*NEMESIS:
/ Fernando Meraz Mejorado /
Son muchas las investigaciones y estudios que dan cuenta del impacto desproporcionado que tiene la pobreza en el fenómeno de las desapariciones en México. Aunque aún no existe una base de datos oficial que establezca un vínculo directo entre el nivel socioeconómico de las personas y su grado de exposición al riesgo, la evidencia acumulada permite afirmar con solidez que la pobreza actúa como un factor estructural que eleva considerablemente la probabilidad de ser víctima de desaparición.
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El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), principal fuente estadística oficial en la materia, no integra en sus registros variables fundamentales como el ingreso, el grado de escolaridad o la condición de pobreza de las personas reportadas. Esta ausencia limita el seguimiento directo desde las instituciones del Estado.
Sin embargo, análisis territoriales y estudios de enfoque cualitativo han logrado identificar una correlación clara y significativa: las desapariciones se concentran con mayor frecuencia en zonas donde la marginación es más profunda.
Organizaciones independientes como México Evalúa y Data Cívica han documentado que las entidades federativas con las tasas más altas de este problema coinciden sistemáticamente con regiones marcadas por la pobreza generalizada, la desigualdad arraigada y la debilidad o ausencia de las instituciones públicas.
Esta relación se confirma además al superponer la distribución geográfica de las desapariciones con los índices de marginación elaborados por el Consejo Nacional de Población (CONAPO), mostrando cómo ambos mapas se corresponden en gran parte del territorio nacional.


