La Historia se Repite .

*A Juicio de Amparo.

/ Mario Amparo Casar /

Me paro ante mis alumnos de sistema político mexicano y me veo repitiendo lo mismo que hace 40 años cuando hablaba de Estado-Partido-Gobierno, de clientelismo político, del uso de recursos públicos para las campañas electorales, del presidente como jefe nato del partido, de necesidad de tener mayorías para no desvirtuar el legado, de las migajas del pastel que se dejaba a las minorías para aparentar apertura, de la aplanadora legislativa, de una Corte orgánicamente ligada al Ejecutivo, de una Comisión Federal Electoral dominada por el gobierno en turno, de la ausencia de contrapesos.

Lo que bien se aprende nunca se olvida. Gran cantidad de militantes de Morena provienen de las filas del PRI. Andrés Manuel López Obrador, el primero. Desde que fundó el partido lo hizo con el aprendizaje que adquirió en el PRI. Quizá podría decirse que hasta lo perfeccionó. Claudia Sheinbaum nunca militó en el PRI pero su mentor, al que acompañó hasta ser ungida como candidata y después electa como presidenta, le dejó muchas lecciones de operación política que aprendió y aplica a pie juntillas.

De entre todas ellas quizá la más importante fue la del uso del aparato de gobierno y de los recursos públicos con fines electorales. Esta enseñanza la practicó como Jefa de Gobierno, la usó en la precampaña y campaña presidencial de 2024 y ahora lo hace rumbo al 2027.

Ya hemos comentado que, como sucedió con AMLO, la presidenta ha dado su anuencia -aunque sea implícitamente y diciendo que ella no se mete en asuntos del partido- para campañas adelantadas. Lo anunció Luisa Ma. Alcalde, antes de ser defenestrada como presidenta de Morena: en junio se nombrarán a 17 coordinadores de defensa de la 4-T en cada uno de los 17 estados en los que se elija gobernador.

No será ella quien lleve a cabo esta operación política sino alguien cercana al expresidente y a la actual presidenta, aunque ambos nieguen su injerencia en el partido: Ariadna Montiel quien, todo indica, dejará la Secretaría del Bienestar para liderar al partido. Pasará de un cargo a otro a través de la puerta revolvente entre gobierno y partido. Primero se llenó al gobierno de morenistas, ahora se llena el partido de funcionarios de gobierno de probada lealtad. O, como me dijo un colega: primero la partidización del gobierno y ahora la gobiernización del partido. Práctica por excelencia del viejo priísmo en los 70s.

La puerta revolvente no tendría mayores consecuencias si en México hubiese rendición de cuentas y los recursos públicos no se usaran para ganar elecciones. Pero no es así. Como antes, o peor que antes, los recursos públicos van a dar a las campañas. Y, con más intensidad que antes los programas sociales se personalizan y se hace creer a los electores que son dádivas del gobierno en turno y que la alternancia pondría en peligro su permanencia.

¿Quién mejor que la extitular de la Secretaría de Bienestar y encargada de la política social para llevar a cabo esta operación?

Ariadna Montiel pasa de ser Secretaría del Bienestar a presidenta nacional de Morena. Se va con todo un bagaje de valor e información incalculable. La secretaria, con casi cuatro años y medio en el puesto y otros tres como subsecretaria, ha sido la encargada de repartir los programas sociales que alcanzan, tan sólo este año, los 987 mil millones de pesos. Los beneficiarios son, según los padrones, 34 millones de personas.

Ahí no para la cosa. Se va con todo el expertise del reparto personalizado y el control de las funciones de los famosos servidores de la nación, institucionalizados en 2018 y cuyo origen está en las estructuras de votación de Morena.

Un ejército de casi 20 mil personas pagadas por el erario con un costo anual de 4 mil millones de pesos al año que trabajan en campo y amplían la base territorial de Morena; que reparten programas con chalecos institucionales; que entregan las tarjetas del bienestar junto con folletos de las acciones de gobierno; que reportan a los delegados y super-delegados territoriales de la Secretaría, que elaboraron los censos y padrones de beneficiarios de los programas del bienestar y que actúan como enlace entre ellos y el gobierno.

Esos programas estaban inicialmente adscritos a la presidencia bajo el mando de Gabriel García Hernández quien fue electo como senador para pasar inmediatamente a Palacio Nacional y ocupar el puesto de Coordinador General de Programas para el Desarrollo. La presidencialización de los programas es un insulto aún para los estándares de Morena.

Morena tendrá carta blanca para el clientelismo político en su máxima expresión. Tendrá también, no conviene olvidarlo, un INE afín listo para no fiscalizar ni castigar estas prácticas ilegales.