*Seminario analiza nuevas estructuras familiares.
*Especialistas señalaron que los animales de compañía ocupan un lugar cada vez más relevante en los hogares contemporáneos, pero ello no implica necesariamente una sustitución de la maternidad, sino la expresión de distintas formas de convivencia, afecto y cuidado compartido.
/Laura Lucía Romero Mireles/ Gaceta UNAM /
En los últimos años, México ha vivido una profunda transformación en el modo de concebir la familia. Cada vez más personas incluyen a perros y gatos como parte esencial de su vida emocional. El fenómeno de las dog moms y cat moms no sólo refleja un cambio cultural, sino también económico y social que está redefiniendo el concepto de hogar, señaló Naomi Libertad Morales Ángeles, alumna de la Escuela Nacional de Trabajo Social en la maestría de la especialidad.
Al participar en la sesión “Mamás dog o mamás gatunas: ¿Sustitución o desplazamiento de la maternidad?”, del Seminario Académico Virtual 2026. Caras y posturas diversas frente a la maternidad, añadió que el ejercicio de la maternidad y la estructura familiar han experimentado una deconstrucción en las últimas décadas. Con la reconfiguración social han surgido familias multiespecie.
El fenómeno de los pet parents, explicó, no es una moda superficial, sino una respuesta adaptativa a los cambios de vivienda y estructura familiar. Las parejas DINK (siglas en inglés de doble ingreso, sin hijos) o las mujeres que viven solas, encuentran en esos animales un canal para ejercer la aloparentalidad (proveer cuidados y afecto a individuos que no comparten nuestra carga genética, incluso de otras especies), construyendo dinámicas donde se les considera miembros de la familia.
Para muchas mujeres, especialmente las PANK (tías profesionales sin hijos, por sus siglas en inglés), la decisión de no procrear es consciente, planeada y definitiva. En estos casos, el vínculo con el animal no sustituye nada, porque no hay un vacío que llenar. Aquí, la identidad de dog mom representa una forma de volcar la capacidad afectiva y de cuidado en un ser sintiente que es valorado por su propia alteridad, sin las demandas y expectativas de la crianza de un hijo humano.
Por último, la universitaria recalcó la necesidad del respeto etológico. La alta inversión económica en servicios de bienestar animal, advirtió, a veces “colisiona” con prácticas de sobreprotección o humanización, lo que exige la importancia de cuidar al “perro como perro” y al “gato como gato”, respetando sus necesidades biológicas específicas.
Verónica Nazaret Cruz López, egresada de la maestría en Trabajo Social del respectivo programa de posgrado de la UNAM, aclaró que la familia es una institución política, económica y cultural y, por lo tanto, se encuentra en constante transformación. Históricamente las formas familiares han cambiado en función de las condiciones sociales y de las maneras en que las personas organizan el afecto, la convivencia y el cuidado.
Consideró que llamar “perrihijos” o “gatihijos” a los animales implica un vínculo emocional intenso que incluye roles, rutinas y afectos que tienen una similitud con los hijos (darles de comer, llevarlos al médico, etcétera). Pero en este caso, el cuidado viene de vínculos elegidos: “yo, como ser humano deseo cuidar a otro ser no humano”. Por ello, es importante no patologizar esos comportamientos; “sólo se trata de formas contemporáneas de vincularnos”.
La mayoría de quienes tienen perros o gatos no los consideran literalmente hijos, pero nombrarlos como se mencionó es una manera de expresar vínculos intensos en una época donde los proyectos familiares se volvieron más difíciles de imaginar, reiteró Cruz López.
Los animales de compañía requieren un estado de bienestar. Es necesario cubrir sus necesidades básicas: alimentarlos, que tengan un lugar de resguardo, estar libres de dolor o enfermedades, expresar su comportamiento normal y realizar actividades apropiadas para su especie. Y su cuidado no sólo le corresponde a las mujeres; los hombres y el Estado también deben involucrarse, finalizó.
En la sesión moderada por Georgina Daniela Zepeda Goncen, cocoordinadora del Seminario, Luz María Galindo Vilchis, jefa de la carrera de Sociología de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón, recordó que se ha hecho una diferenciación de los animales domésticos, de los que en un primer momento se denominaron mascotas; luego, animales de compañía, y ahora, seres sintientes.
Esos animales, que reciben afecto y cuidados, también se convierten en seres con derecho; se les considera como parte de la familia, y en países como Colombia y Argentina, cuando una pareja se separa, se estipula la entrega de una pensión para el propio animal. Lo que estamos viendo, consideró, es un tipo de reconfiguración familiar. En México hay un movimiento importante por los derechos de especies no-humanas, y grupos de personas que los promueven, al considerar a los animales como un integrante más de la familia. El contexto va cambiando y la pregunta es si debemos hablar de maternidades o proponer otro nombre.


