La política del algoritmo: millones en propaganda, credibilidad en quiebra

*Astrolabio Político. 

/ Por: Luis Ramírez Baqueiro /

“La ambición es el último refugio del fracaso”. – Oscar Wilde.

En la política mexicana contemporánea ya no basta con gobernar; ahora hay que dominar el algoritmo. Y eso es precisamente lo que exhibe el video difundido en redes sociales, donde se denuncia el presunto gasto millonario en publicidad digital durante los últimos 90 días por parte del gobernador de Nuevo León, Samuel García, su esposa Mariana Rodríguez Cantú, así como la dirigencia nacional de Movimiento Ciudadano encabezada por Jorge Álvarez Máynez. https://x.com/menjoss/status/2041708447243133276?s=48&t=wOk7sSQBOy21pf0lDF2jUQ

Lo que se denuncia no es menor. Se trata de una estrategia intensiva, costosa y sistemática de posicionamiento digital que, lejos de fortalecer la democracia, revela una preocupante tendencia: convertir la política en una maquinaria de propaganda permanente.

La política del marketing permanente

Durante décadas, los partidos tradicionales fueron acusados de gastar recursos públicos en promoción personal. Movimiento Ciudadano (MC) surgió, precisamente, con la narrativa de ser distinto: fresco, ciudadano, honesto, transparente. Sin embargo, lo que hoy se observa parece contradecir ese discurso.

El señalamiento es claro:

Millones de pesos invertidos en redes sociales.

Publicidad constante en múltiples plataformas.

Campañas sincronizadas entre gobierno, familia y partido.

Narrativa homogénea y cuidadosamente construida.

No se trata de comunicación institucional, sino de propaganda política continua, donde cada publicación parece diseñada para construir una imagen aspiracional y, sobre todo, erigirse como los poseedores de la verdad absoluta.

Y ahí es donde surge el verdadero problema.

Porque cuando la política deja de dialogar y comienza a imponer narrativas, la democracia se debilita.

La fábrica de la “verdad absoluta”

El fenómeno es evidente:

Samuel García gobierna desde TikTok, Mariana Rodríguez comunica desde Instagram, y la dirigencia nacional amplifica desde X. El resultado es una ecosistema digital cuidadosamente coordinado.

Pero el exceso comienza a generar el efecto contrario.

La ciudadanía observa —cada vez con mayor escepticismo— cómo la política se convierte en espectáculo, cómo la narrativa sustituye a los resultados y cómo la inversión publicitaria parece crecer en proporción directa a la necesidad de legitimidad.

Y aquí aparece un elemento aún más delicado: la credibilidad.

Porque cuando un actor político necesita gastar millones para sostener su narrativa, inevitablemente surge la pregunta:

¿Se trata de informar o de convencer a cualquier costo?

 

¿El nuevo PAN a la mexicana?

Otro aspecto que emerge de este fenómeno es la construcción de un proyecto político nacional. El despliegue mediático no parece casual. La intensidad, la coordinación y el volumen del gasto apuntan a algo más grande: posicionarse como la nueva alternativa política nacional.

En ese contexto, algunos analistas han comenzado a señalar que Movimiento Ciudadano intenta convertirse en el nuevo PAN a la mexicana, una opción que se presenta como moderna, empresarial, joven y con vínculos internacionales, particularmente con el gobierno de los Estados Unidos.

No sería la primera vez que un proyecto político mexicano busca legitimidad externa para fortalecerse internamente. Pero hacerlo mediante campañas digitales masivas y millonarias genera suspicacias legítimas.

Porque la pregunta es inevitable:

¿Se está construyendo una alternativa política o simplemente una marca electoral?

 

El caso Veracruz: cuando la narrativa se convierte en ataque

Lo más revelador es que buena parte de este esfuerzo digital no se limita a posicionar a Samuel García o a Movimiento Ciudadano, sino que también ha servido para golpear a gobiernos estatales, particularmente al de Rocío Nahle García.

En las últimas semanas, Veracruz ha sido objeto de una narrativa negativa persistente en redes sociales, enfocada principalmente en desacreditar el posicionamiento turístico del estado.

Esto ocurre en un momento clave, cuando el gobierno estatal busca consolidar a Veracruz como una potencia turística nacional, impulsando playas, cultura, gastronomía e infraestructura.

Sin embargo, la guerra digital parece ir en sentido contrario:

Campañas que cuestionan la calidad de playas.

Narrativas que exageran problemas locales.

Amplificación de información negativa.

Posicionamiento constante de percepciones adversas.

Y cuando se observa el volumen de inversión denunciado en el video, el fenómeno adquiere otra dimensión: no se trata de críticas espontáneas, sino de narrativas impulsadas con recursos considerables.

 

La política del exceso

 

Movimiento Ciudadano construyó su identidad como la alternativa a los excesos del pasado. Pero hoy, paradójicamente, se enfrenta a una crítica similar:

El exceso de propaganda.

El exceso de narrativa.

El exceso de marketing.

La ciudadanía no es ingenua. Observa, compara y concluye. Y cuando el discurso de austeridad se enfrenta a campañas millonarias, la credibilidad comienza a erosionarse.

Porque la política digital puede posicionar nombres, pero no puede comprar confianza.

 

La credibilidad no se pauta

El caso denunciado en el video refleja un fenómeno más profundo: la transformación de la política en una batalla de algoritmos.

Pero hay algo que ningún algoritmo puede garantizar: La confianza ciudadana.

Y cuando millones de pesos se invierten para construir una narrativa, pero la percepción pública detecta excesos, contradicciones y oportunismo, el efecto puede ser devastador.

Movimiento Ciudadano quiso ser la nueva política.

Hoy corre el riesgo de convertirse en la política de siempre… pero con mejor presupuesto publicitario.

Y eso, más que una estrategia, puede convertirse en su mayor contradicción..

Al tiempo.

 

 

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