*NEMESIS .
/Fernando Meraz Mejorado /
El desprecio por la vida que observamos hoy en México y en varias partes del mundo no tiene una única causa, surge de la inter acción de múltiples factores que se retroalimentan mutuamente, creando un tejido complejo de vulnerabilidades.
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Algunos de los factores son: la crisis económica y el desempleo. Cuando este aparece y faltan oportunidades, el futuro se vuelve incierto y el sentido de pertenencia a la sociedad se debilita.
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La desesperanza genera un ambiente donde la vida se percibe como menos valiosa, la lucha por sobrevivir ensombrece, otros valores.
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El consumo de alcohol y drogas altera el juicio, disminuye la capacidad de controlar emociones y eliminar las barreras éticas que nos impiden dañar a los demás. Hay que señalar que el consumo no justifica la violencia, pero es un detonador en contextos de fragilidad.
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Otra causa es la falta de respuesta gubernamental. Cuando las instituciones no logran ofrecer seguridad, justicia ni soluciones efectivas a los problemas estructurales, la confianza en el sistema se erosiona. Esto lleva a que la gente sienta que no hay protección ni consecuencias para los actos violentos, lo que contribuye a una cultura de impunidad.
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La educación no solo es cuestión de conocimientos académicos, sino también de formación en valores como el respeto, el honor, la empatía y la responsabilidad. Si los sistemas educativos no pueden abordar estas dimensiones, o si las políticas públicas tratan a las personas como números en lugar de seres humanos con historias y necesidades, se fragua un terreno propicio para la pérdida del vínculo humano.
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No es posible atribuir la situación esferas que no han logrado construir un tejido social sólido y protector. Cada uno de estos componentes actúa como eslabón de una cadena que, cuando se rompe en múltiples puntos, deja al descubierto la fragilidad de nuestra convivencia.
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La violencia extrema que nos consterna no es más que el síntoma visible de males profundos que requieren respuestas integrales: políticas económicas que generen oportunidades reales, instituciones que funcionen con transparencia y justicia, un sistema educativo que forme seres humanos conscientes de su valor y el de los demás, y una sociedad que reconozca que su fortaleza radica en cuidar la vida de cada uno de sus miembros. Solo abordando todos estos frentes de manera conjunta podremos empezar a tejer nuevamente los lazos que nos unen como comunidad y recuperar el respeto fundamental por lo que es irreemplazable.












