*Alguien como tú.
/ Gladys Pérez Maldonado. /
El 21 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Lengua Materna, proclamado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 1999 y celebrado oficialmente desde el año 2000. Esta fecha no es solamente simbólica: constituye un llamado global a reconocer que las lenguas maternas son el primer vínculo con el mundo, la raíz de la identidad cultural y un derecho humano fundamental.
La lengua materna es la primera que aprendemos en el hogar, en ella nombramos nuestras emociones, interpretamos la realidad y heredamos la memoria colectiva. Cuando una lengua desaparece, no solo se extinguen palabras, sino formas únicas de entender la naturaleza, la historia, la espiritualidad y la organización social. Por ello, la diversidad lingüística es patrimonio de la humanidad y su preservación es un imperativo ético y jurídico.
En México, país pluricultural y multilingüe, esta conmemoración adquiere especial relevancia. Nuestra nación reconoce constitucionalmente la composición pluricultural sustentada en sus pueblos originarios.
De acuerdo con las estimaciones de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023 y no directamente del Censo de Población y Vivienda realizado el 2025 pues no han sido difundidos aún los resultados oficiales, aproximadamente 39.2 millones de personas se identificaron como indígenas.
El Estado mexicano ha reconocido oficialmente 68 agrupaciones lingüísticas y 364 variantes, lo que refleja una riqueza cultural extraordinaria.
Sin embargo, la realidad plantea desafíos urgentes. Muchas lenguas se encuentran en riesgo de desaparición debido a factores como la discriminación histórica, la migración forzada, la falta de políticas públicas efectivas y la presión de lenguas dominantes en los ámbitos educativo, laboral y digital. La pérdida lingüística suele estar vinculada a procesos de exclusión estructural que afectan el acceso a la justicia, la educación y los servicios de salud.
El derecho a usar, preservar y transmitir la lengua materna está estrechamente relacionado con otros derechos humanos. El derecho a la identidad, a la educación intercultural bilingüe y a la participación política plena se ven limitados cuando el Estado no garantiza servicios en lenguas originarias. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha sostenido que el respeto a la identidad cultural es parte del derecho a la igualdad y no discriminación. Así, la protección de las lenguas no es una concesión cultural, sino una obligación jurídica.
En el ámbito educativo, la enseñanza en lengua materna durante los primeros años de escolaridad fortalece el aprendizaje, reduce la deserción y mejora el rendimiento académico. Diversos estudios internacionales han demostrado que los niños y niñas que reciben educación inicial en su lengua materna desarrollan mayores competencias cognitivas y emocionales. Sin embargo, persiste la insuficiencia de materiales didácticos y docentes capacitados en muchas comunidades indígenas.
Además, la revolución digital plantea un nuevo reto, la presencia de las lenguas indígenas en internet y en las tecnologías de la información. Si las lenguas no se adaptan a los entornos digitales, como aplicaciones, redes sociales, inteligencia artificial, corren el riesgo de quedar marginadas en la esfera pública contemporánea. La revitalización lingüística hoy exige estrategias innovadoras que incluyan la creación de contenidos digitales, la documentación audiovisual y la formación de jóvenes hablantes como promotores culturales.
El Día Internacional de la Lengua Materna nos invita también a reflexionar sobre la discriminación lingüística. En México, hablar una lengua indígena ha sido históricamente motivo de exclusión social. Combatir este prejuicio implica transformar imaginarios colectivos, promover el orgullo identitario y reconocer que el plurilingüismo es una fortaleza nacional.
Celebrar esta fecha no debe reducirse a actos protocolarios o discursos conmemorativos. Implica impulsar políticas públicas integrales, dirigidas al financiamiento suficiente para la educación intercultural, capacitación de intérpretes en el sistema de justicia, protección de defensoras y defensores culturales, y promoción activa de la producción literaria y artística en lenguas originarias.
Asimismo, es fundamental escuchar a las comunidades y garantizar su participación en el diseño de políticas lingüísticas. La revitalización no puede imponerse desde arriba; debe construirse con quienes viven y transmiten la lengua día a día. Las mujeres indígenas, en particular, desempeñan un papel central en la transmisión intergeneracional y requieren apoyo y reconocimiento.
En definitiva, el Día Internacional de la Lengua Materna nos recuerda que cada lengua es una ventana al mundo y un puente entre generaciones. Defenderla es defender la dignidad humana, la memoria histórica y el derecho a existir con identidad propia. México tiene ante sí el desafío y la oportunidad de consolidarse como un país que no solo reconoce su diversidad en el texto constitucional, sino que la garantiza en la vida cotidiana.
Proteger las lenguas maternas no es mirar al pasado; es construir un futuro más inclusivo, donde la pluralidad cultural sea fundamento de justicia social. Porque cuando una lengua vive, vive también la esperanza de un mundo más diverso, más humano y más equitativo…












