- Sin tacto .
/ Por Sergio González Levet /
Ya lo he comentado en anteriores ocasiones: cuando un dictador está por caer, termina por cometer todos los errores que aceleran su final.
Y he recordado el caso de Anastasio Somoza, el cruel sátrapa nicaragüense (ahora ese gran pueblo hermano sufre un émulo peor en la figura de Daniel Ortega). En 1979, el Frente Sandinista de Liberación Nacional logró armar dos grandes columnas guerrilleras que llegaron hasta la capital Managua desde el sur y el oeste, con el fin de aplastar la Guardia somocista y deponer al corrupto y asesino tirano. Venían con camiones llenos de fusiles y arengaban al pueblo a que saliera a luchar en contra de Somoza.
Pero la gente estaba temerosa después de muchos años de represión y se quedó en sus casas.
Ante la falta del apoyo popular, los sandinistas tuvieron que abandonar la ciudad y regresaron a la sierra para recomponerse. Unos meses después volvieron a hacer el intento de tomar Managua. La puesta en escena se repitió: tropas guerrilleras que llevaban camiones repletos de armas y volvieron a pedirle a los ciudadanos que salieran de sus casas para luchar en contra del régimen. Pero esta vez el dictador cometió un craso error. En su miedo ante los guerrilleros, dispuso que sus aviones de guerra bombardearan las calles tomadas de la capital del país. Y resulta que las bombas empezaron a caer en las casas de los pobladores. La propia fuerza aérea sacó a la gente a la calle, que pedía a gritos fusiles para atacar al miserable que los estaba matando desde el aire.
Somoza cavó así su propia tumba, tuvo que huir del país y el 17 de septiembre de 1980 fue asesinado en la capital de Paraguay por un comando sandinista apoyado por guerrilleros argentinos.
Ahora que está en picada el autoritarismo lopezobradorista, víctima de sus excesos, sus mentiras y su corrupción, se vuelve a presentar el anatema de los sátrapas: los gobiernos morenistas están cometiendo cada vez más errores, que los llevarán irremediablemente a perder el poder que consiguieron con el voto ciudadano en 2018 y que arrebataron a fuerza de la destrucción sistemática de las instituciones que sustentaban nuestra naciente democracia.
Cada reunión en Palenque, cada orden ejecutiva, cada campaña propagandística, cada mentira en contra del pueblo se les está revirtiendo, y crece así un sentimiento de rencor y hartazgo que terminará por sacarlos del poder que arrebataron y con el que están a punto de destruir el país.
La caída ya nadie la detiene.












