Guadalupe Loaeza
Hasta roja, no de vergüenza, sino de puritito coraje, se puso la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, al enterarse de los videos difundidos en Televisa donde aparecen tres funcionarios de Morena recibiendo fajos de billetes en el Palacio de Gobierno de Campeche. Esto sucedió un mes antes de las elecciones para el gobierno del estado. Seguramente estos fajos de dinero y otras artimañas contribuyeron al triunfo de Layda Sansores. Era previsible que los tres personajes lo negaran y declararan cosas absurdas, como Raúl Pozos, secretario de Educación estatal, quien dijo que el dinero estaba destinado a “gestiones de ¿cómo se llama? De la gente que nos solicitaba cosas, apoyo”. El segundo funcionario que aparece con las manos en la masa, Armando Toledo, jefe de la Oficina de Sansores, alegó en el “Martes del Jaguar” que recibían efectivo “pues no había bancos en las comunidades”. Mientras que la senadora de Morena Rocío Abreu declaró a la reportera de NMás: “No, señorita. Nada más que me hayan mandado a pagar algo, algún derecho, y me hayan dado el dinero para pagarlo, pero de ahí en fuera yo no recibo dinero de nadie”.
Vaya declaración tan absurda, rayando en lo surrealista, como surrealista es el color de pelo de la gobernadora. ¿Por qué tan insultantemente rojo? ¿Cuántas botellitas de tinte de ese rojo diabólico utilizará? Estoy segura que ella misma se lo prepara, se lo aplica y lo compra en línea, no ha de seguir las instrucciones de la aplicación, por eso no siempre le queda igual: o el tono es “true red” o “intense Burgundy”, el caso es que su “look” tan extraño desconcierta y aterra.
Respecto a lo anterior, y no es trivial la observación, existe una misteriosa relación entre el aspecto físico de “Alito” Moreno -ex gobernador de Campeche- y el de la gobernadora. Es evidente que ambos recurrieron a la cirugía plástica, se les ve a leguas, y me pregunto si no fueron con el mismo cirujano, porque los dejó muy parecidos a pesar de no ser de la misma generación. También son parecidos en su conducta como políticos: igual de corruptos, de vengativos y poco confiables. Hay que decir que “Alito” siempre ha sido priista, mientras que Layda ha cambiado de partido como de tinte de pelo: empezó en el PRI, después se fue al PRD, de ahí pasó a Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano), luego brincó al PT para terminar en Morena. Nunca ha estado en el PAN, si no se pintaría el pelo de azul. Layda tiene 77 años y ya no le quedan más partidos a dónde ir. A menos de que funde uno ella misma, que se llamaría “Partido único del Pelo Rojo” (PPR).
Como era previsible, López Obrador minimizó los videos. “Hay desde luego mucho interés en querer igualarnos. Es echar porquería al ventilador. Es decir: ‘todos son iguales’. Eso ya lo hemos padecido y más cuando hay escándalos de corrupción en el bloque conservador. (…) No. A mí me pueden llamar Peje, pero no soy lagarto”. Otra declaración igualmente surrealista, por no decir otra cosa. ¿Qué no sabrá que los lagartos viven mucho? Parece increíble que se vaya por la tangente cuando lo que se está denunciando es un acto de corrupción en sus filas. Allí están los fajos de billetes, allí están los funcionarios de la gobernadora metiéndolos en bolsas de papel y allí están las pruebas de corrupción. ¿Qué tienen que ver los conservadores con esta denuncia? Es evidente que AMLO se va quedando poco a poco sin argumentos, especialmente cuando se exhibe a su partido en televisión, de allí que en sus mañaneras recurra tanto a los dichos, a un dizque buen humor y a una actitud muy “cool”, cuando en realidad se ha de sentir cada vez más acorralado.
Dicho lo anterior, no podemos dejar de lamentarnos por uno de los estados más bonitos de la República mexicana, Campeche, en donde nacieran Justo Sierra, el pintor Joaquín Clausell y el escritor Juan de la Cabada. Allí medraron los piratas Francis Drake, John Hawkins y Henry Morgan. Allí también nació el mejor amigo de mi padre, Héctor Pérez Martínez, autor del libro Juárez, el impasible y quien fuera periodista, escritor, historiador y gobernador del estado; con él se crearon escuelas, universidades y bibliotecas. Siendo secretario de Gobernación de Miguel Alemán, murió a los 42 años, fallecimiento que mi padre tardó mucho en superar. Él decía que Héctor pudo haber sido uno de los mejores presidentes de México.
En fin, pobre Campeche con sus nuevos piratas.