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/ Por: Mónica Garza /
Tenía que ser exactamente en la semana en la que el mundo conmemoraba la lucha contra la violencia hacia las mujeres, que uno de los políticos mexicanos que más ha hecho historia por violentarlas públicamente, decidiera volver a hacerlo, pero esta vez para referirse a una víctima indirecta del crimen organizado. El senador Gerardo Fernández Noroña ahora eligió como blanco a Grecia Quiroz, alcaldesa de Uruapan y viuda del hoy trágicamente emblemático Carlos Manzo.
El senador arremetió contra la misma mujer que, apenas cuatro semanas atrás, vio desmoronarse a su familia, en un hecho del que el mundo fue testigo.
Le dijo que “la ambición se le despertó”, que “va por la gubernatura de Michoacán” con el apoyo de la derecha porque “requieren figuras fascistas”.
Habló sin un gramo de empatía hacia la tragedia que vive la familia Manzo y que describe la tragedia de miles de mexicanos que hoy también son víctimas de la delincuencia.
Grecia Quiroz está intentando sostener en pie no sólo un municipio fracturado, sino a sus dos niños de dos y tres años y medio, que tal vez aún preguntan dónde está su papá; y que en su memoria infantil deberán cargar para siempre la huella emocional del asesinato que ocurrió frente a ellos.
Este político, indolente e irresponsable, atacó no sólo a la alcaldesa de Uruapan, sino la sensibilidad del estado de Michoacán que ya está agotado de vivir de rodillas por la violencia y la inseguridad.
Gerardo Fernández Noroña, senador de Morena, en conferencia de prensa en donde ningún reportero
se dio cita, el martes, en la Cámara alta.
Gerardo Fernández Noroña, senador de Morena, en conferencia de prensa en donde ningún reportero se dio cita, el martes, en la Cámara alta. ı Foto: Cuartoscuro
La reacción de la presidenta de la Mesa Directiva del Senado, Laura Itzel Castillo, también sorprendió al negarse a opinar sobre los dichos del senador morenista, en otro acto incomprensible de silencio.
¿De qué sirve entonces votar tantas leyes en defensa de los derechos de las mujeres si van a ser los mismos legisladores los que no tengan empacho en olvidarlas u omitirlas?
El hecho y quien lo genera, sólo dimensiona —una vez más— la simulación que se juega dentro de un movimiento, cuando una agresión política en razón de género se tolera o justifica desde el poder.
El mensaje es peligroso, sobre todo para las mismas mujeres que forman parte de ese movimiento, que el día de mañana podrían ser un blanco más, con poco margen para defenderse.
Es cierto que en el caso del senador Fernández Noroña lo ocurrido con Grecia Quiroz no es un hecho aislado, es sólo la continuación de un patrón de agresión política o mediática que lleva mucho tiempo documentándose.
Es el mismo político que en 2019 amenazó a la entonces diputada Adriana Dávila con ponerle una “chinga la próxima vez que abriera la boca”; en 2021 fue formalmente sancionado por el INE por violencia política de género contra dicha diputada, y esa sanción fue ratificada por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
No fueron dichos polémicos, fue violencia acreditada legalmente.
En mayo pasado se lanzó en contra de la periodista Leticia Robles de la Rosa porque publicó una nota sobre los costos de su viaje a Francia y la llamó “mentirosa” y “una persona intrigante”.
Recientemente el senador morenista circuló a través de sus redes sociales información personal —aunque imprecisa— sobre la periodista Azucena Uresti, al parecer en represalia a los cuestionamientos de ésta sobre el asunto de su hoy vergonzosamente célebre casa de Tepoztlán.
“Él tiene un comportamiento serial, especialmente con las mujeres”, dijo alguna vez la diputada de Movimiento Ciudadano, Laura Ballesteros, con quien Fernández Noroña también tuvo un enfrentamiento que ella acusó después de violencia política de género.
El problema con esto, es que no se trata de un “perder la compostura” sino de la violencia como práctica política para algunos que lastimosamente cuentan con la complicidad de otras mujeres de poder, que los cobijan mientras descobijan justicias votadas.
Una práctica que lejos de ser sancionada, ha sido normalizada e incluso celebrada. Hasta que hubo quien se atrevió a apagar las luces y los megáfonos en protesta y solidaridad, y esta ocasión fueron los medios.
Lo que ocurrió el 25 de noviembre pasado, cuando el senador Fernández Noroña convocó a una conferencia de prensa para “aclarar” sus dichos contra Grecia Quiroz, fue un mensaje contundente. La sala quedó vacía y él en soledad con sus palabras.
Y es que ese vacío, más allá del insulto, habló por la viuda, por la madre y la funcionaria pública que hoy se ve obligada a ejercer desde la tragedia, en un país que sigue sin poder proteger de la violencia a sus ciudadanas…












