*Astrolabio Político
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“Dios os ha dado una cara y vosotros os hacéis otra”. – William Shakespeare.
El incremento autorizado al transporte público en Xalapa no tardó en convertirse en bandera política para Movimiento Ciudadano (MC). Bastaron unas horas para que sus dirigentes salieran a rasgarse las vestiduras, anunciaran amparos y se asumieran —otra vez— como la conciencia social de Veracruz. El problema no es la crítica; el problema es quién la hace y desde dónde la hace.
Porque hablar del aumento al transporte público desde MC resulta, por decir lo menos, un ejercicio de simulación política. Una crítica cómoda, lanzada desde oficinas con aire acondicionado y camionetas de lujo, por dirigentes que no se suben a un camión urbano ni por error, y que conocen el transporte público más por discursos que por experiencia.
La gobernadora Rocío Nahle García fue clara: el ajuste autorizado en Xalapa responde a un ajuste inflacionario, derivado directamente del incremento al salario mínimo autorizado a nivel federal. No es una ocurrencia ni un capricho político; es una decisión administrativa para evitar que el sistema colapse, que las unidades se queden paradas y que el servicio termine siendo aún más precario para los usuarios.
Sin embargo, ayer el dirigente de MC intentó “sacar raja política”, anunciando amparos y acusando al gobierno estatal de insensibilidad social. Un discurso que sonó fuerte… pero vacío.
Porque la memoria es incómoda y los datos no mienten.
Hace apenas un mes, en Jalisco, estado gobernado por Movimiento Ciudadano, el gobernador Pablo Lemus autorizó el incremento de la tarifa del transporte público de 9 a 14 pesos, un alza del 47 por ciento, y eso antes de que entrara en vigor el aumento al salario mínimo. Allá no hubo amparos, ni indignación, ni ruedas de prensa moralistas. Allá aplaudieron como focas y cantaron al ritmo de su melodía contagiosa.
Entonces, ¿en qué quedamos?
¿El aumento es malo solo cuando no lo autoriza MC?
¿La tarifa duele únicamente cuando no gobierna el partido naranja?
Para ser oposición se requiere algo más que micrófono y redes sociales. Se necesita coherencia, preparación y, sobre todo, autoridad moral. Y es ahí donde MC tropieza una y otra vez.
Ya lo habíamos advertido en esta columna: los perfiles que MC ha impulsado como candidatos a alcaldías en Veracruz dejan mucho que desear. Algunos con antecedentes cuestionables, otros con historias que jamás fueron aclaradas del todo. Y el tema vuelve a la mesa tras el atentado contra dos diputados locales de MC en Sinaloa, donde en redes sociales se ventiló —con insistencia— la presunta relación de personajes del partido con grupos delincuenciales.
No son acusaciones menores. Son sombras que pesan y que contrastan brutalmente con el discurso de pureza que intentan vender.
Ayer, la gobernadora Rocío Nahle lo dijo sin rodeos: su papel es tomar decisiones y poner orden, aun cuando eso implique recibir ataques de quienes viven de la crítica fácil. “A eso llegué, a trabajar”, sentenció. Y podrá gustar o no su estilo, pero lo que no puede negarse es que asume el costo político de gobernar.
Movimiento Ciudadano, en cambio, parece cómodo en el doble discurso: gobierna con aumentos donde le conviene y crítica con furia donde es oposición. Una estrategia conocida, subversiva en el discurso, pero profundamente hipócrita en los hechos.
El debate sobre el transporte público es legítimo y necesario. Lo que no es aceptable es que se use como arma política desde la doble moral, la simulación y la amnesia selectiva. Porque cuando el camión sube en Jalisco es “modernización”, pero cuando sube en Xalapa es “abuso”.
Y así, con ese cinismo, pretenden construir credibilidad.
Difícil. Muy difícil.
Por cierto, la acción retadora de Alfonso Enríquez Boussart “El Pollo”, al atreverse a colapsar el servicio de transporte público en su afán de hacer que el Gobierno del Estado le autorice el incremento del pasaje en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, al punto de afirmar que devolvería las unidades del Servicio Úlua que adquirió en su intento de chantaje, es literalmente pegarse un balazo en el pie.
Pues a este oscuro personaje, al mero estilo de Ricardo Salinas Pliego, se le olvida que toda su riqueza la ha construido gracias a la concesión que el Gobierno del Estado le ha brindado a lo largo de los años, -parece mentira- algunos personajes ya enriquecidos se envilecen a tal punto que olvidan sus orígenes y sus presuntos nexos con la delincuencia organizada, solo que a él es el único que se le olvida, pues todo mundo recuerda lo ocurrido aquel 3 de noviembre de 2015 en la zona de Antón Lizardo, en donde casi pierde la vida tras un ataque armado de la delincuencia, el cual si le costó la existencia al entonces delegado de transporte público Miguel Sarmiento “El Puma”.
Sextante
En los primeros 30 días del gobierno municipal de Veracruz hay decisiones que marcan el rumbo desde el primer día. La instalación de la Mesa por la Paz y una Vida Libre de Violencia es una de ellas. No por resultados inmediatos, sino por lo que coloca en el centro de la acción pública: el cuidado de las mujeres y la coordinación entre instituciones.
Que esta medida se haya tomado al inicio responde a un momento histórico en el que las mujeres encabezan los principales espacios de decisión. Desde la Presidencia de la República, con Claudia Sheinbaum; en Veracruz, con la gobernadora Rocío Nahle; y ahora en el municipio porteño, con Rosa María Hernández Espejo, comienza a reflejarse una forma distinta de entender las prioridades.
Ordenar la respuesta frente a la violencia implica reconocer que durante años las áreas trabajaron sin coordinación. Construir una ruta común no es solo un ajuste administrativo, es asumir que la prevención y la atención requieren estructura, seguimiento y presencia constante. Hacerlo desde el arranque envía un mensaje claro: este tema no se atiende después, se atiende desde ahora.
La coordinación con el Gobierno del Estado con el ayuntamiento de Veracruz fortalece esta visión. Cuando municipio y estado caminan en la misma dirección, las acciones dejan de dispersarse y empiezan a tener continuidad. Esa alineación permite que el cuidado no dependa de esfuerzos aislados, sino de una estrategia compartida.
Por eso, decir que es tiempo de mujeres deja de ser un eslogan y se vuelve una realidad tangible cuando las decisiones se traducen en instituciones que cuidan, en gobiernos que coordinan y en autoridades que entienden que gobernar también es proteger.
Al tiempo.
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx











