.Estudios de Género informa sobre este trascendental tema.
Cuando Rita Segato plantea esta reflexión, nos invita a comprender que la violencia machista no es un hecho aislado ni un simple conflicto entre hombres y mujeres.
Es la expresión de un sistema de desigualdades que históricamente ha legitimado el poder, el control y la dominación sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres.
Las cifras latinoamericanas evidencian la gravedad del problema:
Según la CEPAL, al menos 3.770 mujeres fueron víctimas de feminicidio o muerte violenta por razones de género en América Latina y el Caribe durante 2024.
De acuerdo con la OPS/OMS, una de cada tres mujeres en las Américas ha experimentado violencia física o sexual a lo largo de su vida.
Pero la violencia no comienza con un golpe ni termina con un feminicidio.
♀️ También se alimenta de los chistes machistas, del acoso que se tolera, de la dependencia económica impuesta, de la culpabilización de las víctimas y de las instituciones que no garantizan justicia.
Segato nos ayuda a comprender que la violencia también tiene una dimensión pedagógica: enseña quién puede ejercer poder, sobre quién y con qué consecuencias. Es lo que denomina pedagogías de la crueldad: procesos que nos acostumbran a contemplar el sufrimiento ajeno con indiferencia.
✊ Por eso, combatir la violencia machista no es responsabilidad exclusiva de las mujeres. Es una obligación de los Estados, las instituciones, las familias, las comunidades y, especialmente, de quienes siguen reproduciendo o encubriendo estas violencias.
No habrá una sociedad verdaderamente democrática mientras la mitad de la población tenga que luchar por su derecho a vivir sin miedo.
¿Qué comportamientos machistas seguimos normalizando como sociedad? Te leemos en los comentarios. ¡Comparte esta reflexión!
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