La peligrosa violencia vicaria.

’10/01/2026’}

*Mujeres y Política .

/ Soledad Jarquín Edgar /

SemMéxico.- La violencia vicaria es como una gota de ácido que cae sobre sus cuerpos. Hay para sus víctimas un estado de alerta sistemática y permanente, una sombra que nubla a libertad y opaca la alegría en sus corazones.

Es definida como aquellas acciones u omisiones que dañan a las mujeres a través de sus seres queridos, generalmente sus hijos e hijas, a quiénes por desgracia esta violencia también les alcanza.

Casi todas las historias comienzan cuando la víctima decide no seguir dentro de casa, el dulce hogar, donde fueron alcanzadas por violencias psicológica, económica, patrimonial, física y otras durante largo tiempo.

El sólo anuncio de una separación y la posibilidad de ser demandados por el pago de pensiones es para los “reyes de la casa” una afrenta y representa para las víctimas el inicio de una historia aún más perversa y violenta, cuando la amenaza recae sobre la posibilidad de llevarse “para siempre” a sus hijos e hijas, muchas veces lo hacen.

Hay mujeres que no vuelven a ver a sus hijos e hijas a veces hasta por varios años, lo que mina su existencia. Cuando ellas tienen a sus hijos sufren persecución sistemática, son obligadas por jueces, mujeres y hombres, patriarcales, misóginos, machistas a las llamadas convivencias, donde ellas experimentan humillaciones y a un Estado representado por estos servidores públicos velan por todo, menos por la justicia, violando los derechos de las mujeres y de las infancias.

Como reportera he conocido de muchos casos y las historias son semejantes. Hace unos días hable con una madre cuya hija tiene años que no ve, porque su padre la sustrajo y se la llevó a otra entidad. Estos días, me dijo refiriéndose a las fiestas de fin de año, me dejan quebrada del cuerpo y del alma. También hace algún tiempo vi a una madre luchar con todo lo que podía para que su hijo no le fuera arrebatado por su expareja, un juez federal, que contó con todo el aparato de la justicia hasta conseguir su objetivo.

En Oaxaca, una jueza llamó la atención mediática, porque el padre de sus hijos, un empresario, tiene años accionando violencia digital en su contra, amén de las amenazas e injurias. Su pedido a través de una carta pública fue más allá, porque teme por su vida.

Esa es una expresión que hemos escuchado muchas veces y no es para menos. Muchos feminicidios tienen como antecedente la violencia vicaria. Un llamado que debe ser tomado en cuenta de forma seria y responsable por parte de la autoridad correspondiente.

Tenemos casos que lamentar como el de Cecilia Monzón, ocurrido en Puebla, donde su expareja, un político que quiso ser gobernador por el PRI, Javier Zavala López, fue el autor intelectual de su feminicidio ocurrido el 21 de mayo del 2022. Por cierto, hace unos días Zavala López y los autores materiales del crimen fueron sentenciado a 60 años de prisión.

Quien no recuerda el asesinato de Emma Gabriela Molina Cántos, ocurrido el 27 de marzo de 2017, ella una joven mamá de dos niñas y un niño, fue asesinada a las puertas de su casa en Mérida, por dos hombres pagados por su expareja Alberto Medina Sonda, por cierto, también político priista recluido en un penal de Tabasco. El asesino intelectual ejerció violencia vicaria durante 16 años en contra de Emma Gabriela, sus tres hijos y la familia de ella, no porque ella quisiera, sino por un ejercicio de misoginia pura en su contra, mientras el victimario fue cubierto por el manto protector de un gobernador tabasqueño y el famosísimo cartel de la Barredora. Tras secuestrar a sus propios hijos, Medina Sonda permaneció en prisión donde fue asesinado el año pasado.

Y que decir del feminicidio de Abril Pérez, cuya pareja Juan Carlos García, exdirector de la filial mexicana de Amazon, había sido denunciado por intento de feminicidio en enero de 2019, pero el juez Federico Mosco González reclasificó el delito de feminicidio en grado de tentativa a lesiones y violencia familiar -los no benditos jueces vendidos-, con lo que obtuvo su libertad en noviembre de ese mismo año, el 25 de noviembre pistoleros ejecutaron la orden de asesinar a Abril al salir de una audiencia, en la ciudad de México.

Estos y sólo estos tres casos conocidos sin duda son ejemplo de cómo la violencia vicaria puede escalar. Las víctimas de violencia vicaria enfrentan con valentía a sus perpetradores y, claro está, a la complicidad de un sistema de jueces y juezas que se compran o venden, que estudian las leyes de cabeza, sin capacidad de nada porque tienen la vista nublada por el habitual machismo y pensamiento misógino.

Por eso, nadie debe permitir un caso más de esta naturaleza, la violencia vicaria no es un capricho de las señoras que quieren estar denunciando a sus exparejas o padres de sus hijos-hijas, como más de un juez les ha dicho. Es, por el contrario, un asunto de suma seriedad, que ante las acciones mal ejecutadas o las omisiones ponen en riego total a las mujeres. Es responsabilidad del Estado (el mexicano) salvaguardar la vida de las mujeres, en eso no hay vuelta de hoja.