LA CIUDAD DONDE COMIENZAN MÉXICO Y AMÉRICA DEL NORTE

*
/Eduardo Sadot/

México comienza – de sur a norte – comienza porque es el punto donde comienzan “dos”, México y américa del norte y termina Centroamérica en la frontera con Belice, precisamente en la parte continental que se divide por el Rio Hondo en las costas del mar caribe.

Hace 128 años, el 5 de mayo de 1898 – de acuerdo a un docto apunte que me hiciera llegar un admirable quintanarroense Miguel Borge, que además nos obligó a profundizar en el tema – nació una ciudad que hoy representa identidad, frontera y soberanía por ese motivo la gobernadora Mara Lezama, ha preparado una celebración enfocada en la identidad, la renovación de espacios públicos y la justicia social, destacando el lema de “hacer brillar” la capital del estado: Chactemal “en maya lugar de los árboles rojos” en lo personal nos parece que debiera conservar el nombre de Payo Obispo, porque la ciudad no fue fundada por los mayas y para evitar la consonancia de “mal” en español ¿Por qué no? Mejor Chetubien. Volviendo a su historia, el asentamiento fue fundado con el nombre de Payo Obispo, en honor del obispo de Guatemala Payo Enriquez de Rivera quien después fuera Arzobispo de México y Virrey de la Nueva España (1673-1680) y promotor de Sor Juana, su nombre de Payo Obispo, fue impuesto en un contexto marcado por tensiones políticas, conflictos sociales y desafíos territoriales que definían el rumbo del sureste mexicano.

El antecedente inmediato de esta fundación se remonta al 22 de enero de 1898, cuando arribó a la bahía una embarcación singular: el Pontón Chetumal. Con apenas 70 centímetros de calado, podía navegar en aguas someras, lo que lo hacía ideal para la región. Bajo el mando del subteniente de la Armada Nacional, Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres, esta misión tenía un objetivo claro: establecer una aduana que permitiera controlar el tráfico ilegal de armas que, desde la colonia británica de Belice, llegaban a manos de grupos mayas en el contexto de la Guerra de Castas. Este conflicto, originado por profundas desigualdades sociales y abusos hacia la población indígena, había provocado desplazamientos masivos. Muchas familias mexicanas buscaron refugio en territorio británico. Fue en este escenario que Othón P. Blanco concibió una idea estratégica: fundar un poblado que no solo sirviera como punto de control comercial y militar, sino que consolidara la presencia y soberanía de México en la región. Así, el 5 de mayo de 1898, en la desembocadura del Río Hondo, nació Payo Obispo. Más que un asentamiento, fue una afirmación territorial. Décadas después, en 1937, el poblado adoptaría el nombre de Chetumal, consolidándose como la capital del entonces territorio federal de Quintana Roo, creado oficialmente en 1902. La evolución de Chetumal refleja el tránsito de un enclave estratégico a una ciudad con identidad propia. De sus primeras construcciones de madera y lámina —como el antiguo Palacio de Gobierno o la Torre del Reloj—, pasó a consolidar espacios emblemáticos como la Avenida de los Héroes, la Explanada de la Bandera, el Museo de la Cultura Maya y el boulevard Bahía. Chetumal no solo es capital administrativa; es símbolo de resistencia, planeación y visión de Estado. Su fundación responde a una lógica de defensa y orden, pero su crecimiento habla de comunidad, memoria y pertenencia. Recordar su origen es entender que, en sus cimientos, se encuentra una decisión clave para preservar la integridad territorial de México. A más de un siglo de distancia, la historia de Chetumal sigue siendo un testimonio de cómo la voluntad política, la fuerza de sus habitantes y la estrategia pueden transformar un punto remoto en un bastión nacional.

Durante algún tiempo irse al territorio de Quintana Roo significaba: destierro o exilio, desde las visitas de Pedro Infante en su avioneta de paseo y compra de productos ingleses que llegaban a su colonia británica “Belice” incluso el error de cálculo en el peso de su avioneta le costó la vida a Pedro Infante al desplomarse en Mérida viviendo de Chetumal, sus playas caribeñas, cada vez se fueron haciendo más famosas, aunque la bahía de Chetumal es poco profunda – como hemos explicado – para barcos de gran calado, su belleza es cautivadora y su comida particularmente el caracol del caribe cuando no es época de veda es un platillo mundialmente único y exquisito. Como retomara Mara Lezama la frase famosa del lugar y que dijera en su toma de protesta “beber agua de curvato” tiene el encanto de enamorarte del lugar, el curvato, es un recipiente de madera hecho sin clavos que se usa para almacenar el agua de lluvia, una peculiaridad de la región, influencia británica.

@eduardosadot
Tik tok: eduardosadotoficial