*NEMESIS
/ Fernando Meraz Mejorado /
Los movimientos políticos que en el centro del país se dieron para renovar al delegado de la Fiscalía General de la República, permitirán que la luz que empieza a abrirse en un camino largo y oscuro.
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De acuerdo con información de fuentes allegadas a la nueva delegación, permitirán declarar formalmente prófugo al ex gobernador de Durango, José Rosas Aispuro Tórres (2016-2022), principal responsable de un desfalco que supera los mil 500 millones de pesos —dinero que debió alimentar campos, escuelas y hogares, pero que se desvaneció como rocío bajo el sol abrasador de la corrupción.
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El quebranto financiero estalló al término de su sexenio, pero sus raíces ya estaban hundidas en años de descuido y saqueo.
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Era previsible al observar sus últimos días de gestión. Mientras en la Sierra los campesinos contaban granos de maíz para llenar platos vacíos, el ex gobernador —emparentado con la esposa de Joaquín El Chapo Guzmán, actualmente recluido en Estados Unidos— dejaba un paisaje erosionado donde la miseria crecía más rápido que el zacate en las laderas.
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La investigación delinea malos manejos por al menos mil 500 millones de pesos: una isla de cifras en medio de un océano de hambre y desesperación. Involucra a ex funcionarios de la Secretaría de Finanzas, cuyas firmas dejaron rastros imborrables como huellas en la arcilla húmeda de las cuentas públicas —mientras en los pueblos de la Sierra, las manos arrugadas de los campesinos escribían sus propias cuentas en la tierra: hijos sin libros, mujeres sin medicinas, hombres que trabajan el suelo con la angustia en la mirada y el hambre de la tristeza.
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A finales de agosto de 2025, las primeras sirenas sonaron desde las instituciones educativas. Maestros agremiados del SNTE intensificaron protestas como olas contra un muelle quebrado, reclamando bonificaciones pendientes para la sección 44.
Sus voces molían la injusticia como grano de maíz en el metate, pero al lado de ellas resonaban las palabras de los campesinos: “No queremos limosna, queremos que nos devuelvan lo que es nuestro para sembrar, para vivir, para no morir de hambre”.
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Luego llegaron extrañamientos de la UJED contra el ex gobernador. El 5 de septiembre, la comunidad universitaria tomó las calles como manantial que busca su cauce, exigiendo 300 millones de pesos retenidos —recursos que fluyen de la Federación como sangre por las venas de la educación pública, pero que nunca llegaron a los campos donde la ignorancia se alza como una muralla de piedra.
Rosas Aispuro prometió llenar hasta el último grano el cuenco vacío antes de dejar su cargo. Pero esa palabra se desvaneció como humo en el viento, desencadenando denuncias ante la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción contra él, el secretario de Finanzas y el subsecretario de Egresos.
Hoy el gobierno priísta de Esteban Villegas sostiene al estado como un campesino sostiene un árbol hendido: con manos callosas, esfuerzos extraordinarios y créditos emergentes que son agua temporal en tierra seca. Avanzan, pero con una lentitud que se come el tiempo como el desierto come la lluvia.
No se cubren nuevas áreas de financiamiento social ni gasto corriente; el estado respira a bocanadas. Villegas —según fuentes oficiales— espera que la Fiscalía atrape a su predecesor, como quien busca una piedra perdida en el lecho turbio de un río que ya corrió.
Mientras tanto, miles de duranguenses —pero sobre todo los campesinos de la Sierra que llevan el hambre grabada en la piel— expresan su esperanza con cada palabra que dejan escapar al viento: “No esperamos piedad, esperamos justicia para volver a sembrar, para que nuestros hijos no conozcan el sabor del vacío”. Sostienen esa fe como la tierra sus raíces: profundas, firmes, con sacrificios que pesan como rocas en el corazón, pero con la certeza de que la semilla de la verdad brotará al fin en el suelo que ellos cuidan con amor.-oOo –













