Las y los universitarios en la búsqueda e identificación de personas

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*Buscar e identificar personas es una responsabilidad del Estado y no de las familias. En México, las juventudes estudian y se preparan para ser buscadoras e identificadoras de personas con profesionalismo y convicción

/ Zoraida García Castillo*/

Hace algún tiempo, cuando le pregunté a una aspirante de nuevo ingreso por qué deseaba estudiar la licenciatura en Ciencia Forense en la UNAM, respondió algo que no olvido: “Porque quiero buscar personas”. Era una joven llena de vitalidad y energía, con todas las ganas de estudiar para poder contribuir a solucionar un problema tan grave. En ese momento tuve la certeza de que el fenómeno de desaparición de personas había cambiado de fondo la estructura social de nuestro país.

Aunque buscar e identificar personas es una responsabilidad del Estado y por ello es indispensable profesionalizar a los servidores públicos actuales y futuros, hasta ahora en México la mayor parte de las tareas de búsqueda ha recaído predominantemente en las familias. Ellas han hecho lo que han podido, con los conocimientos e instrumentos que han conseguido por sus propios medios.

El señor Fernando Vargas Manrique, padre buscador, afirmó hace poco en un evento público en la UNAM que hay que acabar con la narrativa de que solo las familias buscan, y tiene razón. Para tener una búsqueda más profesionalizada, es esencial también el aporte que podemos hacer desde las universidades en México.

La desaparición es el reflejo de una serie de añejos problemas que le preceden y que no han tenido solución, como es la operación impune de organizaciones del crimen, de violencia en todas sus escalas y en todo el territorio, de corrupción de las instituciones públicas, de la falta de voluntad política y capacidad de las instituciones para coordinarse, operar y encontrar soluciones, así como de impunidad y permisión de las más graves y reprochables conductas. En suma, es el reflejo de una grave descomposición social y de un alto nivel de ingobernabilidad.

Hoy día, hay un gran número de jóvenes que quiere dedicarse a estudiar los graves problemas nacionales de violencia y a profesionalizarse para remediarlos o para abonar en su solución; es de entenderse que los universitarios en México quieran estudiar para buscar y para encontrar. Con frecuencia, traducen sus sentimientos de indignación y frustración en acciones académicas. Ante la falta de justicia y verdad, el estudiantado trabaja para aportar.

Por ejemplo, tan solo en la Escuela Nacional de Ciencias Forenses (ENaCiF), el 40% de las tesis realizadas por las y los estudiantes para titularse han sido sobre temas de búsqueda e identificación de personas. Del total de personas egresadas de la referida escuela que tienen un empleo en el ámbito forense, el 45% está trabajando o ha hecho su servicio social en áreas de búsqueda o identificación.

El alumnado ha efectuado investigaciones de tesis de titulación en diversas áreas inherentes a la identificación de personas, en disciplinas como antropología física forense, genética, lofoscopía, medicina forense, odontología forense, análisis de voz, incluyendo temas sociales y jurídicos, áreas interconectadas que pueden aportar a buscar e identificar personas.

De estos estudios se han obtenido, por ejemplo, resultados en el análisis del ADN  en contexto forense, destacadamente, el mitocondrial [1]; la estimación de errores en métodos cuantitativos para la identificación [2]; la propuesta de un banco de voces para fines de identificación forense; patrones que conectan el modo en que ha ocurrido la desaparición de personas; identificación facial; desarrollo de mecanismos de reconocimiento automático; estimación de ancestría por caracteres craneofaciales; el análisis de contexto para la búsqueda de personas, entre otros temas.

Si retomamos el tema de la genética, cuyas pruebas son muy prestigiadas en materia forense, es necesario estudiar su potencial y sus límites, ya que pudieran no ser tan confiables o viables bajo diversas circunstancias. Para que dichos estudios puedan realizarse de forma exitosa, es necesario tener en cuenta la calidad de las muestras, el tipo de tejidos que se estudian, su grado de deterioro, el seguimiento de cadena de custodia, las metodologías que se usan y el equipo con el que se cuenta para su estudio, entre otras cuestiones estructurales.

En esa materia, se sigue debiendo a la sociedad mexicana un banco de datos nacional homologado, que pueda ser un repositorio confiable de los datos genéticos de todas las familias que buscan, y frente al cual se puedan hacer comparaciones de cada hallazgo que se tenga de personas vivas o que hubiesen ya perdido la vida. Ese banco tendría que ser de alcance nacional y aún no se cuenta con él. En ese rubro, una egresada de la ENaCiF, hoy día investigadora en el Instituto Nacional de Medicina Genómica, se ha especializado en genética e incluso tuvo capacitación en la Universidad de Innsbruck, Austria, para el procesamiento forense de muestras problemáticas y para la construcción de un banco como el referido.

A veces se obtienen muestras para comparación genética que exigen explorar metodologías sofisticadas, como ocurre con los tejidos óseos altamente deteriorados. Como México ya cuenta con tecnologías para su estudio, la capacitación para ello es posible.

Otro ejemplo es la odontología forense, que en ocasiones se soslaya, pero desde la cual podrían hacerse cálculos muy aproximados de edad, sexo, incluso de talla.  Estudiar este tipo de indicadores y generar más a partir del estudio de los dientes humanos, es un área de un alto potencial para buscar e identificar personas.

Los universitarios también hacen análisis geofísicos para la localización de fosas clandestinas, y geológicos para el análisis de suelos;  desde  lo social, se investiga cómo impacta en nuestra comunidad el duelo no resuelto o cómo debe acompañarse a las víctimas de forma más respetuosa y menos invasiva; se estudian las violencias que de manera  transversal que propician la desaparición, como son la trata de personas, la violencia feminicida, las violencias contra migrantes, menores de edad y otras personas en condiciones de vulnerabilidad. En fin, se profundiza en el estudio del impacto en el comportamiento social ante este fenómeno que, en ocasiones, parece irreversible.

Foto: , Haaron Álvarez/ObturadorMX

Una de las personas que ha estudiado ciencias forenses y que se dedica a buscar personas desde una función institucional me explica que, si bien la carrera no fue diseñada para formar buscadores, les da las herramientas multidisciplinarias para poder afrontar el tema y plantear soluciones y estrategias que no pueden ser únicas, porque el fenómeno de la desaparición es muy complejo y multicausal. No es sencillo proponer políticas públicas porque cada caso es distinto, afirma. Con su perfil, ella se identifica como un muro de contención entre las familias y las instituciones, dado que fue formada para ser puente de entendimiento interdisciplinario, entre todos los actores que participan en esta tarea. No obstante lo difícil y agotador de su papel, ha encontrado la meta de su vida profesional.

Otra de las egresadas que también se dedicó a buscar personas en la Comisión Nacional de Búsqueda y ha estado en distintos contextos estudiando y aportando en el tema, coincide en que su formación le permitió aportar estrategias.  Propuso elementos para la planeación y uso de los registros, para crear un registro interno de fosas clandestinas, aspectos mínimos para integrar un plan de búsqueda o la iniciativa de reconceptualizar a los restos óseos para que fuesen considerados más bien como personas fallecidas en estado de reducción esquelética, en pro de la dignidad humana.

Las juventudes universitarias pueden proponer nuevos conocimientos que sirvan para una búsqueda profesional y para identificar a las personas desaparecidas de forma eficaz. Muchas de ellas y ellos han tomado las riendas con seriedad, compromiso y ética, pero sobre todo con humanismo y con la enorme convicción de la búsqueda de la verdad.

***Zoraida García es Doctora en Derecho por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Es Directora de la Escuela Nacional de Ciencias Forenses de la UNAM, en donde también es Profesora Titular de carrera.

El Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF) es un equipo interdisciplinario comprometido con la producción de conocimiento social y políticamente relevante en torno a la desaparición forzada de personas en México. En esta columna Con-ciencia, participan miembros del Comité Investigador, estudiantes asociados a los proyectos del Grupo y personas columnistas invitadas . Las responsables de la misma son Erika Liliana López y Sandra Gerardo (Ver más: http://www.giasf.org).

La opinión vertida en esta columna es responsabilidad de quien la escribe. No necesariamente refleja la posición de adondevanlosdesaparecidos.org o de las personas que integran el GIASF.

[1] Se busca analizar el ADN mitocondrial en su totalidad mediante nuevas tecnologías de secuenciación para coadyuvar en la identificación humana en casos complejos. El ADN mitocondrial permite conocer el linaje materno en casos en donde no se puede analizar el ADN nuclear.

[2] Se busca identificar y resolver causas de variación en las cuantificaciones para la identificación con el objetivo de tener mediciones más precisas.

Foto de portada: Haaron Álvarez/ObturadorMX