La Libertad, el mayor bien que se valora cuando se pierde .

*NEMESIS
/ Fernando Meraz Mejorado /
La libertad no es la simple ausencia de cadenas, sino la danza sobre el abismo de la contingencia. Es la lúcida capacidad del ser humano para autogobernarse, convirtiéndose en el escultor de su propio destino en un mundo que no ha elegido, pero en el que debe elegir.
El “lienzo en blanco” describe el existencialismo de Sartre: La libertad es la angustiante necesidad de pintar nuestra existencia sin boceto previo. “El hombre nace libre, responsable y sin excusas”, como es una conciencia que se crea a sí misma, una espontaneidad que no depende de determinaciones externas.
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En su “danza de la alegría”, Nietzsche es el arte en movimiento, el abandono al caos de lo real para “ser” frente a la vida. Es la voluntad de ser responsables con nosotros mismos, no simple capricho, sino la ligereza del ser que baila incluso en la tragedia.
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El “dominio interior” recomienda en su estoicismo, Rousseau:
La verdadera libertad no es hacer lo que se desea —pues eso nos esclaviza a los impulsos—, sino ser dueños de nuestra propia voluntad y actuar racionalmente. Es la brújula interna que obedece a leyes morales autoimpuestas.
Así lo explica en su “Espontaneidad hacia el bien” Tomás de Aquino, en la filosofía Medieval y concibe como el movimiento propio y natural del ser hacia su realización plena, no la simple libre elección entre opciones, sino el compromiso de la voluntad con aquello que trasciende.
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La “navegación sin puerto escribe: Ser libre es navegar en alta mar sabiendo que la dirección depende del timón que sostenemos, aunque el viento y las mareas no nos pertenezcan.
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Este viernes 23 de Enero el mundo celebra el día de La Libertad. Aquí creemos que la libertad es la responsabilidad de asumir la máscara y el escenario de la vida, transformando la existencia en una obra de arte única e irrepetible. Desafortunadamente es un bien tan grande que sólo se aprecia cuando se pierde. –