*Fue una pieza clave que aportó la presencia femenina y un matiz distinto al mensaje de Bad Bunny y Ricky Martin.
09.02.2026 California,EUA.- Lady Gaga fue mucho más que una invitada de lujo en el show de Bad Bunny durante el Super Bowl LX.
Su presencia aportó un contrapunto artístico y político que amplió el alcance del mensaje de Benito Antonio Martínez, Bad Bunny.
Su papel fue el de tender un puente entre la cultura latina y las luchas sociales más amplias, consolidando el espectáculo como un acto de resistencia cultural y política.
Su intervención estuvo marcada por una estética teatral y poderosa, con un vestuario que evocaba tanto glamour como rebeldía.Gaga no solo equilibró la presencia masculina, sino que también aportó un registro femenino que reivindicó la visibilidad de las mujeres en escenarios de máxima audiencia.
Mientras Ricky Martin evocaba la memoria histórica de Puerto Rico y Hawái, Gaga se posicionó como la “reina” del espectáculo en un sentido simbólico: representó la fuerza de las mujeres en la música y la capacidad de la cultura pop para convertirse en un espacio de resistencia global.
Su presencia anglosajona bailando Salsa equilibró la narrativa con una voz femenina que, además de potencia artística, añadió un componente simbólico de inclusion, diversidad y visibilidad
Gaga apareció con una puesta en escena que contrastaba con la estética urbana y caribeña del espectáculo, aportando un registro más teatral y universal.
Su interpretación se centró en la idea de unidad y resistencia desde la perspectiva de los derechos humanos, un terreno en el que ella ha sido una figura constante, especialmente en la defensa de la comunidad LGBTQ+ y en la denuncia de la discriminación.
Mientras Ricky Martin evocaba la memoria histórica de Hawái y la defensa de Puerto Rico, Gaga reforzó el mensaje con un discurso más amplio sobre la dignidad y la inclusión
Su papel fue el de tender un puente entre las luchas locales y las causas globales, recordando que la cultura pop puede ser un espacio de convergencia para distintas formas de resistencia.
En ese sentido, el halftime show no se redujo a un diálogo entre hombres latinos, sino que se convirtió en un mosaico donde la voz femenina tuvo un peso real y complementario.
La participación de Lady Gaga fue esencial para que el mensaje no quedara limitado a una denuncia de colonización, sino que se ampliara hacia la defensa de la diversidad y la igualdad en un escenario global.
En contraste con la narrativa territorial y de soberanía que planteó Ricky Martin, ella amplió el discurso hacia la diversidad y la dignidad universal, recordando que las luchas locales se conectan con causas globales.
El diálogo entre Bad Bunny, Ricky Martin y Lady Gaga convirtió el halftime show en un mosaico de voces.
La combinación de estos tres artistas transformó el Super Bowl en un espacio donde la música se convirtió en vehículo de memoria, denuncia y celebración de la diversidad.
Gaga, con su estilo inconfundible, reforzó la idea de que el pop puede ser un instrumento de cambio y que las grandes plataformas no deben limitarse al entretenimiento, sino que pueden ser escenarios de conciencia.











