La discriminación persiste en México.

*Realmente no asombra que en nuestro país, con una sociedad tan desigual, se den estos desplantes de discurso supremacista y violencia verbal o a veces física: Federico Navarrete, de Investigaciones Históricas.

/ Rafael Paz /

Los motivos se relacionan con alguna característica o condición personal, como el tono de piel, manera de hablar, peso, estatura, forma de vestir o arreglo personal, clase social, lugar de residencia, creencias religiosas, sexo, edad, orientación sexual, ser una persona indígena o afrodescendiente, tener alguna discapacidad o enfermedad, opiniones políticas, estado civil o situación de pareja o familiar, entre otros. Imagen intervenida tomada de internet.

Es común abrir cualquier red social y encontrarse con un lord o una lady, apodo que emplean los mexicanos para señalar a algún ciudadano capturado por las cámaras en plena agresión. Por ejemplo, en julio del año pasado la argentina Ximena Pichel se convirtió en #LadyRacista después de que un video se viralizó; en él podía observarse cómo la modelo gritaba a un grupo de policías que intentaba multarla, utilizando frases como “odio a los negros como tú” y “pinche gata de mierda” en contra de los oficiales.

Para Natividad Gutiérrez Chong, coordinadora del Colegio de Gestión y Desarrollo Interculturales de la Facultad de Filosofía y Letras, este tipo de situaciones se presentan de manera cotidiana porque faltan más esfuerzos institucionales y desde la sociedad para combatir estas conductas.

“Se requiere muchísimo más. Creo que ahora, por primera vez y esto es muy reciente, se habla de que hay racismo y clasismo. No existen las razas, pero lo que importa es lo que cree la gente en ese tipo de contextos, en los que se emplea sobre todo para excluir, frenar la movilidad social, humillar y decirle a las personas ‘este es tu lugar, tú no te mueves de aquí’”, consideró.

Incluso, de acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS), realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el problema está creciendo. En 2017, el 20.2 % de la población de 18 años y más declaró haber sido discriminada en el último año; para el 2022, año más reciente en que se realizó la ENADIS, el 23.7 % de las personas mayores de 18 años y más manifestó haber sido discriminada, siendo las mujeres quienes lo reportan en mayor número que los hombres.

La ENADIS apunta que los motivos de discriminación se encuentran relacionados con alguna característica o condición personal, como el tono de piel, manera de hablar, peso o estatura, forma de vestir o arreglo personal, clase social, lugar de residencia, creencias religiosas, sexo, edad, orientación sexual, ser una persona indígena o afrodescendiente, tener alguna discapacidad o enfermedad, opiniones políticas, estado civil o situación de pareja o familiar, entre otros.

En el caso de aquellos que se identifican como parte de la población de la diversidad sexual y de género, los porcentajes son mayores a los identificados en la ciudadanía en general: el 37.3 % refirió haber vivido alguna experiencia de discriminación en los últimos 12 meses. Las trabajadoras del hogar también perciben un número más alto de comportamientos discriminatorios: el 34.6 %.

Ante estas cifras, Federico Navarrete Linares, del Instituto de Investigaciones Históricas, aseguró no sentirse sorprendido de que este tipo de acciones se presenten, ya que históricamente así ha sido y la inercia social no ha cambiado.

“Realmente no asombra que en México, un país tan racista y con una sociedad tan desigual, se den estos desplantes de discurso supremacista y violencia verbal o a veces física. Pero siempre escandaliza que se expresen de esa manera tan descarada”, señaló el universitario.

“Hay que tomar en cuenta que estamos también ante un fenómeno de las redes sociales. Por cada uno de estos exabruptos que conocemos a través de ellas debe haber decenas más que no son grabados ni difundidos de esa manera. Probablemente no sean tan excepcionales como parecen, Y contribuyen al escándalo los nombres que se les ponen. Haber bautizado a una de las personas que cometieron esas conductas –no justificables desde ninguna perspectiva– como Lady Racista o Lord, lo que ocasiona es que singularizan de alguna manera la culpa en una persona”, añadió Navarrete Linares.

Gutiérrez Chong coincide con ese punto: “Todos ejercen un racismo como en escalera. Es una generalización, pero, a lo que voy es que si las razas no existen sí hay creencias diversas sobre usar argumentos o relatos racistas. Esto sí existe y es muy contundente y frecuente”.

Este tipo de situaciones se presentan de manera cotidiana porque faltan más esfuerzos institucionales y desde la sociedad para combatir estas conductas”

Natividad Gutiérrez | Facultad de Filosofía y Letras

El primer paso para combatir estas actitudes, aseguró Natividad Gutiérrez Chong, también investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales, es comprender que “el racismo no es aislado. Como tampoco lo son el clasismo y el género. No se pueden estudiar de manera separada, sino que todos esos conceptos están vinculados, y esto ya se había dicho anteriormente en estudios en América Latina sobre la pigmentocracia”.

La especialista puso como ejemplo el trabajo de Peter Wade, un científico social inglés que “hablaba de que las clases en América Latina tienen color. Lo podemos ver en muchas de nuestras realidades inmediatas: las personas blancas están asociadas con la riqueza y los privilegios, entre más blanco parece ser que hay más oportunidades o acceso a capital. Esto los jóvenes lo perciben muy bien”.

“No hace mucho tiempo, la diversidad se combatía y se negaba. Ahora estamos jubilosos de celebrarla, entonces justamente en esta etapa que estamos entendiendo su importancia y valor es cuando se debe de centrar en que los jóvenes –quienes cada vez tienen más acceso a los recursos del internet– encuentren en ella una forma de generar equidad. Para lograrlo hay que crear más contenido mediático e informativo que viralice lo opuesto: en vez de que se utilice una situación, como la de esta extranjera insultando a un servidor mexicano por su apariencia, habría que mostrar a una persona diciéndole a otra ‘tú no puedes actuar de esta manera y mejor cambias tu actitud’”, argumentó la fundadora y coordinadora de la base de datos Organizaciones Indígenas y Conflictos Étnicos en las Américas.

Por su parte, Federico Navarrete, quien es profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, comentó que “es importante combatir el racismo directamente. Pero si no modificamos lo que se encuentra detrás, que es la desigualdad socioeconómica, dichos programas se enfrentarán a estas limitaciones”.

“Estoy convencido que ha subido el ingreso de la población y ha habido un aumento significativo en los salarios reales de los grupos que ganaban menos en nuestra sociedad. Está disminuyendo la desigualdad; sin embargo, estudios como el de Patricio Solís y del equipo de la Red de Estudio sobre Desigualdad de El Colegio de México han mostrado que en nuestro país aun cuando las personas tengan las mismas oportunidades socioeconómicas y éstas se mejoren, de todas maneras la gente con piel más morena podrá aprovecharlas menos, porque hay otras prácticas discriminatorias, racistas que harán que, a pesar de que tengan el mismo nivel educativo, no consigan el mismo buen empleo o logren mejorar su acceso a la salud”, resaltó el autor de Historia pública. El diálogo entre las memorias sociales y concluyó: “Insisto, para combatir el racismo hay que atacar la desigualdad y para afrontar la desigualdad hay que contender el racismo, y las políticas sociales tendrían que incluir una combinación de los dos temas”.

En el estudio “Jóvenes de identidades diversas en dinámicas metropolitanas” (https://juventidades.sociales.unam.mx/), en el que participó la investigadora universitaria Natividad Gutiérrez Chong y que fue apoyado por el Fondo Institucional para el Desarrollo Científico, Tecnológico y de Innovación, Fordecyt-Pronaces, Fronteras, se consultó a más de mil mexicanos jóvenes (con un promedio de edad de 21.2 años) sobre “el entramado de oportunidades, privilegios, exclusión, racismo y discriminación que experimenta la juventud”.

Entre los hallazgos, llama la atención que al ser cuestionados sobre si las frases “Como te ven te tratan” y “Entre más clara es tu piel, mejor te tratan” son afirmaciones con las que están de acuerdo, el 80.3 % de los hombres y el 55.3 % de las mujeres contestaron positivamente.

También se destaca lo dicho en cuanto a sus relaciones sociales. “Los entrevistados se muestran en gran desacuerdo con las expresiones: ‘Es mejor tener amigos de la misma clase social’ y ‘Los indígenas no quieren integrarse a nuestra sociedad’ (el 77.3 % con la primera y el 71.3 % con la segunda)”.

El estudio, además, subraya que “resalta el hecho de que hay una tendencia a no aceptar a personas que tengan una preferencia no heterosexual (homosexuales y lesbianas), extranjeros y personas que tengan sida, superan a más del 20 %, y en el caso del rechazo a estas últimas llega a poco más de una tercera parte de la muestra.

Al hablar sobre cuáles son los aspectos por los que los jóvenes entrevistados han sentido que sus derechos no han sido respetados, destacaron principalmente la ropa que utilizan (24.7 %), la apariencia física (29.7 %), no tener dinero (21.6 %), la edad (21 %), por ser hombre o por ser mujer (20.8 %).