Las tres alicias.

*

Historia de una búsqueda incesante, la obra “Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo” cuenta la desaparición de Alicia de los Ríos Merino, narrada por su hija. Es también una reflexión, desde el teatro, sobre la falta de justicia que se repite en otras latitudes, con otros rostros, y una interpelación a que estos hechos no se repitan

/ Por Carlos Martín Beristain para A dónde van los desaparecidos/

Tres rostros de Alicia: la abuela, la mamá, la hija. Una mujer de pelo blanco y blusa azul, una muchacha joven tras la abuela vestida de colores, una foto enmarcada que es el lazo entre ellas. Alicia de los Ríos Merino cuenta la historia de su madre desaparecida.

La protagonista de esta obra de teatro no es una actriz, se interpreta a sí misma para contarnos una historia de un México que se mueve entre la lucha por la democracia y la impunidad cómplice del olvido. La ausencia de Alicia, una guerrillera de la Liga Comunista 23 de Septiembre desaparecida por el Ejército mexicano en 1978, tiene aquí su tiempo y trae su presencia para hablarnos de estos días.

En 2003, la Alicia hija que conocí en Chihuahua hace años, convirtió la ausencia en búsqueda. Ella estaba en el vientre de su madre meses antes de que fuera detenida. Su tía regresó con ella a Chihuahua al poco tiempo de nacer, y su mamá Alicia fue capturada, casi un año después, en una emboscada a tiro limpio en la Ciudad de México. Alicia mamá sobrevivió, y estuvo detenida por más de seis meses en el Campo Militar No. 1 de la capital. Escuchamos en esta obra al testigo que estuvo con ella y sobrevivió para contarlo. Su voz viene resquebrajada por el paso del tiempo, pero tiene esa autenticidad de las cosas vividas.

Durante mucho tiempo, entre el silencio de perpetradores e instituciones, Alicia buscó a su madre en cualquier lugar que significara un hilo o una pista, hasta entre los documentos que fue encontrando en archivos, en los que utilizan un lenguaje directo y neutro para nombrar hechos, entierros, vigilancias. Entre ellos, halló una foto de su mamá, parecida a esas que he visto en otros expedientes como los del Diario militar, un documento de inteligencia filtrado en 1999, después del trabajo de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de Guatemala. Contiene 183 fotos de militantes políticos y guerrilleros —desaparecidos y asesinados entre 1983 y 1985—, parecidas y siempre distintas, en unas fichas que daban cuenta del día de la detención y se diluían en claves como “300”, para no nombrar la desaparición tras una fecha que ellos definieron como de salida. Los documentos ocultan incluso lo que dicen, pero ese silencio es revelador de una verdad que se cuela por las rendijas.

En la obra de teatro, Alicia de los Ríos Merino se interpreta a sí misma. (Secretaría de Cultura)

Alicia hija cambió luego los documentos por las calles, y con Marcela Turati, nuestra amiga periodista, buscó números de teléfono y contactos boca a boca, como ecos que habían quedado en el lugar de la detención y que la gente guardó cuatro décadas en silencio. El chofer del taxi que quedó atrapado en la balacera era un archivo vivo. A él le habían destrozado el brazo y parte de la existencia. La mujer que llevaba en el asiento de atrás murió acribillada, y los azulejos que llevaba en su bolsa son parte del rompecabezas que la verdad trata de reconstruir. Pero esa mujer ni siquiera tiene nombre, nadie lo conoce, solo quienes la esperaban esa noche que no llegó y que después no se atrevieron a buscarla.

En la investigación del secuestro y asesinato de la abogada y política colombiana Gloria Lara en 1982, que criminalizó a un grupo político de izquierda y del movimiento campesino, acusándolos de ser sus autores, el Ejército colombiano se llevó por delante la vida de Patricia Rivera y sus dos hijas menores de edad, Gila Eliana y Katherine, y un testigo que vio todo, Marco Antonio Crespo, de los que nunca se supo más. La investigación de la Comisión de la Verdad esclareció quiénes eran los verdaderos responsables 40 años después y, aunque la verdad llegó tarde, fue un alivio para quienes sufrieron la tortura y el exilio.

En el caso de Alicia, ella fue al otro lugar de los hechos, donde los hilos de las pistas llevaban a aviones que sirvieron para transportar detenidos entre la Ciudad de México y la costa de Guerrero. Te preguntas para qué trasladarlos tan lejos, a un destacamento frente al mar: Pie de la cuesta. Los testimonios de gente local y de un sobreviviente la llevaron a hacer una arqueología de la desaparición buscando lugares, pruebas de un bungalow ya destruido, indicios que pudieran tocarse con las manos.  Allí encontró, en la orilla de una duna de la playa, un cuadrado de metro y medio de hormigón que había resistido al tiempo. Es, según todos los indicios, el lugar de las ejecuciones. Uno a uno, quienes iban a ser tirados al mar eran ejecutados a tiros. Los cuerpos fueron metidos en bolsas y en el vientre de un avión bimotor, desde el que, especialmente en vuelos nocturnos —36, según se ha investigado—, fueron arrojados mar adentro. También Alicia. Un piloto contó hace unos pocos años la historia de esos vuelos.

En Argentina, el capitán Adolfo Scilingo reveló que los vuelos de la muerte eran el destino de los desaparecidos de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). El Diario militar fue testigo de los desaparecidos y los represores en 1983 en Guatemala. En México, la comisión de la verdad sobre la “guerra sucia” investigó los hechos de ese periodo en 2021. Aparecieron documentos que tenían igualmente las fichas de inteligencia de los que fueron entonces detenidos y luego desaparecidos, mapas del lugar, archivos con detalles también de 183 desaparecidos, como en Guatemala.

En México, a los ojos del mundo, estas cosas no pasaban, y los perpetradores de estos hechos nunca fueron juzgados. La verdad ha tenido que irse juntando a pedacitos. Las manos que tejen este rompecabezas hoy son las de Alicia, en este encuentro que no es tanto una obra de teatro, como un testimonio vivo del que formamos parte. Es una forma de acción de algo que tiene que ser contado para que nunca más sea posible. Como si la palabra fuese un antídoto contra el veneno del odio. Alicia se cambia de silla de vez en cuando entre su mamá, su abuela y ella misma. Las historias de México se cruzan con las de tantos otros países y rostros.

Fotos e imágenes de archivo de la “guerra sucia” forman también parte de la obra. (Secretaría de Cultura)

Esta noche, esa historia está recogida en fotos e imágenes de archivos y en ese cuaderno que Alicia trae con sus notas para compartir. No es un guion el que habla. Con la autenticidad que nos regala, el desafío es no ser solo espectadores, sino nosotros mismos.  Como me dijeron en Guatemala la primera vez que llegué a las Comunidades de Población en Resistencia que habían vivido huyendo en la selva durante 12 años cerca de la frontera con México: usted ahora ya vio.

De esta obra-testimonio salimos con esa tarea que no solo habla de la “guerra sucia” y de la lucha por la justicia de los familiares de las víctimas, sino, también hoy, de las miles y miles de Alicias.

**Foto de portada: La historia de Alicia de los Ríos Merino, militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre desaparecida en 1978, es narrada por su hija, quien nunca ha dejado de buscarla. (Secretaría de Cultura)

**Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo es un proyecto de Teatro Línea de Sombra. Se representa hasta el 15 de febrero en el foro La Gruta del Centro Cultural Helénico (Av. Revolución 1500) los jueves y viernes a las 20:00 horas, y sábados y domingos a las 18:00 horas.

http://www.adondevanlosdesaparecidos.org es un sitio de investigación y memoria sobre las dinámicas de la desaparición en México. Este material puede ser libremente reproducido, siempre y cuando se respete el crédito del autor y de A dónde van los desaparecidos (@DesaparecerEnMx).

Carlos M. Beristain

Es médico y psicólogo vasco con amplia experiencia en atención psicosocial de víctimas en el mundo y como asesor de varias comisiones de la verdad en diversos países. Coordinó el informe Recuperación de la Memoria Histórica – REMHI, de Guatemala, forma parte del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) para el Caso Ayotzinapa y actualmente es Comisionado de la Paz en Colombia.