*Cristal de Roca
/ Escrito por Cecilia Lavalle /
Crecí suponiendo que las utopías eran sueños imposibles, hasta que conocí la historia de los derechos de las mujeres. Entonces comprendí que utopía es el horizonte, el lugar al que queremos arribar. Y la vida me ha regalado más de una oportunidad de abrazar la utopía. Acabo de estar en uno de esos momentos.
Hace unos días se llevó a cabo la Asamblea de la Red Mujeres en Plural, una alianza estratégica de mujeres cuyo objetivo principal es defender, exigir, ampliar los derechos políticos de las mujeres mexicanas.
Pertenezco a esa Red casi desde su fundación en 2009, y desde ahí he visto, más de una vez, a la utopía transformarse en realidad.
Nuestra Red fue fundamental para conseguir las reformas constitucionales por la paridad, en 2014; la paridad en todo, en 2019; y reformas legales para prevenir, sancionar y erradicar la violencia política contra las mujeres en razón de género, en 2020.
Lo que en la década de 1990 era una utopía: al menos 30% de mujeres en cargos de elección popular, pasó a convertirse en la demanda de paridad en 2009. Y, claro, no se trató de “sólo” demandarlo o exigirlo. A lo largo de esos años muchas mujeres, feministas en su mayoría, trabajaron juntas, en alianzas, formales o no, para avanzar paso a paso en pos de esa utopía.
Yo comencé a transitar en es ese camino hacia mediados de los 90. Y cada vez que pensaba en esa utopía como algo imposible recordaba a las sufragistas.
En el siglo XIX, con una camisa de fuerza legal (el Código Napoleónico), que obligaba a las mujeres a una sumisión perpetua a los hombres, muchas mujeres soñaron con el derecho al voto y el derecho a la educación superior, y se organizaron para ir en pos de su utopía desafiando todas las leyes y tradiciones de su época.
Y precisamente las paritaristas comenzamos nuestra utopía una vez que las sufragistas hicieron realidad la suya.
A 17 años de haber formado nuestra alianza, la Red Mujeres en Plural tiene utopías hechas realidad: la primera mujer presidenta de México, congresos paritarios, más mujeres que nunca en gubernaturas, en ayuntamientos, en distintas instituciones públicas; leyes que sustentan, convenciones internacionales que dan cimientos sólidos a esos logros.
Y, sin embargo, hay deudas, hay trampas, simulaciones, atajos, desviaciones. Evidencia de una terca estructura que no hemos transformado lo suficiente como para construir igualdad real.
Por eso esta Asamblea cobró especial significado, porque fue, necesariamente un alto en el camino. Un balance. Qué sí logramos, qué no, que falta, qué esta distorsionado, qué sigue, qué es posible en el contexto actual, cuáles son los obstáculos, qué necesitamos hacer, qué sí podemos, cómo.
Y atestigüé, de nuevo, la magia de la utopía.
Medio centenar de mujeres pensando, reflexionando, analizando, debatiendo con enorme claridad y generosidad para nuestra causa común.
Nos damos perfecta cuenta del difícil y complejo momento por el que atraviesa nuestro país. Pero no hubo desesperanza. Al contrario, redefinimos horizonte -la utopía-, precisamos los retos inmediatos y algunos pasos a dar a continuación.
Ha sido un regalo en mi vida formar parte de Mujeres en Plural, pero lo que me llevo en el corazón es la certeza de que nuestra utopía está a salvo, aunque acaso la vida no me alcance para verla hecha realidad.

