotras, echaron por la borda más de tres siglos de lucha feminista. Se les olvidó el Campo Algodonero, las víctimas de Atenco, las de Castaños. No se detuvieron a pensar en Marisela Escobedo, en Mariana Lima, en Ernestina Ascencio, en Abril Pérez, en Ingrid Escamilla, en Olimpia Coral, en la madre de Marichuy, en la de Lesby o en la de Fátima o, en José Luis Castillo, padre de Esmeralda.

Llegamos todAs, dijo la primera Presidenta de México. No fue así.

En esta era histórica del país, en el sexenio donde hay más gobernadoras, más legisladoras, más senadoras, más mujeres en puestos de decisión política, donde, encima se creó la Secretaría de la Mujer, es cuando menos justicia tenemos. Justo en este momento en el que nos aseguran que “Llegamos todAs” nos gritan en la cara: “No estás sólo”. ¿Por qué?

¿Cuándo pasamos del “Llegamos todas” al “No estás sólo”?

Qué infamia la de ustedes de usar una frase tan nuestra, “No estás sola”, que ha retumbado en cada marcha, en cada protesta, que nos ha dado la fuerza para salir a las calles, sí, ese único lugar a donde nos han replegado, para exigir sólo una cosa: Justicia.

“No estás solo”, ¿de verdad? ¿Solo, el hombre que cuenta con fuero, con privilegios políticos y financieros?

¿En qué momento el “Llegamos todas” fue sinónimo de defender a los violentadores? Explíquennos, porque no entendemos.

Usaron el movimiento feminista y nuestros colores para conseguir un lugar privilegiado que, se supone, nos daría acceso a nuestros derechos, sobre todo, a la justicia, y encima se atrevieron a traicionar el postulado más importante para nosotras: “Yo sí te creo”.

Se burlaron de las que creyeron que con ustedes estaríamos en un lugar donde la historia las juzgaría por estar del lado correcto. Fue un engaño. No les interesa la defensa de los derechos de las mujeres, sino sólo beneficiarse del espacio político al que llegaron gracias al voto de millones de mujeres.

No llegamos todas. Ya nos quedó claro, y más a Nidia Fabiola Blanco. Sí, la mujer valiente que se atrevió a denunciar a su medio hermano, Cuauhtémoc Blanco de intentar violarla. Ella no llegó.

Nuevamente nos dejan ver que a la repartición de justicia no llegamos todas, al menos no las madres buscadoras ni las estudiantes que denuncian acoso sexual de sus profesores ni las trabajadoras del hogar que exigen condiciones laborales dignas, ni qué decir de las indígenas que, mientras ustedes estén en el poder, jamás podrán vencer los “usos y costumbres”.

¿Pruebas? Bueno, seguramente ya lo sabe la Presidenta, pero se le olvidó que, en los delitos cometidos contra las mujeres, sobre todo, los sexuales, la única prueba que tienen las víctimas es su testimonio, de ahí el “Yo sí te creo”, porque, verán, no vamos por la vida esperando que nos ataquen para sacar el celular y grabar, tomar fotos y conseguir testigos, para que cuando a alguien se le ocurra preguntarnos: “¿Dónde están las pruebas?, enseguida se las mostremos.

Ustedes no entendieron. No se estaba discutiendo una sentencia jurídica para el legislador, sino simplemente que enfrentara las denuncias como cualquier ciudadano, sin el privilegio del fuero. Se les estaba solicitando que le dieran la oportunidad a la denunciante de acceder al sistema de justicia. Era todo. No más. No menos.

No hubo sororidad, sólo burla, traición e indiferencia del “Congreso de la paridad”.